"Casos Clínicos"

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Probable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mundo. Ronco a compás de Martinete.

viernes, 15 de julio de 2011

La Cosa Devoradora.


Ocurrido en mi consulta hace unos días.

Señora de mediana edad, paciente mía desde hace unos años, que acude a revisión semestral. Se trata de una mujer vitalista, muy activa, supertrabajadora en su casa y organizadora de toda su familia hijos, hijas, nietos y niatas. Viene acompañada por su marido, un hombre educado, ya jubilado después de toda una vida de trabajo, callado. Ella me trae unas pruebas médicas y unos análisis que están completamente normales. La exploración física es normal. Pero su discurso es muy conocido por mi: “estoy muy cansada todo el día, despierto agotada, no puedo tirar de mi cuerpo, las vitaminas que tomo no me hacen efecto, no tengo ganas de hacer cosas, ni de la casa, ni de salir, ni de irme a la playa… no se lo que me pasa…” “¿Qué es lo que tengo?” “¿Cómo se cura esto?”

Eso me lo pregunta una mujer todavía joven y muy guapa a pesar de pasar con creces el medio siglo, con salud suficiente y comprobada, con un nivel socio-cultural alto, con hijos e hijas sanos y con empleos, con preciosos nietos, con un marido tranquilo y bonachón, con buenos amigos y amigas.

No se porqué lo dije pero me salió del alma. Supongo que se lo dije por la confianza que tenemos ya de muchos años de relación medico-paciente, porque tenemos una relación fuera de la consulta de amistad sincera, casi familiar. Me quede unos segundos pensando y se lo dije: “ Mira, eso se cura… con dinero”.

Se hizo un silencio sepulcral, pero aguanté la mirada de sorpresa de los dos, muy serios. Fue el marido el que imperceptiblemente comenzó a asentir con la cabeza y ella, con su cara de sorpresa, tuvo un destello húmedo en sus ojos.

“Mira Fulanita, yo veo unos cuantos cientos de pacientes todos los meses. Muchos de ellos los sigo desde hace años como médico, otros son pacientes nuevos de unos meses aquí. Desde hace dos años mas o menos los síntomas mas frecuentes que se repiten en casi todos los que se sientan en esas sillas donde estas tu ahora son los mismos: cansancio, agotamiento, desgana, desidia… síntomas que casi nunca obedecen a un trastorno orgánico, a una patología objetibable y fundamentada, a un problema evidente, tangible…”

“Muchos de estos pacientes, hombres y mujeres, eran personas, como tu, activos, con ganas de trabajar, empresarios, industriales, comerciantes, licenciados, maestros, funcionarios… ahora todos padecen los mismos síntomas: astenia, cansancio, agotamiento…”

“Te aseguro que son síntomas que no obedecen a una epidemia producida por un patógeno desconocido para la Ciencia. Son síntomas mas bien originados por un “patógeno” bien conocido por todos los españoles…”

Ella me miraba cada vez con mas relajación en la cara y en sus facciones. “Que razón tienes -me dijo- a lo mejor lo que me pasa es que estábamos acostumbrados a tener unos ahorrillos con los que podía ayudar a cualquier hijo que lo necesitara, a hacer un regalito a cualquier nieto o nieta, a poder irme con ellos a la playa y llenarles la nevera o invitarlos a todos a comer sardinas o paella en el chiringuito…”

Estas últimas palabras ya eran con muchas muchas lágrimas cayendo por las mejillas…

jueves, 14 de julio de 2011

LA COSA


Me gustaría no tener que escribir esto. Me gustaría no tener que opinar acerca de “La Cosa” y de los responsables. Pero creo que forma parte de mi obligación como médico y cumple uno de los objetivos que me propuse al escribir este Cuaderno: denunciar injusticias y ayudar a quien lo necesite.

Desde hace un par de años observo en mi practica médica, como cualquier ciudadano corriente y moliente que era relativamente feliz y vivía tranquilo con su empresa, su industria, su profesión, su negocio… se ha visto afectado por La Cosa.

