Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Arraigos


Nacer es empezar a vivir fuera del útero materno. Perder seguridad, ser vulnerables.

Los bebés precisan sentirse protegidos para el correcto desarrollo cerebral. Las teorías de la lactancia materna y las transferencias cariñosas madre-hijo parecen corroborar la hipótesis. Comenzamos a echar raíces.

Así, la familia es el útero del recién nacido. Es su referencia. Con el tiempo también es posible que sea la referencia del joven, del adulto y del anciano. Decimos: “La familia siempre esta ahí, para lo bueno y para lo malo…”

Unos se aferran a la familia como tabla de salvación cuando ataca la ballena blanca y el navío se descuaderna haciendo agua como una canasta de tender la ropa. Esta es una sabia elección.

Otros no tienen familia o prescinden de ella voluntariamente. Son los extremos vulnerables de la campana de Gauss.

Por eso la sociedad “civilizada” ha de comportarse como una gran familia con aquellos que la necesitan y que la demandan: bebés abandonados, huérfanos, sin hogar, sin techo, inmigrantes, mendigos, desahuciados, pobres… Es justo y necesario.

Esto es así (debe ser así) en todas las sociedades y -por supuesto- se cumple a rajatabla en las “incivilizadas”.

Otro arraigo fundamental es la amistad. Aparece sin esperarlo, como el conejo blanco surge desde dentro del sombrero del mago. Un amigo es como un muro de carga de nuestra estructura vital. Que nunca se nos olvide esto. Nuestros amigos valen su peso en abnegación y honestidad, en respeto y cariño indiscutible. Antepongamos amistades sólidas, fraguadas a golpes de juventud, a muchas otras relaciones humanas. Son nuestra familia elegida, no impuesta por la genética. Odio esta frase de “los amigos de verdad…” es falsa. Todos los amigos son de verdad por definición.  El que buen amigo tiene, seguro va y seguro viene. Buen arraigo la amistad.

Crecer es envejecer. Tenemos fecha de caducidad como los yogures. Está escrita en los telómeros de nuestros cromosomas. Aunque a veces nos olvidamos de que somos bioquímica y seguimos (de)creciendo hasta el agotamiento orgánico, aferrados a la vida ya sin saber como ni por qué. El gran enemigo de la vejez (de la vida) es la muerte. Digan lo que digan.

Y de la certeza de la muerte surgen la religión. Otro puntal donde aferrarse ante el miedo a la mar embravecida por la tempestad, a la oscuridad rota por relámpagos cegadores y al ruido infernal de la fractura de los huesos al ser aplastados por los mástiles de nuestra (in)segura embarcación. Dicen que la Fe mueve montañas. Que recompone arboladuras destrozadas y promete finalizar la travesía felizmente pase lo que pase si nos atrevemos a navegar empujados por los vientos de los Libros Sagrados. Estos vientos soplan cada uno a su aire -por lo que se ve- y no todos nos portan hacia el mismo fondeadero. Por eso cada cual es libre de elegir su rumbo y su derrota. Algunos tenemos la fe igual que el reloj que se encontró el gitano, que unos días era de oro macizo y otros le parecía de vulgar latón… Que Dios nos coja confesados.

Y con el paso de los años aparece la Curiosidad. La Ciencia. Una Filosofía de vida donde aferrase basada en el conocimiento de la “verdad” desde el prisma del entendimiento humano que busca explicaciones para todo: desde la Creación del Universo hasta la oscura materia sibilina que se escurre entre nuestras ecuaciones sin dejarse atrapar. La fe (¿arraigada?) del científico se sustenta en la demostración repetida en las condiciones más desfavorables. Y así vamos pasando la vida detrás de una partícula escurridiza o una gravitación incomprensible. La Ciencia cada vez se asemeja más a cualquier dogma de fe. Misterios sin resolver.

Ahora, hoy mismo, se establecen nuevas reglas de comportamiento por los manipuladores de mentes del Big Data. El objetivo es conseguir Mentes Manipulables. La Política (paradigma del desorden moral e hipócrita con careta de honestidad) es el brazo ejecutor del Gran Hermano. Las nuevas tecnologías nos introducen esta manipulación en el cerebro desde que tenemos uso de razón con los teléfonos “inteligentes” y los ordenadores “personales” donde interactuamos con las redes sociales, los juegos alienígenas, las compras obligadas, las modas impuestas, los vicios adictivos, las drogas permitidas…

Al parecer ya no se necesita a la unificadora familia, ni a los amigos de carne y hueso presenciales, ni a la religión (ya sea apaciguante o extremista), ni a la ciencia o a la filosofía dominantes para tener arraigo emocional y sensación de seguridad basada en sentimientos humanos.

