Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Mi Rio Piedras


   Me lo ha mandado mi hermano José María y quiero que lo leáis.                                                    
Amanece en la orilla de la ría, la brisa suave del sur trae el aroma a salitre y marisma que queda en la bajamar, las pateras vienen de recoger los trasmallos con su carga de chocos, lenguados y mojarras mezcladas con las algas, trasmallo que los marineros cargan sobre sus regazos para limpiarlos y volver a calarlos. Esa fusión de olores entra por la ventana de mi cuarto abierta en esta mañana de agosto y no hay un perfume más maravilloso y que quedará grabado siempre para mi.

Estamos en la ribera del rio Piedras, en el sitio llamado El Rompido, asentamiento marinero que antaño era de chozas y después casitas bajas de marineros. El rio Piedras nace en la zona del andevalo, términos del Almendro y Villanueva de los Castillejos donde es un pequeño arroyo y baja alegre por la Tavirona mezclándose ya con el agua salobre que viene de la mar, besa a Cartaya en la ribera serpenteando los caños donde los barriletes hacen sus agujeros para taparse cuando sube la marea, se hace grande por el Terrón donde los barcos de pesca de los leperos esperan el atardecer para salir a calar sus artes en la desembocadura del rio y volver por la mañana con su preciada carga de toda clase de pescados, mariscos y moluscos, preciado tesoro que tiene esta maravillosa costa de Huelva.

Mis padres tenían una casita de estilo marinero en la misma orilla de la ría, hoy paseo marítimo, donde pasábamos el verano y casi todas las vacaciones del año. Allí mis hermanos y yo nos criamos andando todo el día descalzos y en bañador, bañándonos según fuera la marea por la mañana o por la tarde, cogíamos bocas y camarones en los cañitos que se quedaban en la bajamar manchándonos de ese bendito fango que ennegrecía todo nuestro cuerpo, para nosotros era un paraíso y nadie en Sevilla se creía las cosas que les contábamos cuando volvíamos pues era totalmente diferente a un veraneo tradicional. Teníamos pandillas de amigos y jugábamos con los niños nativos del pueblo,  éramos como una gran familia y nos conocíamos todos.

 Mi padre siempre tuvo barquitos de madera con motor interior (los viejos Diter, FiTa, Perkins..), de los que hacia Carrasco, un maestro carpintero de ribera de Cartaya. Salía todos los días al amanecer a pescar con su íntimo amigo Pedro Toronjo con el que se llamaba hermano, la mayoría de los días venían cargados de robalos, bailas y anchovas que mi madre guardaba en el congelador que siempre estaba lleno hasta arriba; también en las mareas cortas pescaban la corvina cogiendo ejemplares que llegaron a los cuarenta kilos, el tío Pedro las limpiaba en el patio con la maestría que le caracterizaba y entre trago y trago de vino se terminaba en una fiesta.

El Rompido pueblo tenía su núcleo alrededor de la iglesia, pequeña capilla de la Virgen del Carmen, que se pudo construir con fondos aportados por el ayuntamiento de Cartaya, los vecinos y los escasos veraneantes; había solo una tienda, la de Gertrudis, con lo esencial para la cocina y la casa, pero  por las mañanas los hortelanos con sus burros y jangarillas traían a las puertas de las casas todos los maravillosos frutos de sus huertas, verduras y frutas que tenían un sabor único e irrepetible; las mujeres de los marineros traían también las almejas, lenguados, chocos, y otros peces vivos que sus maridos pescaban al amanecer, manjares que hoy tendrían un valor incalculable y nosotros los teníamos en la puerta de casa.

Había muy pocos bares en el pueblo, el de Fidel, el de la Calañesa donde los marineros se tomaban la copita de aguardiente antes de salir a la mar y el del Paseo, este era un cobertizo con una terraza a orillas de la ría donde su dueño Manuel, hostelero de Huelva que se venían a pasar el verano con su mujer y nos alegraban la vida a todos los vecinos de esa parte del pueblo. Manuel se tomaba su copita con los clientes y su mujer hacia las tapas típicas de la zona con vinitos del condado y por las noches era parada obligatoria para la cervecita y la tertulia bajo la luz de la luna y escuchando el oleaje de la otra banda. Entonces apenas se veían forasteros.

Los domingos por la mañana mi padre no salía a pescar puesto que era día de baño y nos íbamos toda la familia en el barco a la punta de la barra, donde desemboca el rio; llevábamos la nevera con bebidas y tortillas que había hecho la tata Reme y pasábamos todo el día bañándonos y cogiendo coquinas que estaban a millares llenando los cubos hasta arriba, venían más barcos de excursión con nosotros, Pedro Toronjo, Antonio Gordon, Tío Manolo y los primos… y allí pasábamos una jornada inolvidable, regresando a la caída del sol que se ponía por la Casa el Palo y sus últimos rayos se reflejaban en la ría pareciendo un espejo dorado solo alterado por los chapuzones de los charranes que se sumergían detrás de los pequeños boquerones que entraban en la ría.

