Casos Clínicos

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Sevilla, Huelva, El Rompido, Andaluz.
Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Coronavirus y evidencias.

Recién entrados en fase 3 y después de más de cinco meses de pandemia por SARS Covid.2, podemos extraer algunas conclusiones basadas en la evidencia que tenemos los médicos de como se comporta este virus en relación con los humanos.

Es evidente que se contagia principalmente por vía respiratoria, es decir que sale exhalado de nuestro cuerpo por las emisiones al hablar, toser o estornudar y entra en el organismo por la misma vía al inhalar y contaminar las mucosas de boca, nariz y garganta donde se produce la primera fase del contacto entre el virus y el huésped.

Es evidente que esta situación se ve favorecida por el contacto cercano entre portador de virus y la persona susceptible sobre todo por besos, abrazos y contactos manuales, por eso los contagios se facilitan en agrupaciones multitudinarias y especialmente con la convivencia en espacios cerrados, sobre todo si estas circunstancias se mantienen en el tiempo.

Es evidente que las medidas de confinamiento de la población han tenido un efecto eficaz frenando la propagación exponencial en un corto espacio de tiempo e impidiendo el colapso del sistema sanitario por la incidencia de casos graves que han precisado hospitalización tanto en planta como en UCI.

Es evidente que el aislamiento en cuarentena de los casos sospechosos y/o confirmados hasta que hayan pasado el periodo de portador-contagiador, será siempre norma básica y fundamental para interrumpir la cadena de contagio.

Es evidente -y así lo dije desde el principio de la epidemia- que el uso de mascarillas por la población general, la distancia social de unos dos metros (alcance respiratorio de los inóculos contagiosos) y la descontaminación de las manos con lavados frecuentes o soluciones antisépticas son lo mecanismos de prevención de contagios más eficaces para la población susceptible.

Pero también es muy evidente que el virus no contagia a todas las personas por igual.

Es evidente que conocemos casos de pacientes que han sufrido enfermedad grave estando en contacto estrecho con su núcleo familiar, pero que no han contagiado a sus cónyuges, hijos, padres ni hermanos a pesar de la convivencia diaria.

Es evidente que ha habido muchos casos de contagiados que han pasado la enfermedad completamente asintomática pasando desapercibida y creando anticuerpos, sin haber sido foco de infección para las personas con las que conviven.

Es evidente que este virus tiene una baja tasa de infectividad poblacional, siendo la inmunidad grupal después de esta primera epidemia en España en torno al 5% de la población.

Es evidente que debemos estudiar y encontrar la relación entre el SARS Covid.2, los mecanismos de contagio-infección, la inmunidad natural y adquirida, la evolución de enfermedad y la producción de anticuerpos que confieran inmunidad.

Es evidente que el virus afecta con mayor virulencia y gravedad a las personas cuanta más edad tengan. También hemos observado que determinadas comorbilidades hacen más grave la infección y producen más complicaciones y muertes en los infectados: edad avanzada, patologías previas cardio-respiratorias, obesidad, diabetes, determinados tipos de cáncer, tratamientos previos y patologías autoinmunes subyacentes y otras patologías que alteran el equilibrio del sistema inmunitario.

Es evidente que cuando la infección SARS Cov.2 se extiende por el organismo de estas personas predispuestas parece que se aprovecha de deficiencias en el sistema inmunitario ya sea por agotamiento biológico natural, o por déficit adquiridos como descenso de inmunoglobulinas, alteraciones en los leucocitos con baja tasa de linfocitos CD4/CD8, disfunción del sistema del complemento, alteraciones de las citoquinas, etcétera, causando graves complicaciones incluyendo infecciones oportunistas y daños derivados del trastorno del sistema defensivo.

Es evidente que los niños y jóvenes, que por lo general tienen un sistema inmunitario innato y adaptativo en condiciones óptimas, han tenido una baja tasa de contagio y si se han contagiado no han sufrido patología alguna o muy leve.

Pero desgraciadamente y a pesar de eso, es evidente que han muerto un número elevado de personas durante estos meses de epidemia. No sabemos exactamente cuantos, es evidente, pues el “gobierno” juega al trile también -como con casi todo- con las cifras de contagiados y fallecidos.

