Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Pragmatismo y Coronavirus

La epidemia nos está poniendo en nuestro lugar. A cada uno. A muchos jóvenes parece que les importa menos la salud global que el ocio personal; a los menos jóvenes nos tiene metidos en casa y con la mosca detrás de la oreja; y a los veteranos desgraciadamente los tiene aislados y aterrorizados. 

El virus se comporta como lo que es: un trozo de ARN sin cerebro que no atiende a razones ni a corazones y parece que se entretiene jugando a la ruleta de la fortuna con nuestros organismos. A ti una gripecita, a ti una neumonía, para ti un distres respiratorio y para usted una tormenta de citoquinas, se siente… Bueno, pero para su señora tan solo un dolor de cabeza y quince días sin olfato. A ustedes me los voy a saltar que no tengo ganas de infectaros, o mejor, os regalo anticuerpos protectores por la misma cara… Misterios de la genética inmunitaria. 

Ante este virus caprichoso y enigmático que no atiende a razones individuales, solo podemos echar las cuentas de los grandes números, las cuentas de las estadísticas. Y ni siquiera con esas cuentas somos capaces de acertar y predecir como se va a comportar el coronavirus bautizado SARS COV.2 en los próximos meses o años. 

De ahí que toda la comunidad científica internacional, las Sociedades Médicas, los laboratorios microbiólogos, farmacológicos, epidemiólogos y expertos mundiales en Salud Pública tengan que adoptar una actitud pragmática como única forma de racionalizar lo que está sucediendo con esta pandemia. 

Por eso ha sido necesario desechar antiguas teorías de comportamientos de virus similares, no basar el trabajo de campo en especulaciones, y aceptar que lo más importante es atender a la evidencia pura y dura, a la práctica clínica recién amasada y evidenciada en cada uno de los pacientes que hemos ido tratando. Esta medicina parece que sirve como tratamiento… hasta que la evidencia demuestra que no. Esta otra que se usa para otros virus la vamos a probar, pero no sabemos si va a servir o no hasta que podamos contemplar estadísticamente los resultados. Con esta otra vamos a probar por si acaso… 

Precisamente de esta manera pragmática sabemos que usando tratamientos sintomáticos (que no se usaron al principio por desconocimiento) como son los corticoides y la heparina, muchos pacientes mejoran sus síntomas y se evitan muchas complicaciones posteriores. Prueba, error, acierto, práctica, eficacia, utilidad… pero no evitan la demoledora pandemia. Creo que el pragmatismo se asocia filosóficamente a la lógica, lo que nos lleva a la realidad sin teorías especulativas que en Medicina nunca han sido muy beneficiosas para los pacientes. 

Los médicos buscamos resultados prácticos, es decir que curen, que salven vidas y por eso es importante que seamos pragmáticos en esta lucha contra el virus. 

Las dos líneas de trabajo científico práctico mas prometedoras en este sentido son las vacunas que están a punto de ser utilizadas y los anticuerpos monoclonales. Estos últimos son anticuerpos específicos contra el coronavirus que están intentando ser sintetizados en el laboratorio y serán eficaces para la enfermedad activa, administrándose de forma intravenosa con objeto de neutralizar al virus dentro del organismo, evitando su replicación y la consiguiente inflamación y destrucción de nuestros tejidos. Pero no evitan la enfermedad. 

Las vacunas que están a punto de llegar tienen otro mecanismo de acción. Al ser vacunados, nuestro organismo va a fabricar sus propios anticuerpos específicos protectores antes de estar en contacto con el coronavirus, de forma qué al recibir el inóculo contagioso viral, este sea rechazado inmediatamente por los anticuerpos anti-covid y no se desarrolle la enfermedad. Las vacunas van a inducir inmunidad adquirida (por diversos mecanismos inmuno-histoquímicos), esperemos qué de forma eficaz, duradera y con los mínimos efectos secundarios. 

¿Me preguntan si yo me vacunaré? El primero si pudiera. Olvídense de teorías conspiratorias anti-vacunas y sean ustedes prácticos. 

Confío en la ciencia. Si todos laboratorios importantes del mundo y toda la comunidad científica se ha implicado en la lucha contra este virus pandémico y en un año desde su misteriosa aparición nos ofrecen la posibilidad de vacunar a mi madre de 88 años y asilada-aislada hace 10 meses y a tantos ancianos como ella, de vacunar a mis compañeros médicos y sanitarios que arriesgan día a día sus vidas en Urgencias y en las plantas de los hospitales (entre ellos mi hija Ana), en definitiva de vacunar a toda la población susceptible y de acabar con tantas muertes y con tanto sufrimiento, tanto dolor y tanta ruina social y económica… 

Tenemos que ser pragmáticos humanamente, biológicamente, filosóficamente y cientificamente para recibir con los brazos abiertos estas vacunas fruto de tanto esfuerzo de investigación internacional y tantos ensayos clínicos que evidencian que estamos en el camino correcto de vencer al coronavirus.

Publicado en ABC de Sevilla el 01/12/2020

domingo, 15 de noviembre de 2020

El factor X... Pandemia y Civismo.

Copio completo este articulo publicado en El País, suplemento “ideas” el 25 de octubre de 2020.


El factor x, pandemia y civismo
Por Byung-Chi Han.

A la pregunta de cómo ha podido combatir Japón la pandemia con tanto éxito en comparación con Occidente, el ministro de Economía japonés, Taro Aso, de mentalidad nacionalista, respondió concisamente con la palabra mindo, que literalmente significa “nivel de las personas”. El término no deja de ser problemático, pues en Japón se emplea también para señalar su superioridad nacional. Mindo se puede traducir como “nivel cultural”.

Esta declaración del ministro de Economía ha suscitado controversias incluso en Japón. Le han reprochado que se dedique a propagar un chovinismo nacional precisamente en una época en la que es más necesaria que nunca la solidaridad mundial. Pero, frente a sus críticos, Aso defiende su postura de que los japoneses acataron animosamente las rigurosas medidas higiénicas, a pesar de que el Gobierno no tenía previstas multas contra las infracciones. En otros países la gente no podría comportarse así, seguía diciendo Aso, ni siquiera aunque la obligaran.

Antes que nada, hay que decir que no solo Japón, sino también otros países asiáticos como China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur o Hong Kong, han logrado seguir manteniendo controlada la pandemia. Europa y Estados Unidos, por el contrario, se están viendo realmente desbordados en estos momentos por la segunda ola de contagios. En Asia prácticamente no ha habido reinfecciones. Las cifras de contagios actuales son tan bajas que se pueden desdeñar. Son precisamente estos países los que demuestran que podemos hacer frente a la pandemia con éxito incluso aunque no dispongamos de una vacuna. Mientras tanto, los asiáticos observan con incrédulo pasmo el desvalimiento con el que los europeos quedan a merced del virus y la impotencia con la que los Gobiernos europeos tratan de combatir la pandemia.

En vista de tan llamativas diferencias en los índices de contagio, resulta casi inevitable preguntarse qué hace Asia que no haga Europa. Que China haya podido contener con éxito la pandemia se puede explicar en parte porque allí el individuo está sometido a una vigilancia rigurosa, que en Occidente sería inconcebible. Pero Corea del Sur y Japón son democracias. En estos países no es posible un totalitarismo digital al estilo de China. Sin embargo, en Corea se hace un implacable seguimiento digital de los contactos, que no es competencia de los ministerios de salud, sino de la policía. El rastreo de contactos se hace con métodos tecnológicos propios de criminalística. También la aplicación Corona-App, que todos sin excepción se han descargado en sus smartphones aunque no sea obligatoria, trabaja de forma muy precisa y fiable. Cuando los seguimientos de contactos no pueden ser exhaustivos, se analizan también los pagos con tarjeta de crédito y las imágenes captadas por las innumerables cámaras públicas de vigilancia.