Todo esta debacle económica y personal ha sido permitida por unos gobernantes incapaces, que negaban la mayor: “No existe La Cosa”. Pero La Cosa estaba presente y ha devorado a un país enterito.

Inocentemente o con codicia, el ciudadano normal, instigado por los Bancos y con la complacencia del gobierno, entró al trapo de los dineros fáciles, se ilusionó de fantasmadas, se creció en varas, se gastó jurdores con alegría unos cuantos años… si se acaba hipotecamos otra vez la parcela, no pasa nada…

Desde Europa empezaron las noticias de que se acercaba la Cosa, pero en este reino bendito de Dios no nos quisimos enterar, vamos: ¡que nadie quiso que nos enteráramos! De modo que seguimos tirando el dinero a espuertas mucho más tiempo que el resto de países europeos que además tienen mucho más dinero que nosotros. Pero nuestros gobernantes estaban ocupados en salvar al mundo preparando las leyes del aborto y las bodas de los homosexuales.

Mientras todo quisqui haciendo negocietes, los ricos, los tiesos, los que saben, los que no saben, los maestros, los albañiles, los médicos, los ingenieros… todos viviendo como si el dinero lo regalaran… Pero llegó La Cosa, y en llegando La Cosa su calidad de vida comenzó a devaluarse, sus negocios a embarrarse, las cuentas del Banco ya no aceptaban números rojos ni retrasos, no se aceptan renovaciones de pólizas, no se admiten terrenos ni casas, ni solares, ni pisos como parte del pago… el pobre rico o el rico pobre ha entrado en un infierno difícil de salir.

La Cosa parece que empieza cuando los Bancos –que son los que mandan de verdad en España- deciden que ya han ganado bastante pasta estafando a los primos (nosotros) con las hipotecas superinfladas atribuidas a  casas y pisos muy normalitos.

Bancos y Gobierno deciden culpar a todos menos a ellos mismos: a los gilipoyas de los “artistas” que compran y venden solares (requetecalificados por los políticos especuladores de terrenos), a los constructores de pacotilla que se creyeron reyes midas, a los promotores de viviendas (sobrevaloradas con la complicidad de los Bancos), y al final de todo esto, a nosotros, los paganos, los hipotecados hasta las cejas, los tontos del culo que nos creímos que comprando y comprando y endeudandonos nos íbamos a hacer ricos en dos pases de magia.

Mientras el Presidente ZP se ocupaba de La Alianza de las Civilizaciones, de La Memoria Histórica, del Talante, de la Ceja, a la vez que su falta de orden y previsión económica preocupaba a todos nuestros socios europeos, nuestros Bancos tomaban el rábano por las hojas y decidían expoliar un país sin gobierno.

Pero ZP se cree “iluminado” por hacerse amigo de los líderes sudamericanos (tan importantes para el futuro de España), y mantiene chupando del bote a miles de inservibles e incapacitados, dando subvenciones a diestro y siniestro, a las parturientas, las lactantes y los mamones… todo a costa de nuestros impuestos. Su mayor “éxito” de cara a la galería ha sido nombrar a ministras como Bibi y Aido. ¡Que disparate, por Dios!

Pero no se libró de cabrear al Banco Central Europeo por lo mal que siguió llevado las cuentas, incluso después de varias advertencias seria. Nos tuvieron que ordenar un cambio de rumbo económico y social, sin que ha don ZP y sus adlateres se le cayera la cara de vergüenza.

Ahora, don Talante, afirma que La Cosa venía de antes, que el no tiene nada que ver con lo que está pasando en España, que la culpa la tienen ”las circunstancias adversas de índole económico”…

Y mis pacientes cada vez con más problemas de estrés y ansiedad por no poder hacer frente a su situación económica, sin tener esperanza de poder sacar adelante a su mujer y a sus hijos adolescentes, con el Banco exigiendo pagos que no pueden atender, con la espada de Damocles del embargo, del desahucio, sino ya incluso con graves conflictos familiares por lo mismo, por La Cosa maldita, la que “no existía” hace un par de años para nuestras cabezas pensantes, Pepiño y Rubalcaba incluidos…

Sinceramente creo que es de justicia que todas estas personas que están tan afectadas y sufren y tienen serios problemas para relajarse, para dormir, que padecen crisis de angustia y ansiedad, que fuman y beben más de la cuenta, que desarrollan hipertensiones y anginas de pecho, que entran incluso en graves depresiones vitales… deberían de tener ayuda por parte de los verdaderos culpables.

