Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

La Conjura de los Necios

Otro vez mas vuelvo a releer como si fuera la primera vez la vida sorprendente,  de mi héroe Ignatius J. Reilly buscando luz e inspiración entra tanta tiniebla que empaña mi visón global del mundo actual.
Sí, ya se que Ignatius es un obeso, dispéptico, pedorro, espeso, onanista y misógino con un ego elefantiásico, pero tiene fe en sus convicciones estrafalarias e intenta sacar partido de las grotescas situaciones a las que se ve abocado con  el firme propósito de cambiar el mundo que le ha tocado vivir, concretamente en el Nueva Orleans festivo, intolerante y decadente de los años sesenta del siglo pasado.
Lector de Boecio (480-526), - traductor de platón y Aristóteles al latín, el cual fue injustamente encarcelado, torturado y ejecutado por defender su filosofía, su lógica y su metafísica - principalmente de De Consolatione Philosophiae, Ignatius escribe: “El libro nos enseña a aceptar lo que no podemos cambiar. Describe el calvario de un hombre justo en una sociedad injusta”… y es así como se ve a si mismo el propio personaje.
También nos anuncia que es lector y fervoroso partidario de Rosvita (Hoswrita de Gandershein 935-1002), aristócrata que se hizo monja canonesa sin voto de pobreza, escritora y poeta que predica el ascetismo, la virtud y la educación cristiana, sin poder evitar un feminismo acendrado para su época.
Por eso Ignatius se guia preferentemente por conceptos medievales y concluye que la verdadera felicidad consiste en el desprecio de los bienes mundanos hasta conseguir un bien imperecedero, que debe ser consecuencia de la “providencia universal” ya que cree firmemente en los designios de la diosa Fortuna cuando hace girar su Rueda en ciclos que condicionan nuestra suerte, diosa a la que califica de “ciega” y de “prostituta viciosa” cuando sus designios no son de su agrado.
Ignatius  J. Reilly, con su rocambolesca filosofía medieval, es un revolucionario, un quijote, un idealista, un iluminado, un provocador de entuertos variados y un destartalado metafísico al que le gusta escribir sus delirantes teorías en cuadernos baratos que abandona en el suelo de su hermética alcoba, sin saber que hoy día las comparte con sus –cada vez más – lectores y seguidores en los cinco continentes.
Teología, Geometría, buen gusto y decencia son las claves de una vida placentera  para nuestro héroe, pero todo ello trufado de pesimismo o, mas bien, de una gran desconfianza ante el optimismo.
Critica con igual pasión al capitalismo, al comunismo, a la educación inepta, a la burguesía conformista de clase media, a los guardianes corruptos del orden establecido, pero sobre todas las cosas abomina del trabajo rutinario y mecánico realizado a cambio de un mísero sueldo, que el considera un modo de esclavitud moderna, un autentico calvario y una degradación personal.
No me cabe duda que John Kennedy Toole fue lector de Jonathan Swift y que se impresionó con esta frase: “Cuando aparece un gran genio en el mundo se le puede reconocer por esta señal: todos los necios se conjuran contra él”.
Tanto es así que Ignatius en uno de sus arrebatos contra los personajes que le rodean en sus delirantes aventuras nos confiesa: “La mayoría de los necios no entienden mi visión del mundo en absoluto”.
Y aquí es adonde yo quería llegar, a los necios.
Porque, ya sea que últimamente aparecen pocos genios, ahora da la impresión que es más difícil identificar a los necios. ¿Quienes son los necios que se conjuran contra la “teología, geometría, buen gusto y decencia” en estos momentos del siglo XXI?
Haberlos ahílos.
Quizá se encuentren entre los que creen que la libertad consiste en hacer lo que les pida el cuerpo, cuando y donde prefieran, tal como hacen esos bárbaros empapados de alcohol y drogas que en verano localizamos en todas las costas españolas.
O quizá sean los necios los que por tener algún puesto de representatividad social o política se les sube el cargo a la cabeza y dan muestras de su nula capacidad de gestión incapaces de ser representantes de nada ni de nadie, pero a costa de nuestros bolsillos.
O a lo mejor son esos sediciosos que amparándose en no se qué historias trucadas desean descomponer España en “naciones” arrastrando con ellos a toda una región de anonadados ciudadanos que corren como botarates detrás de una zanahoria envenenada.
O serán los necios esos políticos -mujeres y hombres- populistas que pregonan detergentes inverosímiles y baratísimos para todas las manchas habidas y por haber, pero que no los usan en sí mismo puesto que suelen ir con greñas y con las camisetas sudadas apestosas y sucias.
O quizá sean necios los capitalistas de tres al cuarto que medran alrededor de los partidos políticos para –como aves carroñeras- repartirse a bocados los trozos de carne y despojos que se derraman del carro de la mamandurria partidista.
O son los avispados banqueros que venden humo en forma de acciones y productos financieros, mientras se reparten comisiones estratosféricas y tarjetas mágicas que hacen salir dineros de cualquier cajero del mundo, sin comisiones.
O son necios los “artistas” del balompié, esos que en vez de dar ejemplo a los jóvenes de deportividad y de bonhomía lo que consiguen es dar es ejemplo de como eludir impuestos, eso sí con peinados estrafalarios y postureo hortera, casi descacharrante por exagerados y zafios.
O serán necios los que malgastan tiempo y energía en la causa “antitaurina” sin saber una palabra de ganaderías de toros bravos y atacando ferozmente a las personas que deciden ser toreros o a las que asisten a una plaza de toros.
Y con seguridad podamos encontrarlos entre los responsables de organizar la educación en España, que no son capaces de hacer un pacto para una educación uniforme y de calidad. Los escolares españolas están por debajo de la media europea y, lo que es peor, no tenemos Universidades valoradas entre las 200 primeras del Ranking de Shangai.
¿Es de necios o no?