¿La exitosa contención de la pandemia en Asia se debe pues —como muchos en Occidente suponen— a un régimen de higiene que actúa rigurosamente y que recurre a la vigilancia digital? Evidentemente, no. 

Como sabemos, el coronavirus se transmite por contactos estrechos y cualquier infectado puede especificarlos por sí mismo sin necesidad de estar sometido a vigilancia digital. Entre tanto, ya sabemos que para que se produzcan cadenas de contagios no es tan relevante quién ha estado brevemente dónde y cuándo ni quién ha ido por qué calles. 

¿Pero cómo se explica entonces que, con independencia del sistema político de los respectivos países, los índices de contagio en Asia se hayan mantenido tan bajos? ¿Qué une a China con Japón o Corea del Sur? ¿Qué hacen Taiwán, Hong Kong o Singapur de forma distinta de nuestros países europeos? Los virólogos especulan sobre las causas de que las cifras de contagio en Asia sean tan bajas. El premio Nobel de Medicina japonés Shinya Yamanaka habla de un “factor X” que es difícilmente explicable.

Es incuestionable que el liberalismo occidental no puede imponer la vigilancia individual en plan chino. Y mejor que sea así. El virus no debe minar el liberalismo. Sin embargo, también en Occidente olvidamos enseguida la preocupación por la esfera privada en cuanto empezamos a movernos por las redes sociales. Todo el mundo se desnuda impúdicamente. Plataformas digitales como Google o Facebook tienen un acceso irrestricto a la esfera privada. Google lee y analiza correos electrónicos sin que nadie se queje de ello. China no es el único país que recaba datos de sus ciudadanos con el objetivo de controlarlos y disciplinarlos. El procedimiento de scoring o calificación crediticia social en China se basa en los mismos algoritmos que los sistemas occidentales de evaluación del crédito, como FICO en Estados Unidos o Schufa en Alemania. Mirándolo así, la vigilancia panóptica no es un fenómeno exclusivamente chino. En vista de la vigilancia digital, que de todos modos se hace ya en todas partes, el seguimiento anonimizado de contactos a través de la aplicación Corona-App sería algo del todo inofensivo. Pero muy probablemente el seguimiento digital de contactos no sea el motivo principal de que los asiáticos hayan tenido tanto éxito combatiendo la pandemia.

La palabra que empleó el ministro de economía japonés contiene, pese a todo —si le quitamos su inoportuna connotación nacionalista— un punto de verdad. Señala la importancia del civismo, de la acción conjunta en una crisis pandémica. Cuando las personas acatan voluntariamente las reglas higiénicas, no hacen falta controles ni medidas forzosas, que tan costosas son en términos de personal y de tiempo.

Se cuenta que, durante las catastróficas inundaciones de 1962, Helmut Schmidt, que en aquella época dirigía la Consejería de Policía de Hamburgo, dijo: “Es en las crisis donde se muestra el carácter”. Parece ser que Europa no está logrando mostrar carácter ante la crisis. Lo que el liberalismo occidental muestra en la pandemia es, más bien, debilidad. El liberalismo parece incluso propiciar la decadencia del civismo. Justamente esta situación nos enseña lo importante que es el civismo. 

Que grupos de adolescentes celebren fiestas ilegales en plena pandemia, que se acose, se escupa o se tosa a los policías que tratan de disolverlas, que la gente ya no confíe en el Estado, son muestras de la decadencia del civismo. Paradójicamente tienen más libertad los asiáticos, que acatan voluntariamente las severas normas higiénicas. Ni en Japón ni en Corea se ha decretado el cierre total ni el confinamiento. También los daños económicos son mucho menores que en Europa. La paradoja de la pandemia consiste en que uno acaba teniendo más libertad si se impone voluntariamente restricciones a sí mismo. Quien rechaza por ejemplo el uso de mascarillas como un atentado a la libertad acaba teniendo al final menos libertad.

Los países asiáticos no tienen mucho cuño liberal. Por eso son poco comprensivos y tolerantes con las divergencias individuales. De ahí que los imperativos sociales tengan luego tanto peso. Ese es también el motivo por el que yo, siendo coreano de nacimiento, prefiero seguir viviendo en el foco de infección que es Berlín antes que en Seúl, por muy limpio de virus que esté. Pero hay que subrayar especialmente que los elevados índices de contagio durante la pandemia no son mera consecuencia natural de un estilo de vida liberal que tuviéramos que adoptar sin más. El civismo y la responsabilidad son armas liberales eficaces contra el virus. No es verdad que el liberalismo conduzca necesariamente a un individualismo vulgar y a un egoísmo que jueguen a favor del virus.

Nueva Zelanda es un país liberal que ha vencido ya por segunda vez a la pandemia. El éxito de los neozelandeses consiste también en la movilización del civismo. La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, hablaba enardecidamente del “equipo de cinco millones”. Su apasionada apelación al civismo tuvo muy buena acogida entre la población. Por el contrario, el desastre norteamericano se puede explicar porque Trump, llevado por su puro egoísmo y su afán de poder, ha socavado el civismo y ha dividido al país. Su política hace totalmente imposible sentirse parte de un nosotros.

Liberalismo y civismo no tienen por qué excluirse. Civismo y responsabilidad son más bien un prerrequisito esencial para el buen logro de una sociedad liberal. Cuanto más liberal sea una sociedad, tanto más civismo será necesario. 

La pandemia nos enseña qué es la solidaridad. La sociedad liberal necesita un nosotros fuerte. De lo contrario se desintegra en una colección de egoístas. Y ahí el virus lo tiene muy fácil. Si quisiéramos hablar también en Occidente de un “factor X” que la medicina no puede explicar y que dificulta la propagación del virus, este no sería otra cosa que el civismo, la acción conjunta y la responsabilidad con el prójimo.

Byung-Chul Han es filósofo y ensayista, imparte clases en la Universidad de las Artes de Berlín .
Fuente: Elpais.com (24/10/20) Pixabay.com




sábado, 17 de octubre de 2020

De Cacerias...