Nuestra vida diaria giraba siempre entorno al rio. Con marea baja nos lo atravesamos nadando para ir a la otra banda y cruzar al mar por la vieja Almadraba hasta llegar a la playa inmensa y solitaria que teníamos la suerte que era para nosotros solos, donde nos bañábamos desnudos y corríamos detrás de las gaviotas que esperaban cansadas que las levantáramos. Con marea alta nos bañábamos cada día en un sitio de la ría y nadábamos hasta los barcos para tirarnos de cabeza al agua. Barcos marineros que fondeados esperaban la caída de la tarde para con el run run de sus motores salir para la mar: la Blanca Paloma, Hermanos Hurtado, Pichí, Frasco y el Colorao, los Gila, Calentura, el Gallo, el Chulo… nombres que nos sabíamos los chiquillos de memoria y los veíamos entrar por la mañana y decíamos su nombre nada más que por el ruido del motor.

El día de la Virgen del Carmen eran las fiestas del pueblo, se celebran el ultimo fin de semana de julio, había pasacalles y cabezudos, tiro al plato, carreras de botes a remos y por la noche verbena en la plaza con baile y orquesta, nos lo pasábamos muy bien, participábamos todos vecinos y visitantes, era una fiesta familiar que culminaba el domingo con la procesión de la Virgen del Carmen por la ría montada en un pesquero y acompañada por todos los barcos del Rompido, pesqueros y de recreo, donde José Catalina -el más viejo Patrón- tocaba su caracola anunciando la llegada de la Virgen a modo de maravillosa corneta marinera para que todos la acompañáramos a lo largo de la ría del Piedras bendiciendo sus dos orillas.

Ya hace tiempo que me fui, ahora estoy en otro pueblo que también quiero mucho, son otras costumbres, es un pueblo del aljarafe sevillano donde vivo y soy feliz pero cuando el foreño sopla fuerte y estoy por el campo de pronto me viene olor a salitre y me paro y cierro los ojos y por un momento me siento que soy ese niño que cogía bocas en la bajamar y me bañaba en la punta siempre mirando a levante por si a media mañana veía aparecer por la lejanía el Merchi para ir corriendo a esperar a mi padre.

                                  JOSE MARIA PAREJA OBREGON              

                                  Villanueva del Ariscal  9 de Febrero de 2020


Coronavirus 2020

Aquí os dejo mi opinión personal e intransferibles acerca del Coronavirus 2020...
Espero que sea util y aclare un poco las dudas que podamos tener. Estaremos atentos a las noticias que se vayan produciendo e iremos informando.

Saludos cordiales o todos.

Zorzales en manteca.


Ingredientes:

Zorzales cazados el día antes, pelados y destripados. Como unos cien…
Manteca de cerdo. Un cubo.
Romero, tomillo, orégano… en ramas aromáticas.
Granos de pimienta negra y de colorines.
Sal. Sin pasarse.
Una orza grande de barro, que quepan los pájaros.
Una chimenea espaciosa.
Leña y brasas abundantes.
Una garrafa de 5 arrobas de mosto del aljarafe (Umbrete o Villanueva del Ariscal, por ejemplo)
Aceitunas variadas. Rábanos frescos.
Chorizo picantito, del blando. Chacinas variadas, si ustedes gustan.
Pan y regaña a discreción.
Aceite de oliva virgen extra de primera prensa en frio… arbequina me gusta a mí.
Una guitarra (opcional)

DIFICULTAD: Para tontos como yo.

TIEMPO: Unos 2 días…

PREPARACIÓN:

La noche anterior se deja la chimenea con bastante leña (encendida) con objeto de tener abundantes brasas desde por la mañana.

Cójase la orza y vayan depositándose en su interior capas de zorzales, sal, pimienta, ramas de hierbas aromáticas y repítase la operación hasta unos 4/5 de capacidad de la orza.

La manteca de cerdo se ha de derretir a la vera del fuego hasta que esté líquida y muy calentita. Una vez llegado a este punto se arrima la orza a la chimenea y se le vierte por encima la manteca líquida hasta casi el borde.

Después del Angelus podemos inaugurar la garrafa de mosto, las aceitunas y los rábanos. Las viandas embutidas irán pidiendo la vez a su natural cadencia.

En las primeras doce horas mantenemos la orza cerca del fuego sin que llegue nunca a hervir el guiso (muy importante) y daremos giros de ¼ de vuelta (90º, jeje) para que se vaya calentando siempre por igual. Iremos espumando continuamente y quitando la espuma negruzca que se forma en la superficie (es sangre y proteínas coaguladas…) Iremos añadiendo manteca de cerdo según mengüe el condumio.

Si el mosto acelera su evaporación es conveniente tener preparado repuestos para cuando caiga la tarde. Se pueden hacer unas tostadas a la brasa con el aceite y cualquier chacina le vendrá bien.

Es conveniente darle de merendar al de la guitarra.