Porque ahora somos peones de un juego cibernético. Haremos lo que nos digan los que de verdad mandan: Google, Facebook; Twitter, WhatsApp, Amazón y similares… Estos son nuestros nuevos dioses, a los que veneramos y rendimos pleitesía día a día. A los que hemos entregado nuestras almas… A cambio de no quedarnos sin batería.

Publicado en ABC de Sevilla el 05 de junio de 2018

Aguasmalas


Las medusas -que en mi infancia rompiera se llamaban “aguamalas” -  eran uno de los peligros de los baños salvajes de mi infancia. Mi padre siempre nos advertía que antes de tirarnos al agua nos aseguráramos que no hubiese ninguna de estas manchas blancas y gelatinosas por los alrededores de nuestra zona de baño. Pero por cuidado que tuviéramos a veces nos rozábamos con los tentáculos de una solitaria y desaprensiva aguamala que nos dejaba un recuerdo picante y colorado como una quemadura en la piel.

Aprendí de mis amigos pescadores que una buena meada en un cubo para hacer un emplasto de fango negro y orina era mano de santo para sanar la quemazón.

A veces aparecían como plagas por la playa impidiéndonos el baño y en la bajamar quedaban varadas en la arena como bostas grisáceas de vacas marinas. Entonces disfrutábamos pinchándolas con las cañas de los restos de los palangres o cortándolas con conchenas afiladas. Venganza.

Estos antiquísimos pelágicos celentéreos llamados medusas son habituales en los océanos de todo el planeta. Las especies que rondan nuestras playas no son muy venenosas y tan solo provocan urticarias y quemazones dolorosas. Existen especies muy peligrosas con larguísimos tentáculos cargados de ponzoña y su veneno puede provocar sincopes dolorosos o envenenamiento y schok anafiláctico.

Las medusas se dejan arrastrar por las corrientes marinas y solo pueden moverse para ascender o descender huyendo de depredadores o para alimentarse de placton, crustáceos y peces pequeños u otras medusas que se pongan a tiro, son carnívoras.

Las medusas no atacan. Somos nosotros los que nos cruzamos en su camino y se defienden creyendo que somos depredadores.

En el caso de que nos “pique” una medusa yo recomiendo lo siguiente:

-       Salir del agua lo antes posible y tranquilizar al afectado. No dejarse llevar por el pánico. No va a pasar nada de nada.
-       Si se tiene a mano vinagre (quién no lleva un picadillo o una ensalada en un taper…), empapar la zona de la picadura con vinagre durante unos minutos y dejar secar. El ácido acético neutraliza la mayoría de los venenos de las medusas.
-       Si no es posible lo anterior, enjuagar con agua salada la zona de la picadura,
es decir, no frotar con toallas ni con las manos ni restregar con arena… Agua fría del mar en abundancia. Nunca lavar con agua dulce por favor.
-       Observar si quedan restos de tentáculos adheridos a la piel y retirarlos con cuidado con unas pinzas y abundante agua salada.
-       El hielo también viene muy bien, pero nunca aplicar directamente sobre la piel, debe hacerse con una bolsa de plástico.
-       En cualquier caso, se debe curar a diario la zona de la picadura para que no se infecte y vigilar el estado general del afectado al menos veinticuatro horas por si las alergias retardadas.
-       Que ustedes se bañen bien.



Un hombre libre.


(Alguna vez tendré que escribir de mi padre. Se que lo tendré que hacer, aunque no me guste. No me va gustar, no).

Escribir de un padre es o muy fácil o muy difícil. Escribir de mi padre es lo más difícil del mundo. Claro, ustedes no lo han conocido como yo, que tampoco lo pude conocer mucho; mi padre no se daba nunca a conocer en el sentido mas metafísico de la palabra (o de la frase).

