Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Cristina


Este pasado agosto, después de dos años luchando cara a cara contra un terrorífico cáncer, murió nuestra amiga Cristina. 

Amiga de nuestra familia desde la adolescencia y juventud hasta sus esplendorosos cincuenta y pocos años.

Una vida vivida con sinceridad, honestidad, bondad, alegría, simpatía, humor, belleza, generosidad a raudales, educación y clase.

En estos dos años de enfermedad ha sido un ejemplo para todos nosotros de fortaleza y serenidad ante el sufrimiento.

Yo me quedo con el recuerdo de una persona buena con mayúsculas, de belleza griega, de risa contagiosa, de elegancia aristocrática, de fortaleza de mujer…

Un ejemplo de señora. 

Descanse en paz.
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Mi prima Carmen Pareja-Obregón de los Reyes era como su hermana – Cristina era hija única- y las dos pasaron juntas los mejores años de su vida.

Carmen escribió esta bellísima poesía cuando murió Cristina:

Me voy para ser feliz
No es que no quiera estar aquí…
Es que este viaje es distinto
Y tengo que partir sola.

Os dejo aquí mis recuerdos y todo lo que tuve.
Es que adonde voy no os puedo llevar
Y no puedo volver.

Me dicen que siga rumbo a ese destino
Y no es que no quiera volver
Es que no se andar hacia atrás.

Dejo una vida llena de emociones, de risas y lágrimas
Dejé mi esencia dentro de cada una de las personas que he querido
Pero es que no puedo volver
Tengo que seguir andando.

No se el camino de vuelta
Pero se que os recibiré con los brazos abiertos un día muy lejano
Ya quisiera yo volver a estar con vosotros.

¡Pero es que no puedo volver y ahora ya soy libre!

17 de agosto de 2018.



Veraneo 2018


Terminó mi veraneo en El Rompido. Dos meses en una preciosa casa, uno de los primeros chalets que se construyeron en la orilla de la ría de El Piedras hará más de 50 años por el que fuera su propietario el arquitecto Joaquín Díaz Langa.

Ha sido un mes de agosto que recordaré y agradeceré toda mi vida. Tener la suerte de que mi santa y yo hayamos podido compartir casa con mi hija Ana su marido David y mis tres nietas Celsa (7) Leonor (5) y Ana (3), mi hijo Celso y su novia Paloma, ha sido un privilegio y un honor que no merezco.

La primera semana de agosto -como todos los años- me embarqué en un velero de 42 pies con unos amigos rumbo a Portugal. Navegar, comer, beber, oír música, pasear por Culatra… el mar es un buen método para desconectar de todo, os lo aseguro.

El resto del mes lo he dedicado a dejarme llevar por mis hijos y por mis nietas. Muchos paseos en el Huevofrito, con mis tres grumetes rubias que ya son muy marineras, baños diarios en las mejores playas de la punta de la barra (ahora le llaman la “Flecha de El Rompido”), cervezas heladas y pescados en cualquiera de los bares y restaurantes rompiéros, almuerzos y cenas en la terraza para terminar el día mirando estrelladas tumbados el relente..

Pero me quedo con la tranquilidad, el silencio y unas vistas a las marismas excepcionales. En pleamar el agua llega hasta la escalera del porche y en bajamar tenemos naturaleza y documentales de La 2 en directo: garcetas cangrejeras, zarapitos, archibebes, chorlitejos, ostreros, correlimos, andarrios y otras limícolas se dejan mirar tan plácidas con los prismáticos. Hemos convivido con una familia de urracas en el jardín.

Mis nietas ya brujulean solas por los caños de las marismas con sus cubos y palas, saben coger barriletes y bocas. Este año les he enseñado a coger camarones con las redecillas y disfrutan como enanas que son. Ellas me han enseñado a mi a tener paciencia e ilusión en cada actividad que emprendemos y en disfrutar con cualquier plan por estrafalario que sea: visitar a una familia de gatitos callejeros, seguir a un escarabajo errante, construir un columpio, disfrazarse continuamente…

Como digo ha sido un veraneo rompiero excelente, gracias a Dios sin percances. Vuelvo a Sevilla con las pilas cargadas de optimismo y de satisfacción personal y familiar. Tengo la suerte de tener una gran mujer a mi lado que me hace sentir feliz y me transmite serenidad, ella es la gran artífice de todo lo anterior, sin duda.

Vuelvo al trabajo mañana lunes con ilusión y lleno de energías para poner en marcha nuevos proyectos profesionales, de trabajar con mis compañeros y compañeras, con ganas de volver a tratar a mis pacientes, de estresarme con los casos difíciles, de estudiar y aprender cada día algo nuevo.

Sé que hasta que llegue el próximo verano voy a disfrutar de la suerte que tengo.

Y que ustedes lo vean.