Es evidente que cuando rellenamos un certificado de defunción tenemos que diferenciar varios apartados:
-       Antecedentes de interés. Son aquellas patologías previas que pueden verse afectadas por la causa inicial y desencadenar la causa inmediata de la muerte: Diabetes, arteriosclerosis, miocardiopatías, EPOC, cáncer…
-       Causa inicial o fundamental. Es la enfermedad o lesión que inicia los acontecimientos que van a desencadenar la “causa inmediata” de la muerte. Ejemplo: Infección por coronavirus. (15 días)
-       Causa intermedia o antecedente: Patología que partiendo de la causa inicial desencadena la causa inmediata del fallecimiento. Ejemplo: neumonía bilateral. (7 días)
-       Causa inmediata. Es la enfermedad, daño o complicación que precede inmediatamente a la muerte y la causa final del deceso. Ejemplo: Shock séptico. (1 día)

A la vista de esto podemos convenir que cualquier persona que no padezca patologías previas y enferme por coronavirus, tenga una neumonía bilateral y a pesar de todo tipo de tratamientos fallezca, se considera un muerto por coronavirus. Indudable.

Es evidente que los pacientes denominados “de riesgo” que tienen antecedentes de hipertensión, insuficiencia cardiaca, bronquitis crónica, asma, obesidad, diabetes o su sistema inmune esté alterado por causas previas, cuando se infectan por Covid y padecen una neumonía mas o menos grave, es muy probable que acaben sufriendo además cualquier complicación como descompensación de su insuficiencia cardio-respiratoria, trombosis, sobreinfección por bacterias, sepsis, shock, insuficiencia renal y éxitus.

Y es evidente que al principio de la epidemia cuando empezaron a colapsarse las Urgencias de los hospitales por muchos de estos enfermos añosos con infecciones respiratorias y asfixia grave, se cometieron muchos errores en el tratamiento y no se aplicaron con eficacia ni ecuanimidad las medidas básicas de tratamiento de soporte vital. Creo que en muchos casos se negó incluso el acceso a los hospitales a muchos de estos pacientes mayores manteniéndolos en sus residencias o en sus domicilios. Creo que a la mayoría se les aplicó tratamiento paliativo o sedación profunda sin haber siquiera intentado tratamientos curativos con oxigeno, corticoides y antibióticos.

Supongo que este será uno de los motivos del “baile” de cifras de fallecidos por Covid-19. El “gobierno” dispondrá lo que le convenga para mantenerse a salvo de críticas, como es lo habitual.

Pero es muy evidente que durante estos meses un elevado número de personas han muerto tristemente alejados de sus familiares, sin consuelo ni compañía. Mi más sentido pésame a todas las familias.

Y es evidente que esta injusticia no debe volver a pasar.

Publicado en Tribuna Abierta. ABC de Sevilla el 12/06/20



1 comentario:

  1. Cuando el hombre aparece en este mundo, se desarrollan todos los conceptos de una especie que hace algo más que comer, reproducirse y morir. Las malas artes, la violencia, la maldad. También evoluciona el pensamiento constructivo, el trabajo en común, el arte. Los mandamases de las tribus desde tiempos inmemoriales son corruptos y despiadados y lo siguen siendo. El ser humano se aterra ante las enfermedades, ante los niños que en vez de jugar están sufriendo con males propios de la infancia, en la vejez triste y solitaria, en las guerras feroces, en que los atacará un león emboscado, en los accidentes de tráfico, en las guerras con espada o con bombas nucleares, en la oscuridad de las cavernas y en los desahucios, en los ladrones, en los miserables y miserablas, en los incendios, las tormentas furiosas y los terremotos. También en las epidemias. Estamos en una y los jefes de la tribu están sentados en medio de la aldea, vestidos con collares, menos uno que no los usa, las jefas o mujeres sabias echan sapos por la boca lo mismo que los hombres. A los sus pies de los mandamasas, los mejores frutos y piezas de caza para que vayan comiendo. Todos discuten que hacer con los muertos tirados a las afueras de la empalizada y como gestionar que no falte comida para los enfermos o los que están por enfermar y que empiezan a tener hambre y sed, de necesidad y de justicia. No logran un acuerdo porque cuentan los cadáveres como les conviene y se pasan los cuerpos sin vida de un bando a otro, en realidad están disfrutando con el momento. Empieza a oler mal. Algunos habitantes desesperados miran al dios sol o la madre luna con mascarilla y las manos muy limpias, protégénos Señor, Madre Santa. Los ancianos que quedan, ruegan que les llegue la muerte antes de ver cómo acaba este espectáculo siniestro. La vida es así. Los hechiceros y sanadores de la tribu están sentados aparte, creen que los jefes son unos miserables pero no pueden hacer nada, si acaso preparar unas pócimas de raíz de helecho milenario con unas gotas de amapola dormidera, se van silenciosos en busca de otro remedio más eficaz, no entienden más que de evidencias y las que hay están encerradas en las cabañas o ya oliendo a descomposición . Nadie entierra a los muertos y eso trae malas consecuencias. Como estas vendrán millones hasta que se extinga la especie porque los virus son más listos que Einstein, la teoría de la relatividad se la comen con papas. -

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