Comienza una nueva temporada de caza y a mis 64 años, cuando llevo ya más de 5 años sin pegar un tiro, me pregunto: ¿he sido cazador? 
La verdad es que no lo se. Quizá nunca me he sentido cazador como observo se sienten hoy día muchos de los que están desenfundando las armas y preparándose para ojeos, batidas y monterías variadas. A todos les deseo un año lleno de éxitos y sin percances. Yo no recuerdo tener tanta afición como veo en los cazadores de hoy. 
Hablando de recuerdos, la verdad es que no sé bien cuando comencé a cazar. Dice mi madre que como era el mayor de los varones y no fui al colegio hasta los seis años, mi padre me llevaba desde muy pequeño al campo. El campo y escopetas eran más o menos lo mismo en mi casa. 
En mis primeros recuerdos relacionados con la caza, me veo agazapado tras una mata viendo a mi padre tirar zorzales, siempre esperando una señal para salir a cobrar los pájaros caídos alrededor del puesto. Iba haciendo montones. Me gustaba perseguir a los alicortados entre trochas y regajos hasta encontrarlos y recibir la sonrisa de asentimiento de mi padre al verme volver con la pieza cobrada. A la caída de la tarde, casi sin luz, la cacería al saco (¿cuántos? muchos…), la escopeta a la funda y calentito en el coche para casa. 
Colijo que mis primeros tiros, ya con siete u ocho años, fueron con la escopetilla de 12 mm, con esos cartuchos finos y largos que sonaban de maravilla. Terreras, cogujadas, alguna perdiz de peón o algún gazapo despistado fueron mis primeros trofeos cinegéticos cobrados en las lindes de los carriles. 
Al poco ya estaba tirando con el 20, dejando volar los pájaros y correr a los conejos. 
Tuve una mala experiencia por esos años, sobre 196… y tantos. Era verano y fuimos a un descaste de conejos en la finca Las Manchorras, creo que en Villanueva de los Castillejos, Huelva. Salimos desde El Rompido muy temprano. La mancha estaba muy metida en el monte, dejamos los coches y fuimos en burros. La cacería muy abundante, y yo siempre junto a mi padre, a su izquierda, tirando con el 20 los conejos que quedaban renqueantes o los que mi padre me avisaba en los claros. A última hora de la mañana, ya de recogida, decidieron rodear un manchón y meter los perros. Mi padre me dejó por precaución sentado debajo de una encina. De pronto escuché un ruido raro, como una explosión diferente, y vi un brazo en alto sangrando. El cañón izquierdo de la escopeta de mi padre reventó por la cara lateral y le destrozó la mano. La hemorragia era abundante. Recuerdo el torniquete en el brazo, mi padre pálido mirándome sin quejarse, contento de que yo no hubiera estado a su lado en ese momento, el regreso eterno en burro hasta los coches, el traslado a Huelva en un Renault 4L lleno de sangre. Después de unos meses de curas y sacar muchos plomos del brazo, estábamos de vuelta en el campo, de nuevo cazando y yo a su lado, sin miedo. 
He tirado zorzales con mi padre por muchos pueblos de la campiña y la sierra de Huelva y Sevilla; en algunos sitios, he visto a otros tiradores dejar la escopeta para ver el espectáculo de mi padre haciendo dobletes y una lluvia de zorzales cayendo. Eran otros tiempos. 
Nunca me gustó levantarme de noche y pronto fui relevado como escudero de mi padre por mi hermano José María, mucho mejor tirador y con mucha más afición que yo. 
Desde joven aprendí a recargar cartuchos en las vainas que mi padre traía del Tiro de Pichón. En un pequeño buró teníamos las herramientas y las prensas, la pólvora, los tacos, los plomos de distinto calibre y los mixtos. En una tarde recargábamos doscientos cartuchos que mi padre metía en bidones de lata pintados de verde. Todavía tengo alguno. 
Mis años más felices de cazador fueron a partir de los 15 años que empecé a cazar por mi cuenta. Los fines de semana íbamos a la dehesa de Los Cerros donde vivía mi tío Joaquín con mis primos. Yo mangaba cartuchos recargados. La cacería se convirtió en una diversión. Jugábamos a cazar. Salir con los perros al campo, jalearnos conejos, zorzales y perdices (prohibido tirarlas, solo para el reclamo, que aburrido…) o cobrar alguna liebre despistada que buscaba carroña por los llanos de La Tiesa. 
Otra diversión maravillosa era escaparnos por las noches en el Land Rover o en mi 2CV sin capota para tirar conejos con la luz de los faros, rodeados de perros ladrando; nunca vi mejor tirador en estos lances que mi primo Joaquín (DEP), tiraba a una sombra y cobraba un conejo. Con una pequeña navaja y de un par de tajos destripaba (las tripas eran un manjar para los perros) y desollaba un conejo en menos de un minuto, todavía con la carne caliente y palpitante. En la chimenea asábamos algunos antes de acostarnos. 
Recuerdo un día que salí solo a dar una vuelta con una superpuesta del 20 que estaba probando. Al atravesar una umbría se levanto de largo un pájaro que no era una perdiz y lo bajé del primer tiro. Me quedé quieto, recargando, y al momento voló casi de mis pies la collera, la dejé volar y aseguré el tiro. Dos becadas “pitorras” que me colgué mas contento que qué. Al llegar al cortijo mi tío Joaquín no se lo creía. Por supuesto les sacó las tripas con una ramita y las colgó del pico en su cuarto… ¡que homenaje se pegaría a los pocos días! 
A veces teníamos que quitar zorros, pues no dejaban a las perdices criar. Los puestos -seis o siete- se montaban sobre tablas en encinas y chaparros porque el monte era apretado y los tiraderos peligrosos. Los jaleadores a caballo, el primero tío Joaquín con sus zahones su trabuco y su escopeta, dando palos a las matas y jaleando a los perros: ¡Pongo, Terrible, allí va, allí va…! Revuelo de pájaros, conejos, los zorros dorados que van cayendo y algún gato rubio que se entremete donde no debe y sale en la foto. 
Otras -menos- veces tirábamos en La Abundancia gachonas o polluelas, pero cuando había era un tiroteo y un remolino de perros pasados por agua. Alguna vez me puse a los ánsares, pero no me gustó eso de meterme en el fango antes de que amaneciera. Tampoco los patos eran santo de mi devoción por el frío y la humedad de los puestos. 
Se me daba mejor el pelo que la pluma, o a lo mejor es que disfrutaba mas cazando con los perros que inmóvil en un puesto porque soy inquieto y prefería buscar la cacería andando por el monte, a esperar estático y sin moverme. Bueno, cuando entraban los pájaros y uno tenía el día bueno, era una delicia, la verdad. 
Por eso nunca he cazado con el reclamo de perdiz (colgar el pájaro se llama), una de las aficiones preferidas de mi padre. En mi casa siempre hubo pájaros perdices en jaulones terreros y jaulas, y mi padre llevaba los libros de cacerías de cada pájaro año tras año. 
Mis primeras monterías fueron en El Puerto de la Virgen, en Zufre, con mi tío Juan de Dios, allí maté mi primer cochino con 17 años, allí hice los primeros aguardos con mi primo Juande (no me gustaron nunca) y allí me quemé las manos tirando palomas torcaces. En esa finca lo pasamos también estupendamente, era muy buena de conejos y perdices (también para el dichoso reclamo…), y tenía muchos cochinos; no era difícil tirar un zorro con un poco de paciencia. Las fiestas después de las cacerías eran otro aliciente de esa magnifica finca serrana. 
Desde joven también he tenido la gran suerte de acompañar a mi primo Manuel Diego en la caza con halcones, azores y con águila de Harris; la cetrería es un espectáculo ancestral digno de reyes, respetuoso con el medio ambiente y absolutamente magistral. Ver un lance de un halcón en picado o el vuelo vertiginoso de un azor entre los árboles hasta agarrar a su presa es ver la naturaleza primitiva, el origen de la cacería. 
Aunque parezca mentira hemos cazado también en El Rompido, pues la forestal de Cartaya era nuestro coto privado de caza durante todo otoño e invierno. Cazábamos con las rapaces conejos y perdices en el monte bajo, las codornices en los trigos para disfrute de los perros, inviernos de avefrías y palomas en la laguna de El Portil, entonces un paraíso… hasta la “otra banda” de dunas de arena blanca a la orilla del mar estaba cuajada de conejos y pájaros… si, eran otros tiempos.
 Con el paso de los años y tras la muerte de mi padre y sus hermanos, poco a poco me fui desligando de la cacería. 
Me apunté en varios cotos de zorzales, conejos y algunos de caza mayor -siempre muy económicos porque nunca tuve jurdores-, pero nunca repetí. 
También he participado en numerosas cacerías de “bote” de faisanes, palomas, patos y perdices donde he disfrutado mucho más de la camaradería, de la amistad y de la gastronomía que de la “cacería”. 
Hace unos 10 años que sufro una sordera galopante -tantos tiros en mis oídos desde niño- que me obligó a tirar unos años con cascos, hasta que lo dejé por completo por falta de oído… y de afición. 
En realidad, siempre he sabido que no tengo cualidades ni espíritu de cazador. 
Pero a lo hecho… ¡pecho!

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Mentecatos y Coronavirus

La evidencia científica es irrefutable. El Coronavirus SRAS Cov.2 es un virus ARN infecto-contagioso, de origen incierto (zoonosis o laboratorio) que se transmite fácilmente entre los humanos principalmente por contaminación de las vías respiratorias altas mediante inóculos contenidos en microgotas de secreciones – mocos, saliva – que se deprenden al hablar, besar, toser o estornudar. 

 Se estima que una persona contagiada (sea o sintomática o asintomática) puede transmitir partículas virales contagiosas hasta 1,5 – 2 metros de su entorno. Eso no significa que todo aquel que se encuentre a esa distancia del portador vaya a ser contagiado, ni mucho menos. 

