Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

lunes, 26 de julio de 2021

Verano 2021

Este verano que cursamos en 2021 es para mi muy especial. 

El día 1 de julio cumplí mis primeros 65 años de vida, una edad que todo el mundo parece identificar con la jubilación, es decir con la vejez. Como la jubilación no entra en mis planes de futuro para los próximos… digamos diez o doce años, ni siquiera pienso en esa opción, que por cierto cuando me corresponda por tiempo trabajado y edad, calculo que será mi ruina económica si algún partido político, bonoloto, cuponazo, euromillones, lotería o herencia de una tía abuela millonaria desconocida no lo remedia en forma de pelotazo gordo. 

Los años sesenta y cinco me los tengo merecidos, gracias a Dios, y los llevo tan feliz y tan contento, bien vividos y siempre procurando estar con buenas compañías, como me decían mis mayores desde pequeño. Los tóxicos cuanto más lejos mejor. 

Me encuentro bien en general y salvo goteras articulares y una más que acusada sordera que me caracteriza por parecer a veces gilipollas cuando me hablan, no ando mal del todo físicamente. Ahora parece que con estos estreses de los dos últimos años pasados mi presión arterial se ha rebrincado un poco y he empezado hace una semana a tomar una pastillita, más que nada preventiva, me dice mi médico, que por suerte para mi son dos -como Cáceres y Badajoz- mi hija Ana y su querido esposo mi “compadre” David León… Es decir, estoy mas vigilado que Fort Knox, que si la sal, las grasas, las copas, el estrés, el descanso, el deporte… menos mal que el chequeo reciente estaba todo bien y tengo argumentos suficientes para tomarme unas cuantas birras todos los días. 

Tengo que reconocer que he llegado al final de este curso laboral bastante estresado por una carga acumulada y excesiva de pacientes atendidos diariamente en las consultas. 

Reconozco que este año he sufrido estrés como hace ya muchos años que no lo padecía. El Covid nos ha exigido a todos los sanitarios un sobresfuerzo. Yo no he estado en primera línea de combate, (como mis médicos antes mencionados, que han estado y están en primerísima línea de atención a infectados y enfermos de Covid), pero he aumentado bastante el horario de las consultas para intentar que ningún paciente se quedara sin sus revisiones post-Covid o bien para seguir atendiendo a pacientes de sus revisiones programadas o de patologías de nueva aparición. 

He tenido que atender a pacientes de otros compañeros que han estado dedicados exclusivamente a hospitales, o tristemente de baja por enfermedad, por lo que mi agenda diaria durante este último año ha estado rebosante de sobrecargas y urgencias. He dedicado mi tiempo libre a seguir atendiendo pacientes por video, telemedicina, teléfono, correo electrónico y hasta whatsapp, hasta altas horas de la noche y fines de semana… La angustia de los pacientes a veces se traslada al médico, y eso no es bueno. Aprovecho para pedir disculpas a aquellos pacientes a los que por estrés no los haya atendido con la paciencia y la tranquilidad necesaria, mis disculpas sinceras. 

Debido a este estrés este verano he adelantado algo mis vacaciones, por indicación de la collera de médicos que tengo. 

Desde le día 15 de julio estoy en El Rompido en terapia de grupo. Mi grupo de terapia es maravilloso: María José, mi primera mujer, una grande donde las haya, la mejor compañera que se puede tener; mi hija Ana y David (los galenos vigilantes de la playa) y mis tres ángeles Celsa (10), Leonor (8) y Ana (6); mi hijo Celso, Paloma su mujer y sobre todo mi nieto Celso IV (2) que está para comérselo de gracioso.

Casi todos los días hacemos terapia de grupo en el Huevofrito navegando hasta la punta de la barra donde están las playas más bonitas del mundo, porque dependiendo del viento y de la marea cada día tenemos un escenario distinto para el baño: piscina, olas, corrientes, jakuzi, spa… hay que saber donde ir. 

Mis paseos diarios por la orilla de la playa conversando con mis viejas amigas las gaviotas, saludando a los correlimos y charranes pescadores como halcones, interrumpiendo el festín de un banco de peces, mis andares con el agua a media pierna para fortalecer mis rodillas gastadas, mis baños en pelotas vivas dejándome llevar por la corriente… 

Familia, amor, vida sana, mucha comunicación, naturaleza, dejarse llevar, no excesos insensatos, evitar las malas compañías… esta es mi mejor medicina…