Creencias y Ciencia

Mi hermana Lourdes escribe:

Desde que el homo sapiens se puso de pie y fue capaz de ver la línea del horizonte, rascarse la cabeza pensando por vez primera en algo más allá de la reproducción, la caza y en resguardarse de la lluvia peleándose a muerte con el de al lado por estas tres cuestiones, empezó nuestra era.
Solo tuvo que erguirse un gachó y ver el amanecer azul y dorado que se le saltaran dos lagrimones pensando que esa rareza tan impresionantemente bella la tendrían que ver sus hijos, para que saltara la chispa del pensamiento.
Los dioses fueron los primeros acompañantes del hombre que se irguió, que seguramente adoraría a ese sol mientras, con la noción del tiempo ya adquirida, aprendía que el cereal con la luz y el agua precisas, forma una cosecha que recogida y procesada daban el pan, y que la vid ofrecía un fruto dulcísimo que fermentado y vuelto a procesar, alegraba el alma y daban ganas de bailar porque por aquel entonces y con el pensamiento, vieron que la vida no es más que una calamidad y por eso surgieron el pan, el vino y los dioses del Olimpo para hacer más llevadero el caminito
Y el pensamiento es la maravilla que nos guía desde entonces. En las culturas egipcias, griegas y romanas tuvo el pensamiento su máximo apogeo, tanto, que todavía hoy vivimos de esas rentas.
Pero pasó lo que tenía que pasar, que tres pollos y una zorra, humanos, pensaron que todo el monte de su propiedades era orégano, y se hicieron dueños del cotarro ingeniándoselas para proclamarse emperadores, reyes y reinas de los demás, creando así con la renaciente soberbia a los súbditos, especie de ser humano muy en vigor aún hoy en día.
Con el paso de los años, la baja edad media, el renacimiento, la modernidad pre-industrial y los fructíferos siglos dieciocho, diecinueve y veinte, llegamos hasta nuestros días de esta manera, con el corazón partío, el ying y el yang, blanco y negro, claro y oscuro, bien y mal, me explico:
La creencia en un ser superior que nos consuele en esta bromita pesada que es la existencia, es en mi opinión una muy buena opción vital, al final la actitud positiva y constructiva ante la vida bien es sabido que hace milagros, aunque hubo quién decidió mandar en las divinas providencias y de ahí vinieron y vienen otros muchos problemas.

 La humanidad por eso ha ido dos pasos adelante y uno para atrás.

No tenemos mucho arreglo, nuestra historia se basa en tres pilares que nos acompañan desde siempre: dioses -Dios para nosotros y Su Santísima Madre-; los poderosos tratando de engañarnos, enfrentarnos y destruirnos, cosa que va a más; y el pensamiento, el estudio, y la investigación científica en todos lo campo.

Anoche oí que está punto de salir un ordenador cuántico que dicen que va cambiar el mundo... para mejor, espero..

A la Divina Providencia se lo pido de corazón.
Amen.-


Verano 2017.

Definitivamente este año El Rompido es definitivamente otro.

Ha dejado de ser ese poblado escondido entre pinos en la orilla del rio Piedras, ese Macondo mágico para muchos de nosotros que anduvimos descalzos por sus calles de arena de playa y que nos revolcamos cuando niños en el fango nutritivo de la orilla corriendo tras los barriletes para coger bocas o rebuscando verdigones, donde nos bañábamos diariamente en sus aguas vivas que nos enseñaron los arcanos de las corrientes y los vientos, donde aprendimos a remar en las viejas pateras y a navegar trasluchando en los botes marineros con velachos de tela remendada para llegar hasta la Almadraba de enfrente recién abandonada para explorar y descubrir grandes rezones como anzuelos de gigantes, almacenes con olor a brea y a pescado seco, casas vacías donde vivieron curtidos hombres de la mar y donde aun se escuchaban sus ronquidos entre los ventanucos abiertos a poniente, y seguíamos caminando entre sus fantasmales muros para llegar al mar abierto a jugar desnudos y libres en aquella playa infinita y solitaria disfrutando con el mecanismo de las olas que yo creo que a veces nos advertían con un revolcón que era hora de salir del agua y volver a la otra orilla.