El contagio se ve facilitado y favorecido por el contacto personal cercano y estrecho durante un periodo de tiempo suficiente para propagar el inóculo de partículas virales con capacidad infectiva. 

 En los espacios cerrados -donde los aerosoles producidos por el portador/contagiador se concentran- es mucho más fácil contagiarse que en espacios abiertos. Supermercados, transportes públicos (sobre todo el metro) ascensores, salas de reuniones y de fiestas, discotecas, etcétera, son espacios donde es muy fácil el contagio entre personas, pues las distancias se acortan y el tiempo de contacto se alarga. Si además se interactúa sin mascarillas el riesgo aumenta considerablemente. 

 El virus, una vez que contagia las mucosas del nuevo huésped, comienza el proceso de infección, es decir de replicación y afectación de las células del aparato respiratorio, produciendo (o no) síntomas de enfermedad mas o menos grave dependiendo de la sensibilidad individual y del sistema inmunitario de cada persona.

 Las estadísticas siguen siendo claras: Un 80% de afectados padecen una enfermedad muy leve, incluso muchos asintomáticos; un 15% aproximadamente sufren síntomas de tipo gripal con fiebre y quebrantamiento general; un 5% sufren enfermedad grave con afectación pulmonar que precisa hospitalización, a veces UCI y medidas muy especiales de soporte vital. Suelen ser personas mayores o con factores de riesgo previos. La mortalidad actual está por debajo del 1% en todas las series. 

 Este 20 % de los enfermos con síntomas que acuden al médico son inmediatamente aislados y tratados, ya sea en sus domicilios o en el hospital, por lo que teóricamente dejan de ser vectores de contagio. Se aíslan en cuarentena hasta que dejan de ser contagiosos y adquieran inmunidad. 

 La investigación de cada brote y el seguimiento de la cadena de contagios a partir de las PCR positivas y la cuarentena de los casos sospechosos y por supuesto de los positivos, es la mejor medida para la prevención del contagio social y comunitario descontrolado, y para evitar la enfermedad de los mayores y personas de riesgo. 

 El 80% de los leves-asintomáticos suelen ser personas jóvenes con buena salud que no son conscientes de ser contagiosos, pero por este motivo son los que mantienen la alta cifra de contagios actual. 

Se estima que cada joven portador asintomático del virus contagia durante su periodo infectivo -hasta 10 días- a tres personas de su entorno. Cada una de estas tres personas lógicamente contagiará a otras tres y así sucesivamente. El problema es que esta progresión exponencial de contagios afecta más pronto que tarde a personas de riesgo -ya sea por edad o por otras causas- y van a poner en peligro sus vidas, como tristemente vemos cada día. 

 Mentecatos son estos jóvenes irresponsables que gritan y bailan cada noche alrededor de una botellona desastrosa sin mascarillas ni distancias, favoreciendo la transmisión viral y llevando a sus domicilios, hermanos, padres y abuelos la segura enfermedad. 

 Mentecatos son todos los que desdeñan las normas de protección social y no usan mascarillas ni respetan las distancias de seguridad ni siquiera en los espacios cerrados. Botarates incultos con bajo coeficiente intelectual. 

 Mentecatos los medios de comunicación que malinforman con noticias tergiversadas e inútiles para los ciudadanos que solo producen alarma injustificada y desinformación. 

 Mentecatos, irresponsables y sinvergüenzas los políticos de cualquier color que están usando las cifras de contagios y muertos de las distintas regiones españolas como arma arrojadiza o artimaña electoral. 

Mentecatos y nefastos los responsables de este “gobierno” mantenedor del fantasmal “comité de expertos” capitaneados por el ministro Illa y por Don Simón, que mienten compulsivamente porque son incapaces de controlar la epidemia y que han llevado a España a ser el país de Europa con las peores cifras de contagios, hospitalizados y fallecidos. 

 Mentecato el psicópata Pedro Sánchez – y todos sus adláteres y aplaudidores sin excepción- que parece cada día mas feliz de ver como España avanza hacia la debacle sanitaria y, con el pretexto del coronavirus, intenta ocultar la ruina galopante que nos ha traído su política haciendo más pobres a todos los españoles e impidiendo la recuperación económica con medidas económico-sociales que son trampantojos de republica bolivariana que nos llevan directos a la basura como nación.  

Mentecatos somos todos los españoles que -mientras nos emboban los medios de comunicación con horas y horas de información innecesaria del coronavirus nuestro de cada día- asistimos impasibles a la devastación por parte del PSOE y de Podemos de una Democracia que tantos esfuerzos costo a nuestros mayores edificar para alcanzar la Paz y la Concordia. 

 Democracia, Paz y Concordia que desde que gobiernan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias están siendo destruidas, entregando el futuro de nuestros hijos a los herederos amorales de los asesinos etarras, a los más retrógrados republicanos marxistas-leninistas, y a los antiespañoles separatistas, ya sean “nacionalistas” catalanes ilusos supremacistas arengados por prófugos, rateros y cobardes, o a los vascos expertos recolectores de nueces manchadas de sangre. 

 Ellos son el verdadero y nefasto virus.


Publicado en @abcdesevilla el 22/09/20

sábado, 15 de agosto de 2020

Coronavirus y manipulaciones

Hace pocos meses los enfermos con síntomas gripales y asfixia acudían a los Hospitales buscando quien les hiciera una PCR para confirmar su diagnóstico y ser tratados correctamente de la enfermedad Covid-19.

Entonces, a estos enfermos con síntomas pero sin diagnostico, se les mandaba a casa con Paracetamol, se les apuntaba en el censo de "enfermos de coronavirus" y pasaban directamente a engordar las estadísticas de "curvas" y "casos" suficientes para crear el clima de pánico sanitario y social que todos hemos padecido.

Actualmente, en este verano de tranquilidad social, son los epidemiólogos detectives los que salen torunda en mano buscando fauces y narices para detectar PCR positivas para Covid-19 y avisar a los políticos que a su vez avisan a los periodistas para publicar diariamente el número de "casos" o de "contagios"... según soplen los vientos de los intereses.

A día de hoy 15 de agosto, día de la Virgen de los Reyes, en la provincia de Sevilla (1.939.887 hab) hay 11 hospitalizados por Covid-19, y 2 de ellos en UCI, lo que supone una tasa de 1,76 ingresos hospitalarios por cada 100.000 habitantes.

Huelva tiene 528.029 habitantes en su provincia, con 4 ingresos por coronavirus, uno de ellos en la UCI. Tasa de 1,32.

Estos datos no justifican la alarma politico-social e informativa desencadenada, digan los políticos lo que digan.

Para los médicos, estas cifras de enfermedad grave por SRAS-Cov.2 están ahora mismo muy por debajo de las cifras de ingresos por otras patologías infecto-contagiosas como pueden ser infecciones por virus gastro-intestinales o infecciones del tracto respiratorio tanto virásicas como bacterianas.

Y eso que ahora son los investigadores o "rastreadores" los que, como decía, salen a la calle buscando "casos" de Covid-19 torunda en mano para metersela por la nariz al primero que se les ponga por delante. Es algo distópico, pues lo lógico es que una enfermedad infecto-contagiosa contagie... lo extraño y perturbador sería que no lo hiciera.

Pero si cualquier "contagiado" con PCR positiva está completamente asintomático y no presenta síntomas durante la cuarentena de 14 días, -después de los cuales deja de ser contagioso y teoricamente comienza a ser inmune-, no deberíamos de contabilizarlo como enfermo de Covid-19.

Ojalá haya en España millones de contagiados con PCR positiva y que cursen asintomáticos sin tener que acudir al médico ni ingresar en el hospital. Es la situación ideal. Inmunidad de grupo.

Pero la situación se perturba al gusto de los epidemiólogos-estadísticos con ínfulas de sobresalir, de los medios de comunicación con intereses gubernamentales y, por encima de todo, de los políticos manipuladores.

