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"Casos Clínicos"

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Probable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mundo. Ronco a compás de Martinete.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Veraneo de 2026

Un par de días antes de que diera comienzo el verano estacional o solsticio de verano como dicen los cursis, concretamente el 19 de junio, me trasladé con mis ordenadores (solo dos, uno de trabajo y mi Mac Air personal) a mi Rompido de mi alma. 
No crean ustedes que la mudanza es por huir del calor de Sevilla, nada más lejos de mi ánimo, el calor me encanta y lo soporto estupendamente, pero lo que no puedo soportar de ninguna manera son los malditos aires acondicionados congeladores y traidores; un chorro frio de aire sobre mi cuerpo me pone de una mala baba que ni yo me soporto, pasar de los treinta y tantos grados de las sevillanas calles a los veinte frioleros de cualquier local público en menos de un segundo debería estar prohibido y con multas severas. ¡Que cosa más desagradable! Yo no digo que no se usen esos aparatos modificadores de la temperatura, pero recorcholis, ¡ajusten ustedes la temperatura para que no se pase calor, no para que nos congelemos de frío, digo yo, vamos…! 
 Bueno pues el 19 de junio me instalé en mi apartamento rompiero, que tiene una terraza al sur que da gloria y tumbarse allí en la hamaca a leer o a contar frailes es una delicia, además cada cuarto tiene su ventilador en el techo por si fuera necesario. De todas maneras, este verano no ha sido caluroso en la costa de Huelva y hemos tenido hasta fresquito algunas semanas. 
 Pues resulta que de pronto llegó el 1 de julio y cumplí setenta años, 70. Es una sensación extraña, por una parte me siento feliz y agradecido por haber llegado en buena forma física -me lo dicen, y yo también me lo digo- y mental (eso es una suposición mía); por otra parte, es una edad de viejo y supongo que seré un viejo, pero yo no me siento viejo, aunque sea ya un viejo. 
 Lo que quiero decir es que tengo que estar contento de haber llegado al inicio de la “tercera edad” y en realidad así es como me veo, empezando una etapa vital que pienso vivir tan tranquilo y sin miedo porque es una bendición haber llegado hasta aquí disfrutando tanto (que me quiten lo bailao…) y con la familia maravillosa que tengo, empezando por mi mujer que tiene mucha culpa de lo que soy ahora, de mis hijos Ana y Celso y de mis tres nietas y dos nietos que son la felicidad de mi día a día, de verdad y sin la más mínima duda. 
 Tengo la gran suerte de que vivimos en verano todos juntos en los Apartamentos Rio Piedras como si tuviéramos una casa enorme familiar con muchos cuartos, comedores, retretes, cocinas y terrazas, pero cada uno en su casa y Dios en la de todos. Eso es impagable. 
 Mi rutina mañanera ha consistido en pasar consultas con video/teléfono desde las 9 a las 11,30 chispa más o menos para no dejar a mis pacientes desasistido durante más de dos meses (hasta septiembre). Sobre las 9,30 hacen su aparición estelar Celso (que ha cumplido 7 este verano) y Esteban (4 tremendos años) que se cuelan a través de la cortina de tapones de corcho buscando como locos a su abuela para jugar a la Oca o a las cartas de familias de indios y zulús, pintar con acuarelas, pelearse, querer ver la tele, pedir galletas y chillar mientras yo intento tener una videoconsulta sin tirarme por la terraza (es un primero bajito). 
Al terminar mi trabajo, me los llevo de paseo un rato para que la vuela descanse. Sobre las doce decidimos entre toda la familia si nos vamos en el Huevofrito al baño salado, si llevamos tapas o no (birras siempre hay en la nevera), o bien si nos quedamos en la piscina y salimos en el barco por la tarde. 
 El baño en la otra banda y en los bajos es una verdadera delicia, sea la hora que sea. Mi nieto Celso está empezando a ser surfista como su padre y ya lo hemos visto coger olas de pie en la tabla. Los días de mareas grandes que hay baño por las tardes enfrente de casa, mis nietas cogen la tabla de padelsurf y no paran de bañarse. Están tan guapas y lo pasan tan bien que me emociono. 
 El Rompido que era un pueblo marinero se ha convertido en un gran surtido de restaurantes uno detrás de otros la mayoría dando a la ría: La Casa del Palo, La Patera, Doña Gamba, Paseo Marítimo… una delicia para los que quieran comer pescado fresco frito, plancha o brasa, mariscos, coquinas, chirlas, navajas y almejas; también hay algunos más refinados de tataquis, tartares, ceviches y carpachos.
 Yo me tomo mis cervezas al mediodía y por las tardes con mis hermanos y amigos, la primera siempre en el Kiosko de la piscina, después en Vinísimo, en la Taskita, o en el Paseo Marítimo con mi amigo Joaquín Ceada, en este es donde solemos cenar toda la familia, es como nuestra casa.
 Para mi el veraneo relajante tiene que ser estar con mis hijos y nietos la mayor parte del tiempo, disfrutar juntos del barco, de la playa, de los restaurantes y chiringuitos, de las cervezas en el poyete del paseo, de los paseos solitarios por la otra banda entre gaviotas pasotas y charranes chillones, de las caminatas con mi hermano Jesús por los pinos de la forestal hablando del Sevilla FC, de las cenas con velas en la terraza con mi guapísima señora, de jugar al ajedrez contra un turco o un iraní, de acostarme a leer mientras entra el poniente y me tengo que tapar, de despertar todos los días dando gracias a Dios de la suerte que tengo. 
 He abierto dos paréntesis este verano. En julio -como todos los años- me embarco una semana en un catamarán con buenos amigos y nos vamos a navegar por Portugal, unos dias de risas y buen comer y mejor beber a bordo o en los mejores chiringos portugueses, que son excepcionales. A primeros de agosto, justo cuando la invasión de Ceuta, nos fuimos mi mujer, mi hija Ana y un servidor a Tanger y Asilah por cinco días. Mientras las damas recorrían los callejones de la Medina para comprar yo me refugiaba en el bar del hotel a beber cerveza Casablanca con unas aceitunas riquísimas. Aviso: el alcohol es carísimo. 
 Y así hemos llegado a este septiembre que vuelvo a Sevilla con muchas ganas de iniciar otro curso laboral viéndole la cara a mis pacientes y organizando mis consultas con la ilusión del médico joven de aprender cada día algo nuevo y la serenidad del médico experimentado que conoce bien los entresijos de la relación médico-paciente siempre tan complicada pero apasionante. 
 En Sevilla ya hemos ido al Gran Poder y hoy aquí en El Rompido a la Capilla de nuestra Virgen del Carmen, a dar gracias por este verano que va finalizando, por mis setenta años cumplidos, por la familia que tengo, por tener ilusión con mi trabajo y por todos mis amigos que hacen que mi vida esté llena de cosas buenas. 
 Gracias. 