Mañanas de pesca en los viejos lanchones de madera que fabricaba Carrasco en su astillero de Cartaya, embarcando montones de mojarras, sargos, herreras, roncaores, bailas, robalos, anchovas y de vez en cuando una gran corvina plateada y reluciente que significaba una fiesta que no tenia final en casa de mi tío Manolo adonde disfrutábamos las contadas familias que veraneábamos entonces en este paraíso y que estábamos hermanados con los viejos pescadores: José Catalina, Antonio Calentura, El Gallo, Los Colorao, Caillo, El Yako, Pepe El Chulo, El Chicha…

Las noches de entonces eran oscuras por las escasas bombillas amarillentas pero con cielos estrellados de Via Lactea no necesitábamos más; noches silenciosas y adormecedoras por el rumor lejano del oleaje de la mar, el grillerío confortable y el familiar sonido de los primeros motores de los pesqueros del Terrón y de El Rompido cuando salían a faenar, los Cabezuelo, Barreiros, Matacás, Perkins, un run-run mecánico que se iba perdiendo a lo lejos, lentamente, igual que se pierden muchos recuerdos en el olvido enrevesado de nuestras neuronas.

Hoy El Rompido es el mismo minúsculo poblado - donde ya no quedan apenas marineros – pero rodeado de Hoteles y campos de golf, decenas de urbanizaciones con piscinas y pádel, gracias a Dios todo construido a baja altura, aunque hay algunos bodrios espectaculares. El antiguo poblado marinero es ahora un gran comedor donde al menos tenemos cincuenta establecimientos a pleno rendimiento todos llenos los meses de verano. Los bares y restaurantes se suceden en fila ocupando la primera línea de playa y la céntrica calle hasta la Plaza. Cada día un hormiguero de turistas en fila que esperan su mesa ordenadamente para degustar las mejores gambas, mariscos, pescados y chacinas de Huelva.

Si cuando éramos niños era extraño ver una cara desconocida por sus calles (un “forastero”) ahora lo difícil es encontranos los de siempre en el mismo sitio, aunque mantenemos en secreto nuestras tabernas y perdederos donde charlar y tapear sin apreturas ni demoras.

La ría del Piedras, antes remanso de paz, se ha convertido en una locura de lanchas fuera-bordas y yates de motor, que parecen patroneados por psicópatas con afán de velocidad y sin respeto alguno a los bañistas y a las pequeñas embarcaciones, que no se como no hay una tragedia cada día. Y que decir de las motos de agua, esos abejorros inoportunos y amedrantadores que entran ganas de tener una alpargata gigante para dejarlos averiados de por vida y que no den mas por la retambufa al personal.

Las noches de mi pueblo ya no son tranquilas, al menos hasta bien entrada la madrugada los bares de copas y música atienden al personal joven con su fanfarria de luces y decibelios, lo normal en estos tiempos de permisividad.

Yo procuro seguir mi vida igual que hace cuarenta años, pero cada vez es más difícil. El secreto es salir temprano por la mañana o a última hora de tarde en el Huevofrito para llegar a la Punta de la Barra sin contratiempos. Ahora voy con mis nietas que ya son marineras y saben donde están las mejores playas dependiendo de la marea. Mi paseo diario entre gaviotas y charranes y mi baño con el culo al aire no hay quien me lo quite.

El otro día paseaba por la playa solitaria con mi nieta Ana que ahora tiene dos años (nació en junio) y nos acercábamos por la tarde a un bando de gaviotas que tomaban los últimos rayos de sol con el pico al suave viento de poniente. El sol se reflejaba en las charcas de la orilla creando un ambiente dorado y respetuoso. Ana se acercaba caminando sin prisas a las primeras gaviotas y yo me detuve para observar. Habría unas cincuenta o sesenta gaviotas entre adultos y pollos, algunas casi tan altas como mi nieta. Ella caminaba sin miedo, tranquila y sin correr. Las gaviotas comenzaron a separase creando un pasillo de unos dos metros por donde avanzaba la pequeña sin molestar a ninguna de ellas. De repente algunas gaviotas comenzaron a abrir las alas y aletear lentamente caminado al paso de Ana, sin volar, y ella hizo exactamente lo mismo: separo los brazos y aleteó con ellos al mismo ritmo que las alas de las gaviotas. Era una imagen conmovedora. Con una racha de viento mas fresco las gaviotas dieron unos pasos y alzaron el vuelo casi al unísono envolviendo a mi nieta en un contraluz de alas blancas y resol en la bajamar mientras Ana corría y movía los brazos queriendo volar con ellas creando una estampa que no olvidaré.

