Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Notas

Estoy apresado dentro de mí mismo por un curioso personaje que se viste y vive con mis ropas que usa mis zapatos al revés y se seca con mis toallas de baño.

Una foto delata al impostor aunque nunca estuvo más cerca de parecerse a si mismo.

Bórrame de tus recuerdos con pintura invisible.

El que pinta de verde los bosques.
El que mueve las olas del mar. 
El que sopla los vientos.
El que tiñe de rubio las melenas. 
El que inventó los pecados veniales.
El que mantiene el fuego encendido.
El que escribe sin letras.
El que sueña con nosotros.
El que creó la música.
El que congela el agua.
El que piensa de verdad.
El que comprende a los delfines.
El que no duerme.
El que hace magia.
El que comprende a los hombres.
El que entiende a las mujeres.
El que suma.
El que encuentra lo que buscamos.
El que cura las herida.
El que habla sin palabras.
El invisible.
El que me dicta...


5 comentarios:

  1. EL SÁBADO FUÍ A COMER CON MIS AMORES a un restaurante de los miles que hay ahora en mi Avenida Eduardo Dato, pared con pared con mi casa de nacimiento y al ladito de la puerta solitaria y bellísima de La Monumental, la frustrada plaza que impulsó Joselito El Gallo y que crearon los arquitectos del regionalismo sevillano. Hacía años que no íba por el barrio de Nervión y esa mañana soleada al salír del coche me topé con la puerta de mi casa. No veía nada más y además, cosa rara, la portería estaba abierta, abierta de par en par. Como sonámbula y sin encomendarme a nadie más que a mis escasos recuerdos, subí los escalones de la preciosa entrada, Baldomero, ese nombre se me vino a la mente, era el portero de hace sesenta años, además de esa, la única información que tenía era el quinto piso, imágenes lejanas de una casa clara y amplia y poco más porque solo la viví los primeros tres años y medio de mi vida, después hicimos la mudanza a mi casa definitiva a pocos metros de distancia, justo enfrente del campo del Sevilla F. C. de nuestros amores. Entré en el ascensor y se me vino al sentío un precioso enrejado, hasta ahí, le di al quinto piso y salí. Me encontré en una planta limpia con cuatro puertas, dos a la derecha y dos a la izquierda, los portalones recios eran los de siempre porque se les veía antiguos conservados y lustrados, dos ventanitas con cristales bordados y cierres forjados me decían que llevaban allí al menos mis 63 años de vida. Me quedé parada por vez primera porque no sabía a que puerta mirar, reaccioné y llamé a mi madre pidiendole ayuda. Ella tampoco había vuelto en todos estos años a su primera casa de casada y donde tuvo a sus tres hijos mayores de los ocho que parió. Le expliqué vehemente donde me encontraba, mi voz resonaba en las paredes color tierra de la planta: en nuestra casa mamá, donde nacimos Concha, Celso y yo. ¿Pero porqué estás ahí, estás sola? me preguntaba sin entender esa ventolera del pasado que se le venía encima. Le expliqué que mi familia estaba en un restaurante moderno que había abajo, que ahora el barrio parecía NY y el descampao de Portaceli, Central Park, como mi madre es lista, no tardó en situarse y yo pude preguntarle lo que quería saber: Que puerta de las cuatro que yo estaba viendo fue nuestra casa, ella me respondió con voz tranquila y retornando sesenta años en el tiempo:"situáte de espaldas a ese ascensor tan bonito de rejas antiguas (antes yo las ví en mis recuerdos) y mirando hacia la derecha, la puerta tal... (")". Le colgué el teléfono, en sus recuerdos se conserva intacto el tiempo aquel, ya no me causó tanta impresión estar donde estaba, como oir la voz de mi madre volar por encima de los años sin inmutarse. Los recuerdos, cuando no se van, agarran fuerte y si se les quita la melancolía, son una realidad grabada a fuego. Toque la puerta de mi casa un rato en soledad y bajé a hacerme cargo de mi nieto que ya preguntaba por mi. -