El confinamiento social ejemplarmente cumplido por los españoles durante la crisis desde marzo a junio, ha servido como ensayo del pertinaz adoctrinamiento político televisivo durante esos meses.

La ¿buscada? ruina económica de los empresarios "fachas" han dado a este "gobierno" los réditos esperados en orden a mantener a un porcentaje suficiente de votantes "mantenidos" con las pagas subsidiarias a cambio de votos. Es mi opinión.

Ahora comienza otra fase de perturbación de la sociedad, después de darnos vacaciones durante un mes mas o menos...

Vacaciones que parece que se acaban en tiempo y forma cuando a Pablo Iglesias los Jueces y Fiscales "no gubernamentales" le aprietan las tuercas de la decencia y la honradez y ven que hacen agua como una patera reseca.

Hace unas semanas mascarillas por la playa. Ahora toca cerrar los bares de copas y prohibir fumar. Mañana tendremos que andar de espaldas y con un ojo guiñado. Todo muy sensato...

"Regresa el coronavirus" (parece el título de una mala película) para que los políticos de este ingobernable gobierno se escuden detrás de datos y noticias falsas y alarmantes, para que nos entre el canguelo y la jindama de las neumonías y las trombosis y para que no nos salgamos de madre pidiendo pan, trabajo y libertad. Eso se ha acabado. 

Aquí solo trabajará -o cobrará un subsidio- quien sea de la cuerda del"gobierno progresista"y agache su cabecita diciendo que lo blanco es negro.

Lo importante ahora mismo es vapulear a un viejo Rey cachondo (como antes fue sacar los restos de Franco del Valle de Los Caídos) o acabar con las corridas de toros que tanto daño hacen a la sociedad, para crear una manada de ovejas alimentada con embustes como la "transición ecológica" y la "perspectiva de género", frases que hipnotizan a los botarates progresistas que no saben donde tienen la cara o el culo de tanto volver el cuello para no ver la realidad: paro, pobreza social, incultura, intolerancia, odio, violencia, enfrentamiento...

Realidad de un gobierno sucio y pestilente que se escuda en una epidemia para tapar sus cloacas hediondas repletas de mentiras y patrañas marxista-leninistas antidiluvianas -publicadas cobardemente en las redes sociales- de un vicepresidente hortera de bolera que va directo a los juzgados. 

Y de un "presidente" que se mira al espejo haciendo posturas y se gusta mucho y lo proclama en las televisiones una y otra vez de mil maneras diferentes... Que guapo soy, que bien lo hago, que suerte tenéis de tenerme de presidente...

Pero en España, por mucha colonia que se pongan en el Consejo de Ministros y muchos aplausos que se den a ellos mismos, desgraciadamente sigue oliendo a chamusquina marxista-leninista... a como se llame el perfume que se pone Maduro y Madurito...


PD: Me gustaría poder aportar datos de la tasa de letalidad de este virus en la actualidad pero es completamente imposible. El Ministerio de Sanidad dejó de portar datos fiables hace muchas semanas y los datos que se intentan extraer de las estadísticas de las Sociedades Médicas y del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) son contradictorios pues no sabemos a qué atenernos. No se puede saber por ejemplo si los fallecidos mayores de 70-80 años han muerto de coronavirus, con coronavirus, o de sus patologías previas. Hay muchos fallecidos en residencias y lo único claro es que han muerto sin ser diagnosticados ni tratados de sus patologías crónicas. Muchos de ellos han muerto de pena. Y solos.


lunes, 3 de agosto de 2020

Coronavirus. Visiones diferentes.

Coronavirus. Visiones diferentes en relación con la epidemia de Covid-19.

 

Visión epidemiológica. Los epidemiólogos trabajan con conceptos numéricos, es decir cuantificaciones estadísticas y tratamiento de datos (números) que son maquetados conformando diversas imágenes en forma de curvas epidemiológicas, de barras o histogramas de las que se obtienen datos matemáticos: curvas de exposición, periodos de latencia, patrón de propagación, magnitudes, tendencias, etcétera. Usan un vocabulario que ha calado en la sociedad con gran facilidad. Ejemplos:

 

-       Caso índice o primario. Puede ser un caso aislado (uno o dos miembros de una familia, sin propagación) o bien dar lugar a casos secundarios.

-       Casos secundarios o contagiados del primario, que si son varios pueden recibir el nombre de “brote”.

-       Brote, cuando se producen varios casos en un núcleo bien identificado (familiar o social) o se confirma la propagación interpersonal en un espacio determinado y bien localizado. (“Rebrote” no tengo ni idea que significa).

-       En espacios cerrados y aislados a veces un solo caso se puede considerar “brote”, por ejemplo, en las residencias de personas mayores y asilos, un solo caso debemos considerarlo como un brote.

-       Epidemia sería la propagación exponencial de brotes que se extienden geográficamente y que afecta a un número significativo de población como una ciudad, región o país en un tiempo determinado.

      

Ante la evidencia de epidemias, las “epi-curvas” incluyen histogramas de incidencias, tendencias, magnitudes y otras muchas variables estadísticas dependiendo de los criterios aplicados ya sea por región, edad, gravedad, ingresos hospitalarios, ingreso en UCI, exitus…

 

Los epidemiólogos no curan enfermedades, pero son una fundamental herramienta para los médicos clínicos pues aportan datos muy importantes porque predicen el periodo de incubación y de latencia de las enfermedades infecto-contagiosas y ayudan a conocer el efecto de las distintas terapias y medidas coadyuvantes.

 

La asociación entre médicos clínicos y epidemiólogos vigilantes es absolutamente constructiva y necesaria. La visión matemática de los estadísticos es indispensable para el control de brotes, para conocer la propagación de una epidemia, y para evaluar el resultado de las distintas terapias y acciones profilácticas, como por ejemplo el aislamiento de casos aislados y confinamiento de grupos de población.

 

Visión periodística. Informar, informar e informar; no puede ni debe ser otra. Y encomiable labor en rapidez y diligencia. Tanto si aparecen casos aislados asintomáticos, como si aparece un brote bien controlado y delimitado nos vamos a enterar en primera plana y con grandes titulares. El “rebrote” acecha por doquier y amenaza la estabilidad de la “nueva normalidad”. Yo personalmente echo de menos información adicional al respecto de los “rebrotes” periodísticos, pues es importante conocer si son casos aislados autóctonos o casos exportados que aparecen en los controles sanitarios obligados, si son casos-brotes confinados y controlados, si son sintomáticos o banales, si hay casos secundarios o hay riesgo poblacional. No es lo mismo tener brotes descontrolados y con pacientes graves en hospitales que sujetos asintomáticos en sus casas confinados con vigilancia médica continua. No es lo mismo. Pero la lectura de la noticia si puede ser igual de alarmante para el turista que piensa venir a recrearse y dejarse los jurdores en nuestros hoteles y bares. A eso me refiero cuando me quejo de ser quijotes y mas papistas que el papa santo de Roma.

 

Obligado dar gracias a la prensa (@abcdesevilla) que me ha dado la oportunidad de colaborar y aportar mi granito de arena informando del Coronavirus.

 

Visión Política. Ya hemos visto como ha actuado el “gobierno progresista” de Sanchez-Iglesias y aplaudidores en esta epidemia. Nos han contado una sarta de mentiras y nos siguen mintiendo con alevosía y ensañamiento. Son unos irresponsables que nos han maltratado a pesar del excelente comportamiento ciudadano, sin mascarillas, sin medios de protección para los médicos, sin auxilio a los mayores, sin pagar justamente a los profesionales que han dado la cara en los peores momentos poniendo en riesgo sus vidas… y que mantienen a un pobre ministro -filósofo él- y a un Don Simón que debe estar bien "satisfecho" para comportarse de esta manera tan irresponsable tapando las carencias y los embustes de los sinvergüenzas estos que no nos cuentan ni la cifra real de fallecidos. Espero que la Justicia caiga sobre ellos con todo el peso de la Ley.