Cuando se volvió a hacia donde yo estaba su cara era la imagen de la felicidad riéndose y señalando con el dedito a las gaviotas que volaban por encima de nosotros.


Yo no se si estaba llorando o me escocían los ojos.

La Piel

La piel que nos cubre y que nos descubre, que nos pinta y que nos despinta, que nos protege o que nos delata, la piel que nos sirve de frontera con el espacio inclemente y con el tiempo atmosférico, con el más acá y el más allá, la piel que tanto nos gusta que nos acaricien o que nos causa rechazo inmediato solo con la cercanía de otra piel no deseada, la piel dura de las plantas de los pies que nos retrae siglos atrás o la piel cerebral de las yemas de los dedos que disfruta originando música vibrando las cuerdas de una guitarra o acariciando las teclas de un piano, la piel del cuerpo femenino tersa y suave, la piel masculina oxidada y rebelde, la piel sensitiva tan frágil y temblorosa de las zonas sexuales, la piel insensible curtida por el sol o reseca por el viento y el frio, la piel salada de los marineros, la piel cérea y lánguida de las señoritas de las novelas de amor, la piel teñida de mil colores fabulosos por la antojadiza melanina, la bronceada piel de las amazonas, la piel roja de los indios americanos, la piel del rostro pálido de las películas de combois, la piel negra resplandeciente de los esclavos que nunca debieron serlo, la piel que contra tu piel se peleaba… LA PIEL.

Así como el corazón, el hígado, los pulmones o los riñones son órganos del cuerpo humano, la piel con sus tres capas: epidermis, dermis e hipodermis, se considera el órgano de mayor tamaño de nuestro organismo. Cinco kilos cinco pesa nuestro cuero. Cinco kilos de células especiales que forman la epidermis protectora, de células de grasa que nos aíslan del frio y de la calor y células hacendosas de tejido conjuntivo lleno de capilares arterio-venosos y de linfáticos que proporcionan nutrientes a los corpúsculos nerviosos y terminaciones sensitivas, táctiles, de presión y térmicas. Piel repleta de glándulas sebáceas, de poros sudoríparos, de pelos y de variados orificios que permiten el intercambio entre mundo exterior e interior y viceversa.

Pero para muchos de nosotros la piel es tan solo la epidermis, la capa más externa, la que vemos, la que nos rascamos cuando pica, la que nos lavamos con jabones y nos rellenamos de cremas y afeites día tras día. Eso esta muy requetebién, cuidar la epidermis es un hábito saludable, sobre todo para las industrias cosméticas que venden oleosos potingues epidérmicos a precio de oro.

Pero es más importante cuidar la dermis y la hipodermis sobre todo con Medicina Preventiva.

La piel se nutre e hidrata desde adentro hacia afuera. Buena hidratación con aporte correcto de líquidos y buena alimentación mediterránea con dosis altas de antioxidantes naturales, vitaminas y alimentos ricos en beta carotenos (frutas y verduras de colores anaranjados, amarillos, rojos, etcétera) nos van a proporcionar buena salud para nuestra hipodermis y dermis. El deporte diario y el descanso correcto aportan firmeza y juventud a nuestra piel.

Lo mejor para cuidar la epidermis – que es la capa mas externa de la piel- es evitar las radiaciones solares que producen quemaduras potencialmente cancerígenas, es decir nunca exponerse al sol directo en las horas centrales del día. Y antes de tomar el sol cubrir la epidermis con las dosis correctas de cremas protectoras con filtros de rayos UVA, sobre todo en los niños. La radiación solar (como todas las radiaciones nucleares) es acumulativa. Existen tablas que pueden ustedes consultar según su tipo de piel adecuado al color (más blanco menos melanina y mas riesgo) y los tiempos de exposición solar adecuados.

Yo recomiendo cuidar nuestra piel durante todo el año, no solo en verano, tanto por dentro con dieta mediterránea alta en beta-carotenos antioxidantes, también buena hidratación sin exceso de alcohol, nunca tabaco; por afuera con poco sol directo y con buenas cremas cosméticas de protección y nutrición epidérmica.

Y les cuento un secreto. En invierno puede ser muy atractiva una piel bronceada. Pero no hay nada más atractivo para mi que una piel de mujer resplandecientemente blanca y saludable en pleno mes de agosto.

He dicho.