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  2. MIENTRAS SE CELEBRABA LA ÚLTIMA CENA, PAN, VINO, CORDERO Y LA LITURGIA CORRESPONDIENTE, Poncio Pilatos sufría en su palacete romano un terrible dolor de muelas. Se había aplicado un emplasto de ajos con arcilla a modo de antibiótico y aspiraba con fuerza los vapores de las hierbas alucinantes, pero ni así lo dejaba el punzante mal. No estaba pasando por buenos tiempos con el azote y determinación de los empecinados cristianos, de modo que lo único que tuvo fuerzas para cenar fue un poco de pan mojado en vino. Antes de intentar dormir, no sin pensar antes que acabaría llamando al cirujano irremediablemente, tuvo un ataque de hartazgo y mandó una carta con emisario a otro visecónsul romano rogándole hiciera el favor de quitarle de enmedio la molestia del cristianismo. El compañero cónsul disfrutaba su orgía de los jueves y ordenó la busca y captura de los molestos seguidores del líder cristiano haciendo hincapié en un escarmiento al que se hacía llamar hijo de Dios..........

    CUANDO CINCO GUARDIAS ROMANOS muertos de sueño porque los habían llamado mientras dormían, apresaron sin usar la fuerza porque no hizo falta al que se hacía llamar El Mesias, se dieron cuenta que tenían entre las manos al líder de los molestos que resultó ser un hombre entregado y vulnerable dispuesto a enfrentarse a todo menos a huir. El ya había vivido en el huerto de los olivos o de Getsemaní su particular tranze de sufrimiento, su pasión y aceptación frente al destino, por eso estaba muy por encima de los demás, de la hora nona, de la rutina y de la traición de Judas, aunque lo que más le afectó fue la negación de su amigo Pedro. Todo lo aceptó y lo comprendió y dicen las escrituras que amanecía en tonos azules y que el gallo rojizo cantó el kikirikí...

    SE CEBARON CON EL HOMBRE PORQUE ESTABAN CANSADOS Y ABURRIDOS, los cristianos se estaban convirtiendo en una plaga que azotaba sus vidas de romanos tranquilos en una de las primeras civilizaciones con cabeza que tuvo la historia pero que ya empezaba a hacer aguas porque cogieron el vicio de la vagancia y de adorar la buena vida. Lo azotaron, humillaron, torturaron y al final lo llevaron ante Pilatos que seguía con dolor de muelas ya convertido en flemón. El cónsul se escandalizó cuando vió lo que habían hecho con ese hombre, no tenía mal corazón pero si temía por su cargo en esos tiempos revueltos, de modo que ofreció algunas alternativas para procurar salvar a un ensangrentado con la cabeza baja. Ninguna fraguó y el se limitó a lavarse las manos que en la Roma de entonces significaba , yo no digo ni si ni no, haced lo que querais que yo me voy al sacamuelas. El resto pasea por las calles de mi tierra al ritmo de la mejor música, los mejores escultores y orfebres, floristas y capataces. Amen. -

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  3. DESPUÉS DE DIVERTIRSE COMO FIERAS EXCITADAS CON TRES HOMBRES a los que crucificaron atados a los maderos para que los cuerpos no se vencieran, clavados en tortura, el líder cristiano humillado con corona de espinos y cartel de rey enmarcando la crueldad, lanzeados como remate final, todos volvieron a sus casas a descansar de tanta sangre, además se avecinaba tormenta, encenderían sus lumbres, comerían algo y dormirían. En realidad no sabían el porqué de tanta dolor, no se planteaban este hecho en sus vidas porque la cotidianidad estaba todavía apenas empezando a instalarse en las civilizaciones, a las adulteras, putas y brujas se las apedreaba hasta la muerte, a los ladrones se le cortaban las manos y se abandonaban a su suerte y a los rebeldes se les condenaba a la cruz. Mientras tanto, se organizaba en Roma el comienzo de la civilización más completa y realista desde los narcisistas egipcios y los artistas embelesados en el Olimpo griego, pero las bajas pasiones ni tenían ni tienen solución. Dicen las tres mujeres que se hicieron cargo del Cristo, su Madre, La Magdalena y la vieja Isabel, que después de bajarlo, lavarlo, perfurmarlo y besarlo entre lágrimas, lo dejaron en el sepulcro. Tal día como hoy dicen que resucitó. -

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  4. Leído desde siempre:
    EGO SVM VÍA VERITAS ET VITA

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