Este fin de semana ha empezado el
verano en el sur de España. A los andaluces no nos hace falta para nada que sea
el 21 de Junio para que nosotros sepamos que ya llegó el verano… y llegó con ganas
de quedarse. Igual que El Corte Inglés pone fecha a la primavera, los del Sur
sabemos cuando es verano en nuestras propias carnes.
Yo particularmente he pasado del
pijama de franela y el chambergo, al bañador y el niqui de un día para otro.
Tanto es así que ayer y hoy me he dado dos pedazos de baño en mi ria de El
Rompido… cuando anteayer me tapaba con mantas y “enredones”…
Pero lo verdaderamente importante
es que he vuelto a pasear por mi Paraíso Terrenal. (Aunque ustedes no lo sepan
todos tenemos un “paraíso terrenal” durante nuestro transitorio paso por “la
vida”… es nuestra obligación saber reconocerlo y hacer uso de él). Me explico:
Mi Paraíso Terrenal se haya en la
provincia de Huelva, término de Cartaya, en la desembocadura del río Piedras, en una ria natural
que se ha formado con el paso de los años por acumulación de arenas -traídas
por los vientos dominantes de poniente- que se van depositando enfrente de El
Rompido, lo que ha dado lugar a la formación que en los mapas viene como Flecha Litoral de Nueva Umbría, pero que
nosotros sabemos que en realidad es “la
otra banda”, un paraje idílico y salvaje, una barra de tierra virgen y
pura, azotada por los vientos de poniente y peinada por las borrascas del
estrecho, por traidoras corrientes, quebrada por heladoras humedades en
invierno, florecida por cortas
primaveras y atemperadas por terroríficos y calurosos veranos y consentida por cómodos
otoños…
Flecha de Nueva Umbría: La Otra Banda
Esta "barra" tiene dos orillas bien
diferenciadas. La orilla interior de la ría, la que esta enfrente de El
Rompido, desde donde se ve su antigua Almadraba en ruinas, orilla tranquila de
fangos limosos y cangrejos barriletes con sus blancos violines sabrosos, de gusanas
albiñocas peludas y sanguineas, de longuerones suculentos, de almejas negras y finas,
de verdigones berberechos… de mojarras, sargos, herreras, doradas, robalos, bailas corvinas, pargos... todos estos manjares sometidos al continuo vaivén de
las corrientes que bajan y suben y suben y bajan en matemática ecuación
lunática … siempre con aguas verdeazules llenas de vida, de colores y olores, aguas
que disfrutan acariciando dunas blancas que conforman un paraje natural de
lentiscos, de retamas y de jaras donde viven miles de animales e insectos
autóctonos, solo importunados por los ruidosos motores de los incívicos humanos
transeúntes.
En la “otra banda” es donde yo
tengo mi Paraíso Terrenal. Descubrí hace muchos años que mi alma se identifica
y engrandece cuando en estas finas arenas me dejo envolver por la magia y la
soledad que guardan para mi.
De manera que llego con mi bote
de cinco metros y mi fueraborda -Evinrude
de 20 cv- hasta la “boca de la barra”, fondeo en “la punta”, dejo mi barco
asegurado… y me voy a dar mi paseo
diario yo conmigo mismo y con mis mulas toas… Me gusta andar por la banda de la
playa del mar abierto… playas desoladas y desconocidas abiertas al océano,
expuestas al viento de poniente, kilómetros de arenas limpias y finas que
conozco desde niño como la palma de mis manos…
Punta de la Barra. Pesqueros entrando.
Así, cada año la arena de la
playa me reconoce y acoge los pies descalzos y estropeados por los zapatos para
modular mis pisadas hasta hacerlas cómodas y placenteras. Los vientos me dan la
bienvenida y me acarician, mis tobillos y canillas buscan el agua que se alegra
de la perfecta simbiosis (se acariciar con mis pies al océano), las orillas se
llenan de espuma blanca y radiante de barbear impurezas,
espumas blancas de barbear impurezas...
el sol de la mañana
broncea mi piel y yo acepto los mejores rayos que me son ofrecidos. Así,
andando por la orilla, me siento parte de este bendito “paraíso terrenal”…
La Otra Banda el 12/05/12 por la mañana
Y lo siento así porque en mi
paseo me esperan la literarias gaviotas que cada año dejan que me acerque cada
vez más… es su manera de aceptarme porque saben quien soy y yo se quienes son ellas,
y me saludan con cariñosos movimientos de alas siempre de cara al viento… se
dan ellas mucha importancia.
Y soy observado continuamente por
los inteligentes charranes que se refrescan en al orilla caminado siempre con
prisas, y llenan sus plumas de gotas de agua para refrescar sus nidos y a sus
crías que aguardan ocultos en las ardientes arenas.
Charranes 12/05/12.
Y las ladronas urracas
desvergonzadas que no temen a nadie se apoderan de mis mas ocultos pensamientos
y luego los graznan a los cuatro vientos…
Y hasta las algas verdosas y
salutíferas me hacen honores enredándose conmigo en mis baños… yo me dejo
acariciar por ellas y ellas no me molestan porque se que están vivas y no les
gusta que las desprecien.
Ayer vino un aguamala a saludarme
a su manera y pasó de largo haciendo reverencias… aunque muy digna.
Y cuando se va poniendo el sol
mas allá de los cerros de La Bella y regreso en mi bote muy despacio reliado en
una toalla vieja y pegado a la orilla, salen a saludarme –con muy poca
vergüenza- los Correlimos, el Zarapito, un Archibebe de patas rojizas… hasta
alguna Agachadiza se deja ver, orgullosa…
Por el cielo encima de mi cabeza
pasan los bandos de patos, espátulas, cormoranes, flamencos… que suben buscando
las mejores localidades para ver la puesta de sol… hasta un águila pescadora
otea su cena indiferente a nosotros…
Y que queréis que os diga… que
cada año espero con ilusión este primer paseo terapéutico y reparador de
cuerpos maltrechos y almas doloridas… y que por lo que a mi respecta y si Dios
me lo permite… aquí me voy a disolver en el Tiempo y en el Espacio, por los
siglos de los siglos…



