Yo nací en pleno “franquismo”. Con eso quiero decir que en mi casa no se hablaba de política ni de políticos ni de economías ni de hacienda…
Desde pequeño oía hablar de “El Generalísimo Franco”: Francisco Franco Bahamonde, con su cara de apeseta y su uniforme con faldita era una imagen continua y repetida en nuestra vida, un "ente" superior muy cercano al dios todopoderoso que otorgaba o condenaba sin que (yo por lo menos) nos preguntáramos absolutamente nada de nada… Lo veíamos a diario en la tele, en los NoDos, en la radio y en los periódicos. Siempre estaba inaugurando pantanos o pasando revista a las tropas o presidiendo Juegos Florales o pescando salmones, o navegando, o teniendo nietos… era el mejor en todo: por tierra, mar y aire… en la caza y la pesca… insuperable. Franco.
Esos años desde que nací en 1956 hasta que tuve contacto con la realidad social y “política” de España fueron unos años de gran felicidad para mi. Mis amigos y yo disfrutamos de una gran tranquilidad social: no existía la delincuencia callejera, ni los canis, ni los chorizos, ni los tironeros, ni los gorrillas… sí había “rateros” de autobús y “descuideros” de parques, pero las calles eran un paraíso de seguridad y tranquilidad, aunque volviéramos a casa de madrugada andando solos por los sitios mas oscuros… al final te saludaba el sereno que abría ceremoniosamente la puerta del bloque… y a dormir placidamente.
Por aquel entonces se respetaba la propiedad privada y se valoraba la edad de las personas. Era cuando nos dirigíamos a los profesores de usted y nos poníamos de pie en silencio cuando entraban en la clase. Cuando los padres tenían autoridad y se hacían respetar sin gritos ni tortazos a destiempo, solo con una frase o una mirada. Cuando parábamos de jugar al futbol (y cada uno se quedaba estático en su sitio) cuando una señora pasaba por la calle. Cuando en los bares no entraba los niños chicos berreones y se podía hablar y tomar un aperitivo sin chillar. Cuando cada uno vivía en su barrio sin molestar ni apabullar a los del barrio de al lado…
Esa era la España de mi niñez: Franco a todas horas, el ejercito muy presente en todos los ámbitos, con las milis eternas, los soldados de paseo por las tardes en parejas, ligando con las “muchachas”… y los curas dando por culo todo el santo día.
En mi curso de Portacoeli teníamos como compañero al buenazo de Mariano Borrero Carrero. El 20 de diciembre de 1973, nos dieron las vacaciones de Navidad -me acuerdo que era un día de sol y estuve jugando al tenis en Piscinas Sevilla- de pronto alguien dijo:
-“La Eta ha matado a Carrero Blanco…”
- “¿Quién es Carrero Blanco?”- pregunte yo intrigado.
- “El abuelo de Mariano Borrero” – contesto alguien.
- “¿Y porqué han matado al abuelo de Mariano?- pregunté yo desconcertado.
- “Es el Presidente del Gobierno…”
- “¿De que gobierno…? ¿Aquí no manda Franco?”
Así llegué yo a “la politica”… con diecisiete años y sin saber que en mi país –España- existía un Gobierno con unos Ministros, y que un grupo de independentistas vascos habían organizado una banda de terroristas asesinos con el objeto conseguir no se (todavía) cuales metas, sembrando España de asesinatos y actos de terrorismo inhumanos.
Así, casi sin querer, empezó mi interés por “la politica”. Mi curiosidad natural me llevo –como siempre- a hacerme muchas preguntas, a hacer demasiadas preguntas a veces, a leer todos los periódicos y revistas que caían en mis manos (Informaciones; Cambio16, La Codorniz, Hermano Lobo, etc) y a cuestionarme muchas “verdades” aprendidas tanto en mi casa como en el colegio de los Jesuitas.
En 1975 entré en la Universidad. Facultad de Medicina en el Hospital Universitario Virgen Macarena. Aquel octubre estaba tremendamente “caliente” el ambiente en mi Universidad. Los radicales (Joven Guardia Roja, Trosquistas, Comunistas) cada día convocaban una asamblea e impedían el desarrollo normal de las clases. Yo asistía a casi todas las asambleas, hasta que me aburrís de escuchar los gritos achuchandonos a manifestaciones diarias, huelgas, algaradas, etc. Un par de veces entraron “los grises” con las metralletas colgando y nos hicieron salir del Aula Magna. Yo me piraba a un bar cercano y me desimpresionaba del susto con un par de tanques de birra. Nunca acudía a manifestaciones de las de correr delante de los caballos de los grises ni me dieron ningún fustazo, gracias a Dios.
Murió Franco (en contra del criterio médico) y llegó el Reino de Don Juan Carlos I. Como no soy Monárquico no me manifiesto al respecto.
Llegaron los primeros partidos políticos. Yo, no se como ni porqué, me deje llevar a unas reuniones en los jardines de La Pastora, en la Ronda de Capuchinos, que organizaba un partido político “Izquierda Democrática” liderado por Joaquín Ruiz-Jimenez. Creo que me pidieron hasta mi nombre y apellidos, pero no sé si llegué a estar “afiliado”. Nunca más Santo Tomás.
Y llegó 1977 y las primeras elecciones democráticas. Lo que sí sé es que yo voté a “mi partido” I.D. en esas primeras elecciones. No conseguimos ni un escaño. Recuerdo aquellas primeras elecciones democráticas con gran alegría, todos estábamos exultantes, los partidos gastaban el dinero a espuertas, todos mis amigos pegando carteles durante toda la noche trincandose sus buenos duros… y yo duerme que te duerme… no he pegado un cartel en mi vida… se siente.
En las posteriores elecciones he prestado mi voto siempre con grandes esperanzas puestas en los por mi votados, a quien me ha ido pareciendo: a la UCD de Suarez, al PA de Alejandro Rojas-Marcos, al PSOE de Felipe Gonzalez, al PP de Aznar… es decir, le presto mi voto al partido que creo que en cada momento pueda ser mas beneficioso para todos los españoles. Como no tengo afiliación alguna ni compromiso con ningún político, cada vez que voy a votar y me meto en la cabina yo conmigo mismo, me desabrocho la correa, me separo los pantalones, le doy un vistazo a mis guiguis… y entonces voto. Eso es lo hacíamos todos los españoles de bien hasta hace unos años. Votar en conciencia y a quien nos sale de los cojones.
Pero ahora, me refiero a los últimos seis u ocho años, sucede una particular circunstancia: todos los votantes somos Gilipoyas. Me explico:
- Los que votamos al PP somos unos putos fascitas que no queremos “el progreso” ni “la democracia”, solo queremos capitalismo y dictadura, doberman, gomina, despidos, enriquecimiento…
- Los que votamos al PSOE somos unos “paniaguados”, unos socialistas de boquilla, mas preocupados de trincar que de trabajar, enchufados a la facil burocracia y a la vida sindical subvencionada…
- Los que votamos a cualquier otro partido político somos gilipoyas, porque ese voto no sirve para nada… es un voto inútil.
Yo lo único que tengo claro es que todos estos años de democracia en España a quien de verdad les ha venido bien a sido a las dos Autonomías Separatista: a Vascos y Catalanes.
Y nosotros, los Andaluces, seguimos tragando con la Autonomía de mojones que tenemos… visto lo visto no necesitamos Parlamento ni Consejeros, ni nada que se le parezca… reconozcamoslo…
Siempre nos han mandado desde Madrid y seguramente a partir de dentro de un mes desde Bruselas…
He dicho.