 

Igual responsabilidad (irresponsabilidad) tienen para mi los periódicos y medios de comunicación pagados y/o atrapados en las redes fraudulentas de los partidos políticos que forman el “gobierno” de España. Diarios de gran tirada nacional o regional (en Andalucía tenemos un buen ejemplo) que callan las tropelías del “gobierno” central por miedo económico y justifican lo injustificable. Vasallos del paupérrimo nivel intelectual y cultural del “gobierno”.

 

Y aclaro que soy absolutamente partidario del gobierno de la actual Junta de Andalucía y de como está gestionando en estos momentos la crisis del los “rebrotes” del Coronavirus. Mi crítica a la obligación del uso de mascarillas en los paseos playeros no “desenmascara” ni debe se utilizada como ejemplo de mala gestión, es solo una apreciación personal e intransferible. Mi enhorabuena al gobierno andaluz y mi apoyo a su gestión actual.

 

Visión médica. Los médicos nos ocupamos de las personas enfermas individualmente, una a una, ya sea un caso aislado, forme parte de un brote y hasta de un “rebrote”. Tratamos pacientes con síntomas, o mantenemos a pacientes sospechosos en observación para intentar adelantarnos a la enfermedad. Somos conscientes de la realidad de cada uno de los enfermos que tratamos, personas que sufren en solitario, que tienen hijos, padres, familias… nuestra relación es con enfermos que sufren, no con datos, noticias ni politiqueos. Esta es la diferencia entre epidemiólogos y/o estadísticos con o sin presiones políticas o mediáticas y los médicos y sanitarios que atendemos a los enfermos en sus domicilios u hospitales. Esto creo que debe quedar claro y cristalino.

 

Los médicos nos preocupamos cuando vemos que hay pacientes con síntomas graves que necesitan tratamiento. Y cuantos más enfermos con similar patología por número de habitantes, más nos alarmamos. Y si muchos ciudadanos se ponen muy malos y nos vemos desbordados, pues pedimos ayudas y medios para no contagiarnos y poder seguir trabajando.

 

Y muchos médicos jóvenes y menos jóvenes han tenido que trabajar a destajo a pesar de las carencias materiales y de personal sanitario, con salarios infames...  gracias a los políticos “progresistas”.

 

Y queremos que se reconozca nuestro trabajo. En euros, como los de Don Simón.

 

Esta es mi visión de lo que ha sucedido y está sucediendo con la epidemia de Covid-19.


Publicado en ABC de Sevilla el 02/08/2020

 

 

lunes, 27 de julio de 2020

Coronavirus y estulticia

De manera que nosotros solos nos los guisamos y nos lo comemos. Nos guisamos a fuego lento los ingredientes que nos ofrecen los políticos y sus informadores a sueldo y nos comemos unos insípidos rebrotes de coronavirus a todas luces magnificados en números y letras.

Parece que los quijotes españoles estábamos deseando que ocurriera para darnos caña a nosotros mismos con mucho bombo y proclamando: “¿lo ves?, ¡lo que yo decía…!”

No se puede ser mas tontos. La estulticia nos acompaña como parte de nuestra carga genética, cromosomas que aportan ignorancia, necedad y estupidez supina que derrochamos a diestro y siniestro.

¿Qué tiene que ver lo que está sucediendo en España a 27 de julio de 2020 con lo que sucedió en febrero, marzo, abril y mayo de este mismo año?

En aquellos meses sufrimos una pandemia de un virus completamente desconocido para los médicos de todo el mundo. Virus de la familia Coronavirus que, aunque en España estábamos avisados por lo sucedía en otros países, las medidas socio-políticas tomadas en aquellos días de febrero y marzo dificultaron los controles sanitarios (apolíticos), impidiendo que los médicos pudiésemos detectarlo a tiempo y, para colmo de males, una vez detectado, tampoco los “gobernantes” pusieron los medios adecuados para evitar su propagación exponencial y su virulencia mortal sobre todo en las personas mayores y en aquellos mermados por patologías previas que complicaban su evolución. Así fue y eso es innegable. (El número de las mascarillas si mascarillas no y ahora mascarillas para coger cangrejos es del TBO…)

A los médicos y sanitarios en aquellos meses nos sorprendió la rápida propagación del virus -desconocíamos hasta su mecanismo de contagio y virulencia-, no teníamos medios adecuados para diagnosticarlo correctamente, trabajando con muy escasos y precarios medios de protección anti-contagio, por lo que los sanitarios sufrimos una alta tasa de infección y enfermedad con casos mortales como todos sabemos.

Tampoco conocíamos con precisión la fisiopatología del cuadro clínico que producía el Covid-19, pues se comportaba de manera diferente a otros virus de la misma familia, por lo tanto, al principio no supimos tratarlo eficazmente, ni dispusimos de los medios adecuados para su correcto manejo a todos los niveles: atención primaria, asistencia domiciliaria, ambulatoria, hospitalaria y cuidados intensivos.

El resultado de todo lo anterior ya lo conocen ustedes: confinamiento nacional, colapso sanitario y hospitalario en algunas regiones hasta con hospitales de campaña, morgues improvisadas, la economía del país paralizada, ruina económica, ERTEs, paro… Y el reciente rescate europeo por los pelos…

Y, lo más importante: más de 40.000 muertos (diga lo que diga el “gobierno”) que dejan muchas familias desoladas y rotas. No nos han querido facilitar la cifras de fallecidos por el Covid-19. Esperemos que la Ley les obligue a hacerlo por el bien de todos.

¿Y como estamos ahora?

España, al ser un país que vive del turismo y de la escasa agricultura productiva que aun nos permiten los especuladores, recibe un gran numero de visitantes de todo el mundo mundial ya sean turistas o trabajadores temporeros. Muchos vienen ya contagiados sin saberlo. Otros vienen a divertirse sin tomar precauciones de ningún tipo haciendo de la noche una gran fiesta con las discotecas abarrotadas. Esto es lo que se debe controlar.

Los ciudadanos españoles, salvo las excepciones de algunos grupos de jóvenes que se saltan las normas con nocturnidad y alevosía, estamos cumpliendo escrupulosamente las normas anti-contagio, hacemos uso de las mascarillas de forma responsable, mantenemos la distancia social convenida, evitamos aglomeraciones sobre todo en espacios cerrados y extremamos las medidas de higiene antivirus.

Existen brotes en núcleos familiares aislados que son detectados a tiempo y con seguimiento personalizado lo que permite realizar pruebas de PCR a los contactos. Se están aislando los positivos y sometiendo a cuarentena a los sospechosos, que colaboran ejemplarmente.

Hay brotes en barrios con mayoría de inmigrantes y temporeros que se están confinando y realizando test a todos los vecinos y prestándo asistencia sanitaria a todo el que lo necesite.

Y habrá más brotes, supongo, por las características de nuestra España querida que somos un país sin fronteras, acogedor y hospitalario (nunca mejor dicho).

Brotes que se están manejando con la eficacia de la experiencia acumulada y aprendida. Se están llevando a cabo test de detección PCR en todos los contactos de los positivos para cortar la cadena de propagación, medidas que se están mostrando eficaces unidas al aislamiento y confinamiento de sospechosos. Se están realizado tratamientos domiciliarios preventivos con muy buena tolerancia por los pacientes.

El resultado es que los pacientes contagiados a día de hoy, muy pocos necesitan ingreso hospitalario y la incidencia de ingresos hospitalarios y en UVI es mínima. En la práctica, no hay casos de fallecidos en estos rebrotes veraniegos.

