Un par de días antes de que diera comienzo el verano estacional o solsticio de verano como dicen los cursis, concretamente el 19 de junio, me trasladé con mis ordenadores (solo dos, uno de trabajo y mi Mac Air personal) a mi Rompido de mi alma.
No crean ustedes que la mudanza es por huir del calor de Sevilla, nada más lejos de mi ánimo, el calor me encanta y lo soporto estupendamente, pero lo que no puedo soportar de ninguna manera son los malditos aires acondicionados congeladores y traidores; un chorro frio de aire sobre mi cuerpo me pone de una mala baba que ni yo me soporto, pasar de los treinta y tantos grados de las sevillanas calles a los veinte frioleros de cualquier local público en menos de un segundo debería estar prohibido y con multas severas. ¡Que cosa más desagradable! Yo no digo que no se usen esos aparatos modificadores de la temperatura, pero recorcholis, ¡ajusten ustedes la temperatura para que no se pase calor, no para que nos congelemos de frío, digo yo, vamos…!
Bueno pues el 19 de junio me instalé en mi apartamento rompiero, que tiene una terraza al sur que da gloria y tumbarse allí en la hamaca a leer o a contar frailes es una delicia, además cada cuarto tiene su ventilador en el techo por si fuera necesario. De todas maneras, este verano no ha sido caluroso en la costa de Huelva y hemos tenido hasta fresquito algunas semanas.
Pues resulta que de pronto llegó el 1 de julio y cumplí setenta años, 70. Es una sensación extraña, por una parte me siento feliz y agradecido por haber llegado en buena forma física -me lo dicen, y yo también me lo digo- y mental (eso es una suposición mía); por otra parte, es una edad de viejo y supongo que seré un viejo, pero yo no me siento viejo, aunque sea ya un viejo.
Lo que quiero decir es que tengo que estar contento de haber llegado al inicio de la “tercera edad” y en realidad así es como me veo, empezando una etapa vital que pienso vivir tan tranquilo y sin miedo porque es una bendición haber llegado hasta aquí disfrutando tanto (que me quiten lo bailao…) y con la familia maravillosa que tengo, empezando por mi mujer que tiene mucha culpa de lo que soy ahora, de mis hijos Ana y Celso y de mis tres nietas y dos nietos que son la felicidad de mi día a día, de verdad y sin la más mínima duda.
Tengo la gran suerte de que vivimos en verano todos juntos en los Apartamentos Rio Piedras como si tuviéramos una casa enorme familiar con muchos cuartos, comedores, retretes, cocinas y terrazas, pero cada uno en su casa y Dios en la de todos. Eso es impagable.
Mi rutina mañanera ha consistido en pasar consultas con video/teléfono desde las 9 a las 11,30 chispa más o menos para no dejar a mis pacientes desasistido durante más de dos meses (hasta septiembre).
Sobre las 9,30 hacen su aparición estelar Celso (que ha cumplido 7 este verano) y Esteban (4 tremendos años) que se cuelan a través de la cortina de tapones de corcho buscando como locos a su abuela para jugar a la Oca o a las cartas de familias de indios y zulús, pintar con acuarelas, pelearse, querer ver la tele, pedir galletas y chillar mientras yo intento tener una videoconsulta sin tirarme por la terraza (es un primero bajito).
Al terminar mi trabajo, me los llevo de paseo un rato para que la vuela descanse.
Sobre las doce decidimos entre toda la familia si nos vamos en el Huevofrito al baño salado, si llevamos tapas o no (birras siempre hay en la nevera), o bien si nos quedamos en la piscina y salimos en el barco por la tarde.
El baño en la otra banda y en los bajos es una verdadera delicia, sea la hora que sea. Mi nieto Celso está empezando a ser surfista como su padre y ya lo hemos visto coger olas de pie en la tabla. Los días de mareas grandes que hay baño por las tardes enfrente de casa, mis nietas cogen la tabla de padelsurf y no paran de bañarse. Están tan guapas y lo pasan tan bien que me emociono.
El Rompido que era un pueblo marinero se ha convertido en un gran surtido de restaurantes uno detrás de otros la mayoría dando a la ría: La Casa del Palo, La Patera, Doña Gamba, Paseo Marítimo… una delicia para los que quieran comer pescado fresco frito, plancha o brasa, mariscos, coquinas, chirlas, navajas y almejas; también hay algunos más refinados de tataquis, tartares, ceviches y carpachos.
Yo me tomo mis cervezas al mediodía y por las tardes con mis hermanos y amigos, la primera siempre en el Kiosko de la piscina, después en Vinísimo, en la Taskita, o en el Paseo Marítimo con mi amigo Joaquín Ceada, en este es donde solemos cenar toda la familia, es como nuestra casa.
Para mi el veraneo relajante tiene que ser estar con mis hijos y nietos la mayor parte del tiempo, disfrutar juntos del barco, de la playa, de los restaurantes y chiringuitos, de las cervezas en el poyete del paseo, de los paseos solitarios por la otra banda entre gaviotas pasotas y charranes chillones, de las caminatas con mi hermano Jesús por los pinos de la forestal hablando del Sevilla FC, de las cenas con velas en la terraza con mi guapísima señora, de jugar al ajedrez contra un turco o un iraní, de acostarme a leer mientras entra el poniente y me tengo que tapar, de despertar todos los días dando gracias a Dios de la suerte que tengo.
He abierto dos paréntesis este verano. En julio -como todos los años- me embarco una semana en un catamarán con buenos amigos y nos vamos a navegar por Portugal, unos dias de risas y buen comer y mejor beber a bordo o en los mejores chiringos portugueses, que son excepcionales. A primeros de agosto, justo cuando la invasión de Ceuta, nos fuimos mi mujer, mi hija Ana y un servidor a Tanger y Asilah por cinco días. Mientras las damas recorrían los callejones de la Medina para comprar yo me refugiaba en el bar del hotel a beber cerveza Casablanca con unas aceitunas riquísimas. Aviso: el alcohol es carísimo.
Y así hemos llegado a este septiembre que vuelvo a Sevilla con muchas ganas de iniciar otro curso laboral viéndole la cara a mis pacientes y organizando mis consultas con la ilusión del médico joven de aprender cada día algo nuevo y la serenidad del médico experimentado que conoce bien los entresijos de la relación médico-paciente siempre tan complicada pero apasionante.
En Sevilla ya hemos ido al Gran Poder y hoy aquí en El Rompido a la Capilla de nuestra Virgen del Carmen, a dar gracias por este verano que va finalizando, por mis setenta años cumplidos, por la familia que tengo, por tener ilusión con mi trabajo y por todos mis amigos que hacen que mi vida esté llena de cosas buenas.
Gracias.
Sevilla 6 de septiembre de 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Para hace comentarios libremente has de tener una cuenta de Google: loquesea@gmail.com
Solo se tarda un minuto, si acaso.
GRACIAS COLEGAS.