 Sevilla 6 de septiembre de 2026

lunes, 22 de diciembre de 2025

El Carajote.

 En el “Gran Libro de los Insultos” de Pancracio Celdrán Gomariz, “tesoro crítico, etimológico e histórico de los insultos españoles”, edición de 2008, -el que quiera que lo encuentre es un afortunado- la voz  proviene del predicado “carajo”, que en su acepción despectiva se atribuye “al sujeto simple y memo, despreciable, que carece de importancia porque es un mierda” o “patoso, manazas, manifiestamente imbécil o huevón, que saca de quicio a quien cae en sus manos”. 

 Hijo menor y tardío es el aumentativo “carajote”, dicho del individuo que acarrea en si lo anterior y suma además “carente de gracia y sin reflejos, tardo de entendimiento, con pocas luces, y que a su sosería natural une una gran dosis de malasombra”. Vamos: un regalito. 

A mi me encanta el insulto “carajote” pero entiendo debemos usarlo con la certeza necesaria, nunca hemos de aplicarlo a la ligera ya que encontrar un autentico carajote es verdaderamente motivo de regocijo y de anotar en el libro de cacerías: coto, fecha, hora, circunstancias ambientales y detalles del lance. 

Se dan bien los carajotes en Sevilla capital. He observado carajotes desde que tengo uso de razón, -como el ornitólogo que dibuja o fotografía aves desde niño-, y he ido catalogando especímenes en mi disco duro cerebral y los mantengo en activo recordando momentos memorables y deseando volverlos a ver siempre que mi tensión arterial me lo permita. 

 Los busco y los encuentro en muchos bares de moda del centro de Sevilla, siempre maqueados a la moda (no se si a la última o a la primera) aparentando ser los dueños del Torbiscal por sus modos y maneras, hablando tonteras con los decibelios justos para ser molestos, exhibiendo sus crestas como gallos de pelea, pero tristemente sin espolones suficientes. Este ardor exhibitorio les dura lo que aguante su peinado y su eximia cartera. Son los muy abundantes “Carajotes Outfit Weekend”. Suelen ser inofensivos y basta un silencio mantenido para espantarlos. Entre semana, siguen su monótona vida normal en la oficina o en el banco aguantando el chaparrón del jefe. 

