Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Feliz Año Nuevo


Otro año empieza esta noche con la costumbre española de celebrar las campanadas fronterizas ingiriendo doce uvas al compás, después brindis con cava o licores, buenos deseos con abrazos y besos para seguir la fiesta de tiros largos en discotecas bailongas o en casita hasta que el cuerpo pida cama…

Otro año más que no es sino la continuación cósmica de nuestra vida instantánea en este espacio-tiempo que nos ha tocado alterar. Somos una mota infinitesimal de algo parecido a la nada – nuestra masa atómica individual es infinitesimal en comparación con el Univeroso- vagando a bordo de una minúscula partícula que llamamos planeta tierra, que prácticamente no tiene influencia alguna en el orden cosmológico. Somos casi la nada más absoluta.

Nuestro tiempo de existencia como unión de átomos, moléculas, células con ADN, y forma de cuerpo humano será difícil de mensurar en la escala de tiempo cósmico pues volveremos a ser polvo de estrellas prácticamente en un instante.

Nuestra vida efímera no tendría sentido alguno si no tuviéramos la capacidad de ser conscientes de ello, de tener sentimientos y capacidad de raciocinio, de pensar y comparar, de reír y de llorar, de hacer distinción entre el bien y el mal a veces tan difíciles de discriminar, de amar y de desear ser amados, de besar y desear ser besados…

Por eso celebramos estar aquí y ahora con alegría deseándonos todo lo mejor para los próximos 365 días y pico.

Porque somos humanos.

Feliz Año Nuevo.

La Navidad Cristiana


La historia del Cristianismo es apasionante, por no decir increíble. Durante el principio del Imperio Romano la religión no tenía mucha importancia, tenían dioses domésticos con los que hacían tratos de cambalaches y también adoraban a dioses olímpicos como Júpiter, Juno, Marte, Vulcano, Minerva, Apolo, Diana, Atlas, Saturno, etcétera, que competían entre si como personajes de una telenovela mejicana. Además los emperadores también se autoproclamaban dioses cuando les parecía oportuno. Era una época de libertinaje religioso y cada cual adoraba a quien mejor le convenía, sin más.

Pero los pueblos orientales invadidos por Roma como Mesopotamia y Canaán eran seguidores del profeta Abraham y sus descendientes, entre ellos Jacob y su hijo Judá, de donde procede el nombre de judaísmo/judíos. Creían en un solo dios (eran monoteístas) al que llamaban Yahvéh y esperaban la llegada del Mesias, el Rey de los Judios, a la tierra sagrada de Israel. Los romanos no tragaban con eso, pero los dejaban creer en lo que quisieran siempre que estuvieran calladitos.

Y ahora me gusta creer, y sobre todo me gusta que mis nietas crean esta historia sagrada: 

Sucedió algo que nadie se esperaba. Nació un niño especial, hijo del carpintero José, ya mayor, y una bella joven virtuosa y casta llamada María. Nació en Belén adonde sus padres fueron a empadronarse o no se qué. Nació en una cuadra arropado por el calor de los animales y le pusieron por nombre Jesús. Unos pastores que por allí andaban se enteraron y fueron a ayudar y a llevarles comida. A los pocos días apareció una caravana de extranjeros en camellos que decían que venían desde oriente siguiendo el rastro de una estrella que los llevó hasta allí y les ofrecieron a los padres regalos para su hijo recién nacido.

Este niño se crió como un niño normal, se educó en el judaísmo ortodoxo y quizá aprendió ciencias con las tribus de los esenios. Ya con más de 30 años, con un clima político muy enrarecido por la violencia entre los diferentes pueblos, tribus y sectas, las injusticias y desigualdades sociales y el paganismo de los opresores romanos, aparece Jesús.  

Jesus aparece como un revolucionario, comienza a hablar de paz, de no tener rencor, de hermandad, de amistad, de fraternidad, de la importancia de la familia, de igualdad entre todos los hombres, de respeto, de tolerancia, de compartir los bienes, de justicia social, de confianza y de perdón como base de la convivencia. Habla de un reino “que no es de este mundo”, de un Dios justo y compasivo, protector y poderoso, un Dios único y verdadero.

Predica a quien le quiera escuchar esta nueva filosofía de vida que se basa en el amor y la verdad, es decir en la paz y la justicia. Cada vez tiene más seguidores que le ayudan en la empresa de proclamar este mensaje y de adoptar una nueva manera de comportarse mas justa y pacífica. Algunos comienzan a verlo como un profeta, otros hablan de el como “el hijo de Dios”… Empiezan a llamarlo Jesus Cristo (El Mesias). Dicen que hace milagros y esto llega a oídos de los que mandan, que empiezan a cabrearse.

Su fama le precede y entra en Jerusalen montado en su burrita, rodeado por cientos de seguidores y aclamado por los que esperan oír sus enseñanzas. Es detenido injustamente por alterar el orden y llevado a un juicio donde le canta las verdades al mandamás de turno. Lo condenan sin motivo a ser crucificado cruelmente. No dice ni pio. Sus seguidores -e incluso sus verdugos- al ver como acepta su destino sin odio ni rencor, sufren una transformación radical y dedican el resto de su vida a propagar las enseñanzas de Jesus Cristo.

En menos de 400 años todo el imperio romano es cristiano. Hoy el cristianismo es la base de la cultura europea y hay 2.400 millones de cristianos en todo el mundo, la religión con más seguidores.

Como me educaron en esta religión y me encanta esta filosofía de vida por eso pongo en mi casa un Portal de Belén con su Nacimiento para mis hijos y nietas. El Niño Jesus en un pesebre rodeado de sus padres, la Virgen María y San José, la mula y el buey que le dan calor, los pastores (hay uno que esta haciendo caca debajo de un puente), las ovejas, los ángeles curiosos, los Reyes Magos que se van acercando cada día, la estrella de oriente, unas lucecitas de colorines que se enciende y apagan… La abuela y yo les contamos estas historias y les enseñamos a cantar Villancicos. Ellas disfrutan con todo esto, le dan besos al Niño Jesús y esperan con ilusión el día de la Cabalgata de los Reyes Magos.

Esta es nuestra religión cristiana, una religión de Paz y de Amor.