Los médicos y enfermeros conocemos mucho mejor que hace meses los mecanismos de contagio del virus y sus artimañas, tenemos más medios a nuestra disposición para combatir la enfermedad que produce -SRAS Covid.2- pues conocemos su fisiopatología y su idiosincrasia y podemos adelantarnos a las complicaciones con antibióticos,  antivirales, corticoides y anticoagulantes…

El manejo terapéutico del paciente grave por SARS Cov.2 ha ido enriqueciéndose día a día con los estudios y ensayos clínicos que se están llevando a cabo en multitud de hospitales de todo el mundo. Hasta se habla de vacunas que ya se están experimentando en voluntarios humanos con muy buenos resultados.

Los Hospitales están prevenidos y preparados con sistemas anti-contagio para los profesionales, circuitos independientes para los pacientes, salas de aislamientos, UCIs con respiradores de última generación y, lo que es más importante, personal sanitario entrenado y capacitado para tratar con la máxima eficacia a los pacientes con Coronavirus.

Ahora que empezaban a venir los turistas a España, es decir el dinero, el negocio, la industria, la riqueza… nosotros mismos los espantamos con nuestra estulticia.

Y algunos hasta se alegran.

domingo, 19 de julio de 2020

Mi Fango de El Rompido

Los primeros recuerdos que tengo de El Rompido, allá por finales de los años 50 y primeros 60 son de “el fango”.

Mi padre me llevaba a pescar en el bote de “El Gallo”, o de “Calentura”, de “José Catalina” o de cualquiera de sus amigos marineros rompieros. Y siempre teníamos que meternos en el fango para embarcar y más tarde para desembarcar la pesca abundante que siempre ofrecía la ría de El Piedras. Era un momento mágico a la caída de la tarde volver al fondeadero natural de embarcaciones marineras cargados de doradas, robalos, bailas, sargos, chocos… nunca olvidaré ese olor mezcla de brea, de estopa, de pescado y de fango rompiero.

Recuerdo la sensación de pisar las primeras veces este fango prodigioso que parece estar vivo (lo está) y ve introduciendo entre los dedos mientras el pie se hunde en sus entrañas hasta encontrar soporte de fango más endurecido. Entonces aprendimos que son inútiles las chanclas y las sandalias para caminar por esta superficie de oscuro barro con aspecto de brea y que lo mejor es ir descalzo y saber apoyar con cuidado evitando los ostiones y cortaderas que se esconden en sus fondos y que todos hemos padecido alguna vez en nuestra infancia y juventud.

Nuestros primeros baños en la ría siempre fueron sobre el tapiz de este fango, al que pronto le perdimos el miedo, y se convirtió en amigo y camarada de juegos. También servía de objeto de bromas a los novatos que llegaban al Rompido, algunos tan melindrosos que se negaban a bañarse… hasta que los envolvíamos en fango como a croquetas.

El fango se pegaba a nuestra piel formando una saludable protección mágica que curaba picaduras, rasguños, erupciones y quemaduras; revolcarnos en el fango era un placer, mientras esperábamos que subiera la marea para bañarnos en la “punta de los catalanes”.

El fango de El Rompido ha sido y es una fuente de vida y riqueza. La vida en El Rompido entonces giraba en torno a la luz de la ría y de su fango.

Fango que era criadero natural de suculentos ostiones que se recolectaban y secaban al solo para fabricar pienso abundante en nitrógeno.

Fango surcado de caños donde se crían el barrilete con sus suculentas “bocas” y las cangrejas deliciosas.

Fango lleno de vida interior donde conviven los verdigones, las almejas finas, las cañaillas, los longuerones, las albiñocas, las gusanas, anémonas, caracolas…y también los safíos y las morenas.

Fango suministrador de carnada para la pesca de la dorada y de la corvina, o para rellenar un plato de riquísimos verdigones al vapor recién cogidos, de bocas, de almejas…

Mis hijos han pasado bajamares enteras cogiendo bocas con su cubo y su pala y ahora son mis nietas las que están disfrutando de este fango prodigioso.

Durante muchos años este fango ha servido para mantener aislado al Rompido de forasteros cursis que menospreciaban este paraíso “porque no tenía playa…” y no saben bien cuanto le agradecemos que se fueran con viento fresco los que hemos disfrutado de su ausencia.

Los que hemos tenido la suerte de vivir varios meses al año desde niños en El Rompido y de disfrutar de este Macondo andaluz, -donde a veces descubríamos cosas que no tenían nombre- somos unos privilegiados y todos mantenemos una especie de secreto en común referente a esos años prodigiosos de nuestra infancia y juventud.

Yo he tenido la fortuna de vivir aquí unos años ejerciendo de médico y podría escribir un estudio sobre las propiedades sanadoras del fango del Rompido, sobre todo para combatir picaduras de insectos, de medusas (aguas malas) y arañas.

Y yo sigo teniendo el privilegio y la suerte de poder disfrutar del fango todos los días tan solo con andar unos pocos metros desde mi casa. Mis nietas juegan todos los días con el fango y ya saben coger barriletes. Mi nieto Celso, que pronto cumple un año ya lo ha probado y saboreado y parece que le gusta…

Este es mi Fango del Rompido.

Bendito Fango.

¡Viva la Virgen del Carmen!


jueves, 16 de julio de 2020

Al fango con mascarilla

Despertamos hoy 15 de julio de 2020 con la orden de la Junta de Andalucía de llevar mascarillas hasta en las playas. 

Una medida que no se corresponde con la situación sanitaria actual en Andalucía, donde tenemos una incidencia de casos acumulados por cada 100.000 habitantes menor de 1 (0,8 Andalucía y 0,38 en Huelva), con muy pocos casos activos, la mayoría de ellos asintomáticos y prácticamente ningún ingreso hospitalario…

Es decir, esta es una medida absolutamente populista y política, pues la Junta de Andalucía ha decidido cogérsela con papel de fumar rizando el rizo de lo politicamente correcto y está poniendo parches (mascarillas) a todo quisqui , incluso en un espacio de contagio tan difícil como es una playa llena de sol ultraviolético esterilizador, arenas blancas refulgentes de calor y agua purificadora de virus variados.

Comprendo -señores de la política cuántica- que ustedes quieren poner el parche antes de que salga el grano y que más vale prevenir que curar, pero pasearse con una mascarilla por la orilla de la playa, donde sopla el viento en las cuatro direcciones, el Lorenzo reseca el moquillo enseguida, y los paseantes casi siempre son de la misma cuerda… me parece que en las circunstancias actuales están ustedes haciendo un paripé de los gordos.

Yo sé que ustedes saben que son los inmigrantes o migrantes (quien sepa la diferencia lo convido a una mascarilla waterproff) los que como temporeros con o sin papeles están llegando a nuestra región y a toda España sin las medidas profilácticas y preventivas sanitarias adecuadas, pues no se le somete a la preceptiva cuarentena en la frontera o bien ellos se pasan la frontera por el forro de los pantalones cortos.

Estos señores, la mayoría africanos, que acuden a la llamada podemita del vicepresidente del gobierno de España y entran casi todos por Andalucía, como digo, estos señores no se someten a las pruebas preceptivas de coronavirus ni a cuarentena alguna, sino que inmediatamente (alegremente) buscan alojamiento, algunos de ellos por el socorrido método de la “okupación” de viviendas, -tan bien visto por nuestros gobernantes- y posteriormente celebran el evento reuniéndose con numerosos miembros de su comunidad acogiéndose a sus ritos y costumbres, que ríanse ustedes de las botellonas de nuestros jóvenes… (Nuestros jóvenes que han realizado un confinamiento ejemplar y están en su tierra, teóricamente con bajo riesgo de contagio en la actualidad)

Pero estos inmigrantes-migrantes, venidos de más allá de nuestras fronteras, una vez “instalados” tienen aprendida la lección y acuden raudos a realizarse los test de PCR o serológicos que, curiosamente, muchos suelen dar positivos, y pasan a formar parte de las estadísticas españolas de “casos positivos” o “contagios”. No esperen ustedes aislamiento ni cuarentena ni mascarillas ni distancias ni vigilancia sanitaria ni controles ni ná de ná.  Lo normal es que una vez que se hagan la prueba y recojan los papeles (necesarios para justificar su estancia por estos lares) desaparezcan de los controles sanitarios sin dejar rastro.

