Resucitar es volver a vivir después de haber muerto. Biológicamente es posible. Muchos organismos simples pueden ser congelados, con lo que se detiene todas sus funciones vitales –muertos- y posteriormente se descongelan y vuelven a vivir recuperando todas sus funciones. Lo que no hemos sido capaces de conseguir nunca es volver a la vida a un organismo complejo después de el cese de sus funciones vitales.
Podemos “resucitar” a una persona que se ha parado el corazón o ha dejado de respirar durante unos minutos, podemos parar durante unas horas el corazón para luego hacer que funcione con total normalidad, pero debemos hacerlo siempre manteniendo la circulación y que la sangre se oxigene para que llegue al cerebro y a los órganos vitales. Podemos mantener a un cuerpo con vida mucho tiempo con ayuda de máquinas y medicinas, hasta que se recupere de un traumatismo, de una cirugía, de una infección o de un coma profundo… pero una vez que el cerebro deja de recibir sangre oxigenada mas de cuatro o cinco minutos, las neuronas se mueren y jamás se volverán a recuperar. Eso es la muerte clínica.
Por eso es tan importante auxiliar inmediatamente a una persona con una parada cardio-respiratoria con masaje cardiaco y ventilación (boca a boca), así se han salvado muchisímas vidas.
Pero en el caso de que un corazón se detenga y cese la circulación o bien se interrumpa el aporte de oxígeno al cerebro por cualquier motivo durante mas de cuatro o cinco minutos, la persona se muere. Y ya no se puede resucitar de ninguna manera. Es biológicamente imposible. El proceso de la muerte es irreversible.
A los pocos minutos de morir, la sangre dentro de las arterias y venas se coagula y se convierte en una masa sólida. Las neuronas cerebrales se degradan y se van convirtiendo en una papilla. El humor acuoso transparente de los ojos se enturbia y opacifica. Los gérmenes intestinales proliferan y empiezan a digerir los intestinos en un proceso llamado putrefacción. El interior del cuerpo es un hervidero de bacterias que producen gases y licuefacción de órganos. Los músculos se endurece y se agarrotan… eso es un cadáver en descomposición tan solo unas horas después de la muerte.
En estos días celebramos La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En realidad el hecho que aporta “divinidad” a Jesucristo no es su vida, ni siquiera su muerte, sino su Resurrección, dogma obligado de Fe para todos los Cristianos.
Esto es lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS
638 "Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz:
Cristo resucitó de entre los muertos. Con su muerte venció a la muerte. A los muertos ha dado la vida.
(Liturgia bizantina, Tropario de Pascua)
Las apariciones del Resucitado
641 María Magdalena y las santas mujeres, que venían de embalsamar el cuerpo de Jesús (Cf. Mc 16,1; Lc 24, 1) enterrado aprisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado (Cf. Jn 19, 31. 42) fueron las primeras en encontrar al Resucitado (Cf. Mt 28, 9- 10;Jn 20, 11-18). Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (Cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció enseguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce (Cf. 1 Co 15, 5). Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (Cf. Lc 22, 31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: "¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!" (Lc 24, 34).
642 Todo lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a cada uno de los Apóstoles - y a Pedro en particular - en la construcción de la era nueva que comenzó en la mañana de Pascua. Como testigos del Resucitado, los apóstoles son las piedras de fundación de su Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y, para la mayoría, viviendo entre ellos todavía. Estos "testigos de la Resurrección de Cristo" (Cf. Hch 1, 22) son ante todo Pedro y los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de más de quinientas personas a las que se apareció Jesús en una sola vez, además de Santiago y de todos los apóstoles (Cf. 1 Co 15, 4-8).
643 Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico. Sabemos por los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por él de antemano (Cf. Lc 22, 31-32). La sacudida provocada por la pasión fue tan grande que los discípulos (por lo menos, algunos de ellos) no creyeron tan pronto en la noticia de la resurrección. Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística, nos presentan a los discípulos abatidos ("la cara sombría": Lc 24, 17) y asustados (Cf. Jn 20, 19). Por eso no creyeron a las santas mujeres que regresaban del sepulcro y "sus palabras les parecían como desatinos" (Lc 24, 11; Cf. Mc 16, 11. 13). Cuando Jesús se manifiesta a los once en la tarde de Pascua "les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían visto resucitado" (Mc 16, 14).
644 Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía (Cf. Lc 24, 38): creen ver un espíritu (Cf. Lc 24, 39). "No acaban de creerlo a causa de la alegría y estaban asombrados" (Lc 24, 41). Tomás conocerá la misma prueba de la duda (Cf. Jn 20, 24-27) y, en su última aparición en Galilea referida por Mateo, "algunos sin embargo dudaron" (Mt 28, 17). Por esto la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un "producto" de la fe (o de la credulidad) de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la Resurrección nació - bajo la acción de la gracia divina - de la experiencia directa de la realidad de Jesús resucitado.
La resurrección como acontecimiento trascendente:
647 "¡Qué noche tan dichosa, canta el “Exultet” de Pascua, sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos!". En efecto, nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente. Menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los sentidos. Acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los apóstoles con Cristo resucitado, no por ello la Resurrección pertenece menos al centro del Misterio de la fe en aquello que transciende y sobrepasa a la historia. Por eso, Cristo resucitado no se manifiesta al mundo (Cf. Jn 14, 22) sino a sus discípulos, "a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo" (Hch 13, 31).
PD: ............?