 En el gimnasio, el carajote se encuentra también en su elemento. Suele aparecer disfrazado de atleta con mas colorines que un abejaruco y aspecto de avezado sufridor de maquinas torturadoras. Aunque se monte cinco minutos en el cacharrito de andar, pone cara de venir de la cima del Annapurna en invierno y sin sherpa. Cree este espécimen que en el gimnasio se liga. Es el famoso “Carajote Gym”. No se recomienda darle palique en la sauna. 

 El carajote de tertulia es muy peculiar. Sabe más que Briján del tema que ustedes conversen, ya sea religioso, político, deportivo, tecnológico, circense, metafísico, austrohúngaro, dietético, geométrico, polisémico, termonuclear, circunstancial, orgiástico, divino o sepulcral. De todo sabe y de todo nos dará su opinión superior y didáctica. El ha estado allí, o ha hablado con el que lo hizo. Lo mismo con el reo que con el difunto. El lo ha visto. Ha sido testigo, aunque no haya ocurrido. Yo conozco a dos o tres y no hay quien los baje del burro. Está demostrado que este “Carajote Tertuliano” está presente en cualquier reunión donde sumen más de once personas. Suele salir escaldado si hay copas de por medio. Muere por salir en la tele. 

Hay un tipo de carajote que debemos evitar: el que aparece en los convites o saraos sin ser convidado, o “Cara Carajote”. Aparece con singular sangre fría e indolencia como si fuese uno más de la pandilla. Pero se ha colado por la misma cara amparándose en la buena educación de los organizadores. Casi nunca va solo pues lleva del brazo a una señora a la que ha engañado y le sirve de parapeto social o, viceversa, la señora lo lleva del brazo a él, que se comporta como un pagafantas. Este tipo de carajote sinvergonzón perdió su dignidad hace tiempo y ya le da igual ponerse amarillo por dentro. Por afuera luce sonrisa dientosa y busca cómplices que le den conversación a diestro y siniestro, pero no suele tener éxito en su misión a no ser un socio de su cuerda carajotil. Se le nota en la mirada que está fuera de lugar. Suele termina borrachuzo y metiendo la pata. 

Hay un ejemplar de carajote que disfruta mucho en Sevilla sobre todo en las ocasiones que el cree que debemos ponernos chaqueta y corbata. Ahí lo borda. Lo que sea, pero con chaqueta azul y corbata. Funciones de Hermandades, Feria de Sevilla, una boda, un bautizo o un entierro: la chaqueta y la corbata obran milagros en su carácter, les da una importancia atroz, una transfiguración que los lleva de la ceca a la meca sin despeinarse y sin que la corbata se le despegue de la nuez. No son peligrosos, pero se creen que son superiores a los civiles descorbatados y los miran por encima del hombro. Son los “Tie Carajotes”. Tie cojones la cosa… 

Y por último tenemos un grupo de carajotes bien definidos y que vemos a diario en los medios de comunicación. Son los “Carajotes del Peugeot” y similares, incluyendo fontaneras fondonas. En realidad, son una mezcla de todas las anteriores categorías, pero metidos en una coctelera (coche) donde se mezclan horteras puteros con corbata, babosos recaderos chabacanos y calentorros oliendo a Varón Dandy, chorizos repartidores de chistorras, robaperas al vino peleón con un buen chorro de ron “Delsy” venezolano. Suelen llegar a ministros socialistas, señores. 

El que manda en esta opereta chufla es el “Carajote Presidente”, ese que se menea al caminar con aires de impostura y falsedad, que miente más que parpadea, que va perfumado con unas gotas de veneno de áspid roja, bebe concentrado de malauva con zumo de odio ancestral, ese que traga sapos verrugosos pestilente del norte de España, que se baja los calzones cuando tose un vasco o un catalán y luego le limpian el ojete con la lengua sus socios progresistas comunistas. Ese al que se le está quedando cara de maniquí arrumbado en un escaparate mohoso. Entre su querida esposa y su artístico hermano, lo visten de Armani. Pero, aunque el carajote se disfrace de que lo quiera, carajote toda la vida se queda. 

 Véase Zapatero.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Síndrome de Fatiga Crónica

 Aunque en Andalucía tendemos a usar “fatiga” en su acepción de ganas de vomitar, la fatiga que nos referimos en este complejo Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es la que significa “cansancio”.