Ya de noche y antes de acostarnos se aleja la orza un poco de la candela, lo suficiente para que no se cuaje la manteca y que se quede templada. El que se levante a hace pipí debe darle una vueltecita sin maldad.

La guitarra es conveniente también alejarla de la candela.

A la mañana siguiente ya se puede retirar la orza del calor y la pondremos al relente con mucho cuidado de no quemarnos y no romperla. Se tapa mayormente.

Comprobaremos la intendencia de mosto. Que no falte pan del día por favor.

Una vez cuajada la grasa y fría, será posible degustar las avecillas extrayéndolas con una cuchara de madera.

Hay que tener cuidado con no comerse más de una docena por persona, lo cual indicaría un alto grado de gula y una preocupante falta de control de impulsos.

Este guiso bien conservado al frio puede durar varias semanas. Yo no lo he constatado nuca la verdad, pero eso dicen…

Que ustedes disfruten.


Agniel de Fontfrede/Fonfrede


Como nunca he tenido claro cuales eran los apellidos naturales/biológicos de mi bisabuela Celsa, hace tiempo que vengo haciendo algunas investigaciones al respecto.

No cabe duda que en la partida de nacimiento en Ateca (Zaragoza) se lee:

Archivo Parroquial de Ateca. Libro de Nacimientos, año 1851. Trascripción de la partida de nacimiento de Doña CELSA Sofía Bernardina AGNIEL:

“En la Yglesia Parroquial de Santa María de la villa de Ateca, Provincia de Zaragoza, Obispado de Tarazona, a veintiún días del mes de Mayo del año mil ochocientos cincuenta y uno. Yo, el infrafirmado Regente bauticé solemnemente iusta ritum Santa Romana Eclesia una Niña que nació a las tres de la tarde anterior, calle del Río, casa cinco. Hija legítima de Don Casimiro Agniel de Fonfrede, natural de San Ambrosio en Francia, su profesión licorero y de Doña Eulalia Blázquez de Orihuela, en el Reyno de Murcia, cónyuges, vecinos de Ateca.
Abuelos paternos Monsieur Juan Agniel y Doña Juana ¿Malistre?, naturales de Fonfrede, en Francia. Los maternos Don Juan Blázquez, natural de Sierra Segura en Murcia y Doña María Teresa Arana, de Cartagena, en España. Se la puso por nombre Doña Celsa.
Padrinos fueron Don José Garcés y Doña Benita Garcés a quienes advertí el parentesco espiritual que contrageron y sus obligaciones. Testigos Ramón Muñoz y Agustín Perales.
(Firmado) Mossén Vicente Cristóbal, Beneficiado y Regente”.
Archivo Parroquial de Ateca. Libro de Bautismos de 1831 a 1852. Tomo 13, fol. 635.

WIKIPEDIA: Saint-Ambroix es una población y comuna francesa, situada en la región de Languedoc-Rosellóndepartamento de Gard, en el distrito de Alès. Es el chef-lieu y mayor población del cantón de Saint-Ambroix.

El apellido AGNIEL es muy frecuente en esta población como pueden comprobar en sus archivos de nacimientos y matrimonios:


Como se puede apreciar los franceses usan tan solo un apellido en las actas de nacimiento y matrimonio.

Existen Jean Agniel y Casimiro Agniel, pero no he encontrado el acta de matrimonio con Juana ¿Malistre?

En esta región además existía una industria de licores y vinos, lo que cuadra con la historia de los licoreros franceses que se instalaron en Ateca en el siglo XIX.

También Fonfréde es un apellido francés bastante usual. Se escribe sin la letra T, es decir el apellido no es Fontfrede, sino Fonfréde.

Fontfrede no existe como pueblo, es posible que fuera una aldea rural, ahora abandonada. En el pueblo de Ceret, también en la región de Languedoc-Rosellón, se encuentra el pico montañoso de Font-Frede (Fuente-Fria) de atractivo turístico.


¿Qué conclusiones saco de todo esto?

El primer apellido de mi bisabuela Celsa era sin duda alguna Agniel por parte de su padre. El segundo era Blazquez, por su madre.

Creo que Casimiro Agniel, el padre de Celsa, pudo nacer en la aldea de Fontfrede (Ceres) donde vivieron sus padres Jean y Juana, y que pertenecía al pueblo de Saint-Ambroix -donde se inscribían los nacimientos- región de Languedoc-Rosellón, tierra de licoreros y vinateros.

Casimiro vino a vivir a Ateca como licorero y se casó en España con Eulalia Blazquez, de Orihuela, y tuvieron una hija bautizada como Celsa.

Es posible que Monseur Casimiro al presentarse lo hiera como “Agniel de Fonfrede”… y de ahí provenga el “apellido” compuesto.

Celsa tomaría el Fontfrede/Fonfrede como nombre artístico al comenzar su andadura en Madrid con la Compañía Arderius.

Por supuesto esto es solo una teoría que puede ser modificada en vista de datos que yo no poseo.

Quedo a disposición de ustedes por si quieren aportar luz y taquígrafos a esta investigación y a estas reflexiones.

Muchas gracias.