Sería justo que hubiera un fondo de ayudas y de garantías económicas, algún organismo que los apoyara y asesorara gratuitamente para enderezar sus economías, es decir sus vidas, su salud, su familia. Porque en el fondo la culpa no es de ellos que han sido estafados por los Bancos y por un Gobierno cómplice y botarate que ha permitido durante mucho tiempo una gran mentira, una ilusión de barraca de feria, una estafa bien perpetrada y organizada.

¿Ahora que quieren vender? ¿Otra estafa?

Señor Zapatero, señor Rubalcaba: ¿Qué pretenden? ¿Todavía más?

martes, 12 de julio de 2011

Facundo Cabral.




FACUNDO CABRAL.

Recién asesinado en sudamerica (¡que vergüenza!) este buen hombre, que terminaba de cantar con su guitarra en Guatemala y se dirigía a Nicaragua para seguir dando conciertos a sus setenta y cuatro años.

Dicen que lo mataron por error, que lo confundieron con otro, pero yo se que eso es falso.

Lo han asesinado por ser quien era y lo que representaba en toda América. Un ciudadano del mundo, libre,  distinto, sudamericano de argentina, sin complejos, culto, poeta, compositor, cantante, cristiano, indomable, filósofo, ácrata, místico, solidario, revolucionario con su guitarra, cantor de cuentos, pacifista convencido…

La UNESCO lo declaró “Mensajero Mundial de la Paz” en 1996.

Llegó a ser propuesto para el Nobel de la Paz.

Miembro de Amnistía Internacional.

                                                             Descanse en Paz.

"Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor." - Facundo Cabral.

Si queréis conocer algo más de este gran Hombre y gran Artista, podéis empezar por este enlace:








domingo, 10 de julio de 2011

LA PRUEBA DEL BAÑO. (Solo para hombres)

¡Qué difícil es superar la Prueba del Baño con entereza y dignidad! Pocos, muy pocos de nosotros -pongamos de más de cuarenta años- superamos (siquiera raspando el aprobado) la maldita prueba del baño en la playa. Yo diría que en circunstancias habituales casi todos suspendemos ante nuestras examinadores, que no son ni más ni menos que todas aquellas personas hembras y varones que nos rodean y disimuladamente o no, nos observan minuciosamente.

Me explico:

Durante todo el año vivimos disfrazados permanentemente con ropajes a medida que nos estilizan y ocultan nuestra verdadera fisonomía.

Escondemos la alopecia traicionera con sofisticados peinados que fijamos con unguentos y lacas. La cuidada barba de tres días disimula la papada oculta tras la corbata de seda. La camisa holgada y algodonosa cubre michelines y lorzas adiposas, remetida por dentro del pantalón a medida (de nuestro abdomen). La chaqueta abrocha perfecta entallando el conjunto. Los zapatos con alza interna estilizan la figura. Por supuesto los aditivos son importantes: las gafas progresivas de leer son de carey, el pañuelo sobresaliente del bolsillo y conjugado con la corbata, el reloj de marca que marca las horas con distinción… ¡este hombre tiene que tener éxito y caudales con toda seguridad! ¡Mira que cochazo tiene!

La Prueba del Baño. Venga, que nos vamos a la playa. Hay que ponerse el bañador y darse un baño en el mar: caminar hasta la orilla, entrar en el agua, zambullirse, nadar un poco y salir airoso.