 Nos encontramos en la consulta con pacientes de entre treinta y sesenta años, más mujeres que hombre, que refieren padecer desde hace tiempo -ponemos el límite menor en seis meses- cansancio exagerado la mayor parte del día, astenia intensa, agotamiento fácil, desfallecimiento a esfuerzos sin causa justificada, así como otros síntomas muy similares y recurrentes: dolores musculares y articulares que empeoran con la actividad física pero que no mejoran con el descanso, a veces sensación de tener fiebre, molestias de garganta y cuerpo como griposo. 

 Es importante constatar que este cansancio crónico no remite con el descanso diurno ni con el sueño nocturno; los pacientes suelen contarnos que duermen muy mal ya sea por insomnio de conciliación o por frecuentes despertares, teniendo la sensación de que amanecen sin energías por lo que tienden a evitar cualquier actividad que implique esfuerzo físico, incluso a veces solo con incorporarse notan aumento de todos los síntomas y mareos o lipotimias. 

 Este conjunto de síntomas titulado Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) produce en los afectados que lo padecen un deterioro progresivo en la esfera personal, en el ámbito familiar, laboral y psico-social pues se sienten imposibilitados para llevar una vida normal. Con el paso del tiempo se va produciendo también un deterioro cognitivo que empeora la calidad de vida de estos pacientes. Todo esto hace que se haya venido incluyendo el SFC en el catalogo de las Enfermedades Psicosomáticas. 

 El diagnóstico es complicado. Hasta ahora se realiza por exclusión de patologías objetivables que pudieran ser las causantes de estos síntomas tan inespecíficos, pero a la vez tan sensibles: enfermedades hematológicas, metabólicas, reumáticas, autoinmunes, auto-inflamatorias, patologías mitocondriales, infecciones subagudas o crónicas, trastornos neurológicos y psiquiátricos deben ser descartados. Lo cual implica el estudio por diferentes especialidades médicas con un gasto considerable en pruebas complementarias y el consiguiente deterioro anímico del paciente que no encuentra luz en su enfermedad. 

 Para el internista es un reto hacer un correcto diagnóstico diferencial y evaluar correctamente a estos pacientes hasta llegar al diagnóstico de certeza. Los últimos avances de que disponemos como los Algoritmos de IA que analizan datos clínicos y de laboratorio para diferenciar el SFC de enfermedades similares, son de gran ayuda. En los últimos años han aparecido grupos de investigación intentando objetivar con nuevas hipótesis la etiología del SFC. Se rastrean alteraciones inmunológicas que afecten al funcionamiento normal neuro-muscular; o bien alteraciones de las mitocondrias (que son las fábricas de energía celular) disminuyendo la eficacia energética ante el esfuerzo; o comprobando funcionamiento anormal del microbioma intestinal para producir tóxicos sistémicos; o que sean secuelas crónicas de enfermedades víricas, como el Covid prolongado, produciendo infección subaguda crónica persistente. 

El diagnóstico del SFC basado en la evidencia se basa en la búsqueda de biomarcadores alterados capaces de ser detectados y cuantificados en paneles analíticos o epigenéticos; pruebas de neuroimagen (RNM y PET) que detecten neuroinflamación medible y comparable; test específicos de tolerancia a esfuerzos con ergoespirometría, consumo de oxígeno, lactato y otros parámetros que midan agotamiento metabólico celular anormal durante la actividad física y en las horas posteriores.

 Actualmente están en marcha ensayos clínicos terapéuticos -algunos bastante avanzados- con inmuno-moduladores, anti-citocinas pro-inflamatorias, antihistamínicos, antivirales, estimuladores mitocondriales y otros fármacos que consigan devolver la salud a los afectados. 

Para ellos es importante el reconocimiento social de la enfermedad, el apoyo sanitario multidisciplinar, la atención psicosomática personalizada, la ayuda psiquiátrica o psicológica y el correcto manejo de la actividad física programada. 

 El tratamiento del cansancio, dolor, insomnio y depresión con dosis personalizadas de fármacos, parece estar ofreciendo resultados esperanzadores para mitigar los síntomas. 

Porque, aunque a día de hoy seguimos sin tener un tratamiento curativo, podemos mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes aportando medicación sintomática empírica: nutracéuticos bioactivos, antioxidantes, aminoácidos, coenzimas, vitaminas y prebióticos han demostrado disminuir la fatiga, el cansancio, el dolor, mejorar la calidad del sueño y del descanso reparador, siempre evitando los analgésicos antinflamatorios e hipnóticos de uso común que cronifican más si cabe esta enfermedad.

