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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

La vida entre paréntesis

Aquí seguimos confinados cada uno en su casa, después de abrir este paréntesis en nuestra vida a causa del virus con forma de corona. Un virus que no podíamos imaginar que tanto daño podría hacer y que tantas vidas humanas se iba a cobrar en tan corto espacio de tiempo. Daño que se está cebando estadística y tristemente con nuestros mayores, llenándonos de pena y de dolor a todos, pero especialmente a los que tienen familiares afectados o fallecidos. Todos sufrimos y lloramos por la cifra diaria de muertos que esperemos que pronto se detenga.

Los médicos y sanitarios estamos viviendo en primera línea esta tragedia humana, social, económica y política. Así que me gustaría a expresar mi humilde opinión al respecto. Espero que les sea de utilidad.

El paréntesis que se abrió el pasado 14 de marzo, fue ordenado por la ciencia matemática. ¡Quien me iba a decir a mi que la Bioestadística de primero de Medicina tendría tanta relevancia en nuestra actividad profesional! ¿Verdad Quino? De momento la Estadística se ha revelado como el mejor tratamiento eficaz para salvar un gran número de vidas ante esta pandemia. Todos hemos comprendido y aceptado solidariamente y sin rechistar que el confinamiento domiciliario es necesario para parar la progresión exponencial del invisible enemigo que nos enferma, del virus SRSA Cov-2, que se ha convertido en pandemia universal en tres meses, y que nos ha obligado a abrir este paréntesis vital con todas sus consecuencias.

Se me parte el alma ver como en menos de un mes tenemos a muchos enfermos hospitalizados que sufren en silencio sin acompañantes. Muchas personas mayores aisladas en sus domicilios o residencias sin poder recibir visitas de sus familiares. Muchos pacientes enfermos en aislamiento domiciliario sin poder cuidar a sus hijos o a sus padres, y con el miedo metido en el cuerpo por temor a contagiarlos.

Y la gran mayoría de nosotros en confinamiento desde hace semanas. (Yo me considero un privilegiado por poder atender a enfermos. Acudo a mi consulta diaria y visito a mis pacientes en sus domicilios o en el hospital. También colaboro en ABC digital contestando preguntas de pacientes, por si ustedes gustan.)

Reclusión que está a poniendo a prueba a toda la sociedad afectando a los ciudadanos no solo en su salud, también en su economía debido al cierre temporal o definitivo de muchas empresas, comercios, industrias y a la pérdida continua de puestos de trabajo. Una tragedia humana y económica para muchas familias. Un país paralizado y enclaustrado. Una ruina para muchos empresarios y autónomos. Una amenaza constante a nuestra integridad como personas que seguramente a todos nos va a cambiar.

Porque aunque la mayoría tengamos en nuestro hogar televisión, radio, teléfonos, internet, la despensa llena y mucho papel higiénico, nos sentimos amenazados y angustiados por el presente y por el futuro.

Por eso ahora es el momento de reflexionar y poner encima de la mesa nuestro pasado, que es el reflejo de nuestra vida actual. El pasado es el rastro que hemos dejado en nuestra vida. El presente es instantáneo, es el pasado más inmediato. El futuro no nos sirve de experiencia, es un valor intangible, pero es la única posesión que tenemos: el tiempo que nos queda de vida es nuestro único patrimonio verdadero, debemos adminístralo coherentemente para no cometer los mismos errores.

En nuestra conciencia está la clave de nuestra verdad, de nuestro “yo” desprovisto de artificios triviales y superfluos. Ahora es el momento de la verdad, es decir, de la bondad, del amor, de la resiliencia, del esfuerzo común. Es hora de poner las cosas en claro, de baldear el suelo que queremos seguir pisando de inmundicias políticas, de limpiar nuestro entorno de banalidades innecesarias, de desintoxicarnos de idearios impostados e inútiles, de desterrar consignas trasnochadas y obsoletas, de apartarnos de los que nos mienten a diario detrás de máscaras y siglas corruptas, es hora de levantar la cara y mirarnos a los ojos con honestidad, de aplaudirnos por las ventanas unos a otros por el esfuerzo realizado, de sentirnos orgullosos como pueblo, como región y como nación.

Es el tiempo de recalibrar la escala de valores que hemos usado en el pasado y adaptarla a la realidad para cambiar nuestra sociedad poniendo a cada cual en su sitio, sobre todo a los sanitarios, al ejército, a las FFCCSE, a los empresarios solidarios, a tantos trabajadores que nos dan el mil por ciento con una sonrisa y que hacen que nuestro país sea cada día mejor, y a todos los que creen en el esfuerzo solidario y lo llevan a cabo sin alardear.

Creo que saldremos de este paréntesis vital siendo más sensatos, más coherentes, más justos, más solidarios, más humanos: mejores personas. Mientras, usemos el amor, el cariño, la hermandad, la solidaridad, la amistad, la fraternidad, y compartamos los besos y los abrazos (que nos daremos pronto) como herramientas de trabajo diario.

Trabajemos unidos para apartar de nuestras vidas los “virus” que contagian la mentira y a los mentirosos, el odio y a los odiosos, el rencor y a los rencorosos, al fatuo, al envidioso, al codicioso, al avaro, al necio, al rufián, al botarate, al traidor.

No nos dejemos contagiar por aquellos deshonestos que, con burdos engaños, falacias y trampas, quieren manipular nuestras vidas en su propio beneficio. No dejemos que se salgan con la suya ni que se cuelguen medallas por baratas que sean.

Tenemos la solución al alcance de la mano: actuar en conciencia, con libertad y sin miedo a los “virus” del odio y del rencor que quieren destruir nuestro patrimonio vital. Nuestro futuro.

Cuando cerremos este paréntesis, que espero que sea lo antes posible, hablaremos del gobierno.

Publicado en ABC de Sevilla el 02/04/2020


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