En las playas nos podemos encontrar tres especímenes bien diferenciados:

1. Pasota Feliz. Impresiona su desfachatez y su seguridad. Lleva camiseta de baloncesto coloreada y gastada, unas tres tallas mas pequeñas de lo que le corresponde, con lo que se le marcan y realzan los groseros michelines como flotadores de goma que bailan al compás del bamboleo. Un bañador bermuda enorme, tres tallas por encima al menos, de colores chillones, que se le va cayendo mostrando la peluda raja del culo. Chanclas ruidosas. Gorra de béisbol con propaganda de Talleres Doblas. Es posible que lleve una toalla sobre los hombros. Y lo que de verdad le hace ser un verdadero Pasota Feliz: una riñonera en la cintura con un estuche de cremallera donde le cabe todo lo que precisa: el tabaco guiston, el mechero con el escudo del Betis, el librillo de fumar, la goma, las llaves de la furgoneta, las del piso de la playa, la cartera y el monedero…. Cuando tiene que meterse en el agua, hace un gurruño de ropa encima de la toalla, se queda en bermudas, galopa corto hasta la orilla sujetandose el bañador, salpica a todo quisqui y se pega un panzazo marsopal, indiferente a todos los demás bañistas. Llama a gritos a su parienta para que lo mire, flota como una boya, chapotea y sale del agua con la misma alegría con la que entró, luciendo carnes orondas, los pelos grasientos sobre la frente, el bañador por las rodillas y la autoestima por las nubes.

2. Profesional Preparado. En verano es el tío más feliz del mundo. Se lleva todo el año preparandose para estos impagables días con sesiones de rayos uva, el gimnasio machacador, peluquería unisex con manicura y pedicura previas. Ya en la playa, se pasea por la orilla ufano con el bañador de licra negro ajustado a las caderas y marcando paquete, los abdominales dominados, pectorales marcados, fornido y bruñido el cuerpo aceitoso. Es un paseo triunfal, cadencioso y majestuoso, sin mirar a nadie sabiendose observado y envidiado por todos. La entrada en el agua con seguridad y decisión, marcando el paso español, mojandose las muñecas con gesto experto y mergullendose de cabeza cual delfín que aparece y desaparece, las brazadas natatorias deportivas, un poco cursis, todo hay que decirlo… La salida es espectacular, mas sobreactuada si cabe que la entrada, con el pelo perfecto peinado hacia atrás, la mirada perdida en el horizonte buscando la minuscula toallita que descansa bajo la sombrilla, el agua resbalosa en su esculpida anatomía… pero no puede evitar un leve gesto traicionero, un inapreciable aletazo descuidado, plumazo no controlado e inapropiado… y sonríe satisfecho.

3. Nosotros Mismos. De manera que debemos dejar el traje, la camisa, los pantalones, los zapatos, las gafas, la gomina… y tenemos que ponernos un bañador e ir a la playa de moda a darnos un chapuzón, como esta mandado. No vale decir: “ A mi no degusta el agua y me quedo en el Club…” hay que, literalmente, mojarse. La piel blanca nacarina, el cuello corto y verrugoso, el pecho deslustrado, la barriga cervecera, el culo fondón, las piernas sin pelos por culpa de los calcetines ejecutivos… ¡todo va a salir a la luz pública! Intentamos ocultar nuestra anatomía el mayor tiempo posible con la camisa ancha y suelta, el bañador floreado, las Ray-Ban último modelo, la mascota Panamá, los nauticos Sebagos. Pero después de todo, llega un momento en el que hay que desnudarse y aceptar la cruel realidad: el bañito de los cojones. Con mucho cuidado nos despojamos de los zapatos, metemos dentro de ellos las gafas en su rígida funda, los dineros, las llaves del todoterreno, el IPhone o la Blackberry, nos quitamos el sombrero, la camisa cuesta más trabajo, pero hay que quitarsela también, la doblamos con cuidado que no se arrugue… hay que subirse el bañador de flores hasta el ombligo a la vez que metemos toda la panza que podemos y sacamos pecho. Todo el mundo nos mira descaradamente, ¡que vergüenza! ¿Porque no mirarán para otro lado? Tampoco estoy tan gordo… El trayecto hasta el agua es larguísimo… en algún momento tendré que respirar y sacar la barriga… Bueno ya estoy en la orilla, ¡coño, que fría esta el agua! Porqué tendré yo que venir a la playa, si no me gusta bañarme? Lo que yo quiero es estar en Sevilla comiendo tranquilito en El Espigón y pegarme luego una buena siesta de dos horas… ¿Por cojones me tengo que mojar! Bueno, cuanto antes mejor, ¡al agua patos! El chapuzón es tope y desaliñado, el aire no le llega bien a los pulmones, las olas rompen en su cara, el poco pelo se alborota todo en el mismo mechón dejando al descubierto la calva puñetera. La cadena de oro, que siempre puesta llevó, se ha ido para la espalda con las medallas. Que mareo más grande por Dios… La salida es terrorífica, dando tumbos, tropezando con los niños del cubito y la pala mientras intentamos poner en orden los cuatro pelos rebeldes, la barriga más gorda que nunca por los dos litros de agua salada ingeridos al intentar nadar, un alga verde como un moco pegada a la oreja… y Fulanita, la amiga de mi mujer a la que ahora le tiro los tejos me mira con cara de extrañeza… ¿Porqué será?... ¿Y el otoño, donde esta el otoño?