Publicado en ABC de Sevilla el 21/10/25

jueves, 4 de septiembre de 2025

Agosto 2025

Terminó el veraneo recurrente rompiero de dos meses y ya estoy en la capital de Andalucía por mucho que le duela a los que le duele que esta bendita ciudad- Sevilla- sea tal y como es, es decir, como los sevillanos queremos que sea y ni una palabra más. 

El agosto playero ha sido un mes tranquilo para mi. El Huevofrito escacharrado nos ha impuesto a la familia un día a día que me ha recordado a los veraneos de mi infancia muy dependientes de las mareas para el baño sin fango (o con fango). He vuelto a mirar a la luna todas las noches y a la ría todos los días. Y he disfrutado de las corrientes y los vientos que rolan y mueven los barcos fondeados en digna lid de a ver quien puede mas y los perfila rumbosos. 

 Mis nietas son peces de luz, creo que tienen branquias y respiran bajo el agua y cuando salen luminosas de sal y riéndose veo princesas angelicales que se ríen de mis miedos y me tranquilizan con su sabiduría y su valor, que quizá yo he olvidado que tuve algún día. Les regalé hace años una tabla inflable que amarran en lo hondo a la popa de una patera y suben y se tiran tres trillones de veces seguidas sin cansarse. Los dos pequeños juegan en la orilla a ser mayores y ya van surfeando olas imitando a su padre. Y yo camino indiferente y me baño en mi ría fangosa cada día más orgulloso de estar allí y de repetir lo mismo desde hace más de no se cuantos años, muchos. 

También hemos recorrido -buscando baños distintos- chiringuitos costeros tanto de la costa El Rompido-Punta Umbría, como del Algarve cercano. Ganan por goleada los lusitanos en servicio, atención al comensal, cocina y limpieza. Es una pena lo mal que tratamos a los clientes de restauración en la Costa de la Luz, pero eso es otra historia. Y la basura de nuestras playas y la falta de urbanidad es la misma historia. Educación desde la infancia, programas educativos sociales continuos en los medios de comunicación, menos series gamberras y mas lectura señores, que se están ustedes quedando atrás con tanto cubata y tanto porro. ¡Y no me tiren las colillas a la arena por favor! ¡Y vamos a hablar sin gritar, coño, que los que tenemos audífonos nos los tenemos que quitar del ruido infernal! 

Bueno. Mucha piscina de la “urba” -como dicen los jóvenes- también ha habido. Es mi gimnasio donde ando contra el agua sin meter la cabeza que el cloro es enemigo de mis pobres oídos y hago aguayin personal a mi manera que me sienta estupendamente. Tenemos un chiringo piscinero que pone los botellines helados de verdad y que le hemos dado mucha caña agosteña. En la barbacoa comunal arroces se han degustado varios. Yo hice uno con conejos, perdices y zorzales. Soy raro. 

Y así día a día ha ido pasando agosto, saliendo poco por las noches al pueblo porque se llena de “comegamgas” (es una broma que gastamos entre nosotros) hasta unas cantidades verdaderamente impensables hace algunos años. Me alegro muchísimo por los restaurantes de mis amigos que llenan todos los días y tiene cola para sentarse y le dan dos o tres pases a cada mesa. Algunos advenedizos se vienen arriba en verano y se ponen tontitos si les pides una mesa como favor y te quieren perdonar la vida… ya llegará el invierno, criaturas mías. 

He leído mucho, un poco sin orden ni concierto, pero un libro me ha turbado: “A cuatro patas” . No lo recomiendo. Spotify con cascos, le he dado un buen repaso a mis clásicos, hásta he hecho unas listas de esas de compartir. 

Resumiendo, que es gerundio. Mes de agosto caluroso, bullicioso, ruidoso, pero que ha sido un buen mes para descansar y completar un verano que ha transcurrido sin incidencias, al menos que se puedan y deban contar en estas páginas. 

 A por septiembre.

sábado, 2 de agosto de 2025

Julio 2025

Cada año me vengo antes a veranear a El Rompido huyendo de las calores y del agobio veraniego de la capital. Es un premio que me impongo como autónomo currante de sesenta y nueve tacos (01/07/1956) sufridor de diez meses de trabajo a destajo yendo de una a otra consulta con mis motos eléctricas de alquiler haga calor o haga frio, llueve o diluvie, para ver a mis queridos pacientes o visitarlos en el Hospital si están ingresados. 