Era un hombre extraño resultado de una vida extraña que vivía en un mundo demasiado convencional para el. Y era extraño por no decir raro o diferente. Si, mi padre era una persona diferente. No diferente físicamente pues era guapo, apuesto, elegante, serio y si uno se fijaba bien en él empezaba a darse cuenta de lo que quiero decir cuando digo que era extraño. Tenía algo en su presencia que se iba haciendo notar poco a poco aunque estuviera apartado y distante en un rincón oculto por las sombras. Destacaba, sin darle mayor importancia al asunto. Quizá fuera la manera que tenía de mirar. Porque miraba como el científico mira por un microscopio, con curiosidad por encontrar algo diferente o excepcional.

Si hay algo que sé de él es que su mente no paraba un solo segundo, siempre estaba atento a lo que ocurría a su alrededor y siempre analizando el entorno. Era como si tuviera un sexto sentido en analizar el comportamiento humano. Captaba inmediatamente al sinvergüenza, al golfo, al inocente, al listo, al torpe, al amigo y al enemigo. No se equivocaba. Y con las mujeres supongo -me consta- que tendría otro tipo de percepción extrasensorial, pero nunca hablaba de eso. Jamás.

Como digo era extraño en su manera de comportarse. Muy educado y discreto, por supuesto. De pocas palabras, era más de escuchar que de conversar, mas de pensar que de opinar. Mucho más de hacer que de convencer. Su manera de educar siempre fue ejemplar. Si quería que hicieras algo te enseñaba como hacerlo, desde montar en bici, remar contra corriente y hasta pescar una corvina. Mi padre no gritaba, decía las cosas una vez con su tono tranquilo pero directo al cerebro. Daba muy pocas órdenes pero si lo hacía eran ordenes inquebrantables y tenía muy claro que sus hijos lo comprendíamos perfectamente. Confiaba en sus hijos. Por eso estaba tan tranquilo con nosotros.

Era un hombre libre que vivía con su esposa con la que tuvo ocho hijos -por eso vivían con nosotros las tatas- en una casa familiar luminosa, llena de vida, felicidad y amor. Pero era un hombre libre.

Fue un niño criado libre en el campo, con caballos, toros, sembrados, tractores, camiones e incomodidades, pero lo disimulaba muy bien. Cuando se casó se adaptó perfectamente a la vida en la ciudad y se conformaba con poco. Lo recuerdo -siendo yo un niño-  tan feliz con su Vespa y con el 4L azul conde nos metíamos como podíamos.

Era un gran deportista. Desde pequeño jugó al futbol en varios equipos hasta llegar a jugar con el Sevilla FC amateur. Jugaba al frontón y al tenis en Piscinas Sevilla con los toreros. Era un gran pescador y pasaba todo el verano en su barquito de madera con su hermano Manolo disfrutando de el paraíso de El Rompido. Y un excelente tirador tanto en las cacerías del campo como en el Tiro de Pichón, de hecho se hizo profesional para ganar dinero. Ganó todos los premios lo que se podían ganar en aquellos años: Campeón de Andalucía, de España varias veces, subcampeón del mundo individual y Campeón del Mundo por equipos. Nunca dio demasiada importancia a esos títulos. Cuando se aburrió lo dejó.

Otra pasión que tuvo desde joven era la mecánica y los coches. Montó un taller de reparación de frenos de automóviles. Compraba y vendía coches como el que cambia de zapatos. Motores viejos de taxis los reconvertía en motores para barcos. Disfrutaba como un niño chico con cada motor que terminaba. Por supuesto le costaba un dineral esa afición.

Cultivó la amistad como un tesoro. Hasta la hora de su muerte mantuvo cerca a sus amigos de la infancia de Gines (inolvidable Lucas, Ricardo..) o de su juventud. Se sentía igual de a gusto con el Chico La Rumba en un colmao de Triana que con el Conde de Teba en Somontes en Madrid. Era aristócrata de cuna, por lo tanto profundamente respetuoso y discreto.

Tocaba la guitarra con sensualidad, acariciando las cuerdas de donde brotaban notas y acordes que siempre llegaban al alma de quien escuchaba. Su voz cuando cantaba era un susurro, un mensaje armónico que el sabía dirigir a la dama elegida por arte de magia. Esa era su debilidad.

Ahora, veinticuatro años después de su repentina muerte con 64 años pienso en como lo podría definir con pocas palabras. Sinceramente creo que una vez alcanzada su madurez y su independencia económica hubo pocos días que no hiciese lo que le diera la real gana.

Era un hombre libre.