El segundo paso gubernamental -una vez instalados y con el resguardo del hospital- es solicitar “la paga” prometida, hay muchas donde escoger, acogiéndose a una de las variadas opciones que tienen, dependiendo del país que provengan; los que se declaran prófugos de países en guerra creo que cobran más de mil pavos y tiene derecho a residencia como refugiados, es decir a votar. Eso sí, con mascarilla.

Las normas son para cumplirlas señores, pero para que las cumplamos todos por igual, los residentes, los temporeros, los migrantes, los inmigrantes y hasta Juanito Valderrama que en Paz Descanse.

Éramos pocos y parió la abuela, señor Consejero de Salud de la Junta de Andalucía… que por cierto creo que lo he visto paseando por El Rompido este ultimo fin de semana.

Bienvenido al fango con mascarilla.



viernes, 12 de junio de 2020

Coronavirus y evidencias.

Recién entrados en fase 3 y después de más de cinco meses de pandemia por SARS Covid.2, podemos extraer algunas conclusiones basadas en la evidencia que tenemos los médicos de como se comporta este virus en relación con los humanos.

Es evidente que se contagia principalmente por vía respiratoria, es decir que sale exhalado de nuestro cuerpo por las emisiones al hablar, toser o estornudar y entra en el organismo por la misma vía al inhalar y contaminar las mucosas de boca, nariz y garganta donde se produce la primera fase del contacto entre el virus y el huésped.

Es evidente que esta situación se ve favorecida por el contacto cercano entre portador de virus y la persona susceptible sobre todo por besos, abrazos y contactos manuales, por eso los contagios se facilitan en agrupaciones multitudinarias y especialmente con la convivencia en espacios cerrados, sobre todo si estas circunstancias se mantienen en el tiempo.

Es evidente que las medidas de confinamiento de la población han tenido un efecto eficaz frenando la propagación exponencial en un corto espacio de tiempo e impidiendo el colapso del sistema sanitario por la incidencia de casos graves que han precisado hospitalización tanto en planta como en UCI.

Es evidente que el aislamiento en cuarentena de los casos sospechosos y/o confirmados hasta que hayan pasado el periodo de portador-contagiador, será siempre norma básica y fundamental para interrumpir la cadena de contagio.

Es evidente -y así lo dije desde el principio de la epidemia- que el uso de mascarillas por la población general, la distancia social de unos dos metros (alcance respiratorio de los inóculos contagiosos) y la descontaminación de las manos con lavados frecuentes o soluciones antisépticas son lo mecanismos de prevención de contagios más eficaces para la población susceptible.

Pero también es muy evidente que el virus no contagia a todas las personas por igual.

Es evidente que conocemos casos de pacientes que han sufrido enfermedad grave estando en contacto estrecho con su núcleo familiar, pero que no han contagiado a sus cónyuges, hijos, padres ni hermanos a pesar de la convivencia diaria.

Es evidente que ha habido muchos casos de contagiados que han pasado la enfermedad completamente asintomática pasando desapercibida y creando anticuerpos, sin haber sido foco de infección para las personas con las que conviven.

Es evidente que este virus tiene una baja tasa de infectividad poblacional, siendo la inmunidad grupal después de esta primera epidemia en España en torno al 5% de la población.

Es evidente que debemos estudiar y encontrar la relación entre el SARS Covid.2, los mecanismos de contagio-infección, la inmunidad natural y adquirida, la evolución de enfermedad y la producción de anticuerpos que confieran inmunidad.

Es evidente que el virus afecta con mayor virulencia y gravedad a las personas cuanta más edad tengan. También hemos observado que determinadas comorbilidades hacen más grave la infección y producen más complicaciones y muertes en los infectados: edad avanzada, patologías previas cardio-respiratorias, obesidad, diabetes, determinados tipos de cáncer, tratamientos previos y patologías autoinmunes subyacentes y otras patologías que alteran el equilibrio del sistema inmunitario.

Es evidente que cuando la infección SARS Cov.2 se extiende por el organismo de estas personas predispuestas parece que se aprovecha de deficiencias en el sistema inmunitario ya sea por agotamiento biológico natural, o por déficit adquiridos como descenso de inmunoglobulinas, alteraciones en los leucocitos con baja tasa de linfocitos CD4/CD8, disfunción del sistema del complemento, alteraciones de las citoquinas, etcétera, causando graves complicaciones incluyendo infecciones oportunistas y daños derivados del trastorno del sistema defensivo.

Es evidente que los niños y jóvenes, que por lo general tienen un sistema inmunitario innato y adaptativo en condiciones óptimas, han tenido una baja tasa de contagio y si se han contagiado no han sufrido patología alguna o muy leve.

Pero desgraciadamente y a pesar de eso, es evidente que han muerto un número elevado de personas durante estos meses de epidemia. No sabemos exactamente cuantos, es evidente, pues el “gobierno” juega al trile también -como con casi todo- con las cifras de contagiados y fallecidos.

Es evidente que cuando rellenamos un certificado de defunción tenemos que diferenciar varios apartados:
-       Antecedentes de interés. Son aquellas patologías previas que pueden verse afectadas por la causa inicial y desencadenar la causa inmediata de la muerte: Diabetes, arteriosclerosis, miocardiopatías, EPOC, cáncer…
-       Causa inicial o fundamental. Es la enfermedad o lesión que inicia los acontecimientos que van a desencadenar la “causa inmediata” de la muerte. Ejemplo: Infección por coronavirus. (15 días)
-       Causa intermedia o antecedente: Patología que partiendo de la causa inicial desencadena la causa inmediata del fallecimiento. Ejemplo: neumonía bilateral. (7 días)
-       Causa inmediata. Es la enfermedad, daño o complicación que precede inmediatamente a la muerte y la causa final del deceso. Ejemplo: Shock séptico. (1 día)

A la vista de esto podemos convenir que cualquier persona que no padezca patologías previas y enferme por coronavirus, tenga una neumonía bilateral y a pesar de todo tipo de tratamientos fallezca, se considera un muerto por coronavirus. Indudable.

Es evidente que los pacientes denominados “de riesgo” que tienen antecedentes de hipertensión, insuficiencia cardiaca, bronquitis crónica, asma, obesidad, diabetes o su sistema inmune esté alterado por causas previas, cuando se infectan por Covid y padecen una neumonía mas o menos grave, es muy probable que acaben sufriendo además cualquier complicación como descompensación de su insuficiencia cardio-respiratoria, trombosis, sobreinfección por bacterias, sepsis, shock, insuficiencia renal y éxitus.

Y es evidente que al principio de la epidemia cuando empezaron a colapsarse las Urgencias de los hospitales por muchos de estos enfermos añosos con infecciones respiratorias y asfixia grave, se cometieron muchos errores en el tratamiento y no se aplicaron con eficacia ni ecuanimidad las medidas básicas de tratamiento de soporte vital. Creo que en muchos casos se negó incluso el acceso a los hospitales a muchos de estos pacientes mayores manteniéndolos en sus residencias o en sus domicilios. Creo que a la mayoría se les aplicó tratamiento paliativo o sedación profunda sin haber siquiera intentado tratamientos curativos con oxigeno, corticoides y antibióticos.

Supongo que este será uno de los motivos del “baile” de cifras de fallecidos por Covid-19. El “gobierno” dispondrá lo que le convenga para mantenerse a salvo de críticas, como es lo habitual.

Pero es muy evidente que durante estos meses un elevado número de personas han muerto tristemente alejados de sus familiares, sin consuelo ni compañía. Mi más sentido pésame a todas las familias.

Y es evidente que esta injusticia no debe volver a pasar.

Publicado en Tribuna Abierta. ABC de Sevilla el 12/06/20