 Este año me vine a la playa a finales de junio y aquí sigo felizmente prisionero de esta cautivadora luz choquera, de este sol veraniego, del fresco foreño cuando salta, preso del vaivén de las mareas de la ría purificadora, del fango de mi infancia y de los días largos como mangas de jerséis dados de sí. 

 El mes de Julio ha transcurrido plácidamente. Pocos veraneantes entre semana, lo que hace de este bendito rincón de Huelva un paraíso de paz y tranquilidad ideal para dar largos paseos por la marisma y entre los pinares de la forestal, o bien detrás de una pelotita por los campos de césped bien cuidados. 

 Yo soy más de caminar por la playa solitaria, saludando y pegando la hebra con las gaviotas confidentes que me cuentan como han pasado el invierno, insultado por charranes pendencieros y chillones, jugando al esconder con los correlimos y -como Alfonsina- metiéndome en el agua y dejándome llevar por el oleaje hasta que el cuerpo se me arruga y se me salan las meninges. 

 Para tranquilizar mi conciencia “laboral”, he despachado consultas médicas por las mañanas durante dos o tres horas de lunes a jueves, bien por video, teléfono, correos, haciendo informes de pruebas pendientes y recetas, resolviendo dudas, explicando diagnósticos y aconsejando tratamientos, actos médicos que se puedan realizar sin consulta presencial. Esto me mantiene activo y me obliga a mantener mi disciplina profesional (y me aporta sustento suficiente para convidar a mi familia cada vez que me salga del alma, que mi alma es espléndida por cierto…). 

 Mis nietos Celso (5) y Esteban (3) cuando se despiertan les encanta venirse cada mañana a casa (sus padres teletrabajan también) y me amenizan las consultas con sus preguntas casi imposibles de contestar mientras se comen sus melocotones o paraguayos y a la vez pintan acuarelas en un cuaderno o la guapa abuela les enseña a jugar al dominó y luego les cuenta un cuento de piratas y tiburones. 

 A media mañana o por las tardes el afamado Huevofrito nos lleva navegante al baño diario a la otra banda, paraíso familiar donde mis hijos y mis nietas Celsa (14); Leonor (12) y Ana (10) no paran de tirarse cabeza desde la borda mientras el paseante solitario se va a reflexionar de lo divino y humano, es decir: a esperar ansioso que llegue la hora de la cerveza que espera helada en la nevera del barco.

 Antes del sol alto y gordo regresamos al pantalán buscando sombra, baño en la piscina (yo me quedo con la sal) y cervezas con “ratita” en El Vertical. 

 Tristemente desde mediados de julio el motor del Huevofrito decidió pararse y está en el dique seco esperando diagnostico. Algo electrónico dicen. Si alguien entiende de fueraborda Evinrude 90 cv E-TEC de 2 tiempos, se agradecen consejos. 

 Leo mucho a diario: periódicos varios, artículos que busco, un par de libros en la mesilla de noche, dudas raras que pregunto a chatGPT; pierdo mucho tiempo viendo bobadas en YouTube; veo o reveo alguna película interesante en la tele; escribo poco, no se si por pereza o por falta de imaginación, creo que estoy perdiendo esa facultad escritora, si alguna vez la tuve. 

 Por las tardes, después de una buena siesta y un baño reparador en la ría (el Gin Tonic de la Pezera es insuperable), me acerco al Restaurante Paseo Marítimo de mi amigo Joaquin Ceada -hombre de pocas palabras, malajoso- y me siento a su lado con una cerveza por delante a curiosear como se pone el sol y admirar como se tiñe el lubrican de colorines pastelosos que se reflejan en la ría pintando un cuadro distinto cada día. 

 Cuando llega la noche y salen las estrellas y se encienden las luminarias de los restaurantes freidores y planchadores de pescados y mariscos, este que está aquí se va derechito a su casa -ya tomado el fresco de birras barrigonas- y se sienta en la terraza con su señora a tomar unas tapitas a la luz de una vela, mientras van apareciendo una tras otra las nietas para ser condecoradas por su abuela con collares y abalorios que lucirán como princesas en la plaza del pueblo. 

 A la cama temprano, lectura obligada hasta que el cuerpo aguante antes de nana coco… y Jesusito de mi Vida. 

 Este ha sido más o menos mi mes de julio rompiero. Gracias a Dios sin incidencias. Lo del Huevofrito es una molestia, pero todo lo que se pueda arreglar con dinero no tiene precio. 

Sé lo que digo. 

 ¡A por Agosto!