miércoles, 6 de julio de 2011

EMBUSTES ESTELARES DE LA HUMANIDAD (3) La Rueda.

EL DESCUBRIMIENTO DE LA RUEDA.

Es muy difícil imaginarse un mundo sin ruedas.

Hoy día todo funciona con ruedas, mas o menos grandes y mas o menos sofisticadas y enrevesadas, pero ruedas al fin y al cabo.

La circunferencia, el perímetro, el radio, el numero pi, tres catorce diecisesis, dospierre, y todo ese misterio arcano matemático contenido en una rueda ha hecho que los sabios matemáticos nos apabullen de ciencia trigonométrica, que los físicos disfruten como enanos de su belleza y complejidad, que la industria progrese imparable, que los coches tengan gobierno, que el reloj marque las horas, que las ollas quepan en los fuegos, que los anillos se ajusten en los dedos, que los goles entren por la escuadra, que el papel higiénico dure cada vez menos, y que los profes cateen un examen cada vez que quieran a los chiquillos porque el intríngulis del perímetro circular y todos sus acertijos tiene cojones.

Yo, que soy un buen observador de la naturaleza, tengo una teoría bastante contundente: antes del descubrimiento de la rueda, es decir, antes del descubrimiento de la circunferencia con todos sus secretos, el personal vivía muy comodamente con las cosas “redondas”.

Porque había una jartá de cosas redondas antes que a un industrial se le ocurriera llamarlas “ruedas” o a un matemático “circunferencias”.

El Sol, joven y fuerte, era redondo cada mañana y cada tarde. La Luna era redonda una vez cada veintiocho días. Redondo era también el agujero que hacía el pájaro del pico corto y fuerte en la corteza del árbol, el de la hormiga en la tierra, el de la gusana en el barro. Redondas las medusas y las guaridas de los barrilete en el fango.

Redondo el cráter del volcán, el tronco de los árboles más altos, el nido arquitectónico de los aves en sus ramas, la huella de la gota de agua en la tierra, el oleaje minúsculo del charco.

Redondos los colores de los ojos de los que nos miramos a los ojos. Redondas son las arterias y las venas. Muchos huesos son redondos. Muchas órganos masculinos y femeninos son redonditos y complementarios.

Entonces, ¿A que viene darle tanta importancia a la rueda?

Desde que alguien tuvo la idea de usar un piedra redonda para hacerla rodar y trasladarla más fácilmente, hasta comprarse un Toyota en Nimo-Gordillo… ¡un suspiro!

¡Con lo a gusto que estábamos todos con las cosas “redondas” sin tanta matemática ni tanta tecnología!

Que sepan ustedes que el gachó que “descubrió” la rueda, no es santo de mi devoción.

He dicho.