Decidí hace tiempo no volver a escribir cabreado e indignado (tengo mi blog abandonado), porque lo que me pide el cuerpo relatar no tiene ninguna gracia, mas bien tiene mucha desgracia para una gran mayoría de españoles.
Además cada día periodistas profesionales, excelentes escritores y columnistas mucho mejor informados que yo, se esfuerzan en tenernos al día de lo que está pasando en nuestra querida España iluminándonos con las verdades del barquero para asombro y enojo de todos los españoles de bien y de los europeos sensatos y democráticos, testigos incrédulos de la debacle perpetrada por el partido “socialisto” que nos gobierna con un psicópata en coalición con proetarras criminales e independientes republicanos y de la inacción tanto de la oposición como de la maniatada monarquía española.
En las redes sociales, que son un escaparate de como están los ánimos de los españoles, leemos a diario los comentarios “progresistas” de los ministros o ministras y de sus socios -babosas sangrantes- afines al gobierno, de los paniaguados contratados por un bocadillo de chistorra para provocar creando conflictos útiles para despistar al personal de lo verdaderamente importante y que no cesan de insultar y menospreciar a quienes no estamos de acuerdo con las proclamas del macho alfa. La condición para que estos borregos insultadores no sean defenestrados es que obedezcan sin rechistar las órdenes del gobierno como monos amaestrados esperando el cacahuete de recompensa, que no es poco traducido a dineros y prebendas.
Yo entro a menudo en X para disfrutar de mis amigos tuiteros: geniales filósofos patafísicos, divertidos enredadores de conceptos, pertinaces buscadores del doble-triple sentido de la nada, malabaristas del camelo con arte y del birlibirloque de la guasa futbolera sevillana, descubridores del halago cabronero capitalino, descacharrantes escritores de cuentos en pocas palabras y por supuesto visitar a mi amigo don Harry para que me alegre el día.
Bueno pues enredado con mis pacíficos amigos me topo con los comentarios perniciosos de los susodichos maleantes de la política más rastrera y los de sus anónimos voceros: insultan a los que discrepan de las ordenes perturbadas del puto amo, a los no alineados con la regla inflexible de la editorial y a los que no repiten el mantra diario. Y me entran ganas de decirles lo mas grande, pero haciendo un esfuerzo de contención del pronto mío, me reprimo intentado pensar en cosas agradables (como en los que ya están en la cárcel), pero no puedo evitar que me salga desde los adentros una palabra para definirlos y contestarles a sus comentarios: chufla.
La RAE dice que “chufla” es sinónimo de broma, chanza, burla, guasa o befa, pero para los andaluces tiene un significado muy específico: un chufla es una persona que no tiene palabra, un falso sin criterio a tener en cuenta, un informal que cambia de criterio según de donde sople el viento, que se vende por tres perras gordas, un botarate que es notoriamente falso y ridículo. Un chufla, es un payaso sin querer serlo, un don nadie por mucho que se arregle y por muy alto que hable. Un gilipoyas, vamos.
Es impresionante la cantidad de chuflas que se descubren en las redes sociales: es un chufla el ministros barriobajero soez e insultador, responsable de siniestros mortales y que no respeta a las victimas; es un chufla de libro el de la ceja, las joyas venezolanas, la alianza de civilizaciones y las cientos de cuentas corrientes en paraísos fiscales; son chuflas los politicastros rastreros aferrados a un ministerio lamiendo las pisadas del que tiene por encima; son chuflas los asesores que son asesorados bajo amenaza de perder el kiosko; son chuflas los ex-(lo que sea) que quieren volver a caerle bien al repartidor de prebendas para seguir mangando; son chuflas l@s ratas buceador@s de cloacas infectas a las órdenes del siniestro ministerio; son chuflas los periodistas que solo ven por un ojo pero que casi siempre lo tienen lleno de vaselina; son chuflas los presentadores de noticias maquilladas y aromatizadas para disimular el hedor putrefacto a corrupción institucional; son chuflas los tertulianos con halitosis de chorizo y chistorra que trasciende la pantalla; son chuflas los directores, actores y actrices de películas españolas que nadie paga por verlas pero que cada vez exigen más subvenciones para seguir viviendo del cuento; son chuflas los columnistas de panfletos por encargo que solo publican lo que les dictan; son chuflas los tiktokeros haciéndose pasar por jóvenes modernos cuando son ridículas viejas glorias del comunismo más criminal; son chuflas l@s influencers (o como se diga) a sueldo con el coeficiente intelectual de una babosa y con caras de barbis recauchutadas o de rambo operado; son chuflas todos aquellos que creen que en sus pobres y limitadas vidas “el éxito” se obtiene siendo serviles y aborregados con el poder para conseguir dinero fácil a costa del contribuyente pagano.
Y son unos chuflas traidores todos aquellos que no ven en la invasión perpetrada por Marruecos a Ceuta la debilidad de este gobierno de inútiles y cobardes por el vergonzoso sometimiento a un chufla dictador marroquí que desprecia la democracia.
Lo que no entienden los chuflas es que nadie, ni sus seguidores, valora ni respeta a los chuflas.
Ni siquiera el Rey de los Chuflas.
Publicado en Tribuna Abierta de ABC se Sevilla el 08 de septiembre de 2026

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