Cada día mis pacientes me descubren nuevos
motivos por los que sufren ansiedad y angustia. Cuando entra un paciente en la consulta
por primera vez los médicos debemos ser especialmente psicólogos. Estamos ante una
persona que ha decido venir a contarnos algo por lo que esta preocupado, casi
siempre es una enfermedad o la sospecha de ella en forma de síntomas y
documentos médicos que así lo aseguran, otras veces acuden para pedir una
segunda opinión de un diagnostico previo o para resolver una duda terapéutica
pues le han aconsejado tal o cual tratamiento y no sabe que hacer. Otras veces
en realidad no saben ni siquiera porqué están delante del médico, y estos casos
son difíciles de tratar.
Aunque parezca una perogrullada…
yo siempre empiezo por el principio, y no suelo dar nada por sentado. De modo
que ya estamos paciente y médico conformando entre los dos su historia clínica a
base de preguntas y mas preguntas, algunas de ellas muy indiscretas y curiosas,
nunca mejor dicho. Esta parte de la relación entre el “paciente-enfermo” y el
médico es quizá definitiva a la hora de poder ayudar o influir sobre la
evolución o decisión final que se decida entre ambos. La decisión acordada
puede ser desde tomarse una aspirina, no tomar nada, operarse de fimosis, darse
quimioterapia, ir al psiquiatra, correr una maratón, sacarse una muela, tomar
un laxante, dejar de tomar treinta medicinas al mismo tiempo, etc, etc, etc…
pero es una decisión importantísima tanto para el paciente que confía en
nosotros, como para los médicos que nos hacemos responsables de la salud de una
persona. No cabe duda que debemos ser prudentes y a la vez ganarnos la
confianza del paciente. Yo siempre animo al paciente que me explique sus
síntomas y sus problemas con palabras sencillas y elocuentes… no me gusta que
me hablen con términos médicos y diagnósticos de presunción, que me cuentes
resultados de análisis e informes de otras pruebas antiguas, que usen
palabrería o jerga médica… con educación pero con firmeza les indico que me
cuenten a sus dolencias de manera sencilla y natural.
Muchas veces no saben hacerlo, en
realidad no saben explicar que es lo que les pasa. Hablan sin parar de “fibromialgias” de
“alergias” de “intolerancias”, de “metabolismos”, de “osteoporosis”… palabras y
mas palabras sin ton ni son que no ayudan al médico, si acaso lo confunden. Con
lo fácil que es decir: estoy asustado, me duele esto o aquello, tengo frío o
calor o sueño o cansancio o fiebre o no se lo que me pasa pero no me encuentro
bien… no tengo hambre, tengo mucha sed, he perdido o ganado peso, hago caca
verde o azul, pipí fucsia o añil, tengo tos y esputos, nauseas y vómitos, me
mareo, no puedo respirar hondo, tengo miedo a morirme…
El otro día tuve un paciente
especialmente significativo. Treinta y pocos años y con trabajo de
oficina/ventas. Estrés laboral y personal. Un cuadro clínico farragoso y tortuoso
con visitas previas a muchos especialistas: Cardiólogo, Neurólogo, Digestivo… que
no le encuentran nada significativo pero que le remiten al internista para ver
“si tiene algo raro”… y el pobre hombre no tiene nada raro: solo tiene miedo.
Tiene mucho miedo. Miedo al
futuro, a quedarse sin trabajo, a que fracase su relación con su novia, con sus
padres, con sus compañeros de trabajo, miedo a enfrentarse cada día a una
realidad diferente, a un desequilibrio mínimo que lo puede hacer caer de la
cuerda por la anda desde hace años, miedo a vivir…
Y tiene mil maneras de
expresarlo: sudores, vértigos, mareos, nauseas, falta de sueño, problemas de
digestión, taquicardias, arritmias, dolores de barriga, perdida de peso… ya no
puede más con esta situación, pero debe seguir trabajando y tirando del carro,
y además esta completamente convencido que tiene una enfermedad grave muy rara
y desconocida, probablemente incurable…
Intento explicarle todo esto con
palabras sencillas y corrientes. No atiende a mis argumentos y sigue hablándome
de síndromes extraños y de proteínas anormales, y de enfermedades autoinmunes…
le explico que si que está de verdad enfermo y que podemos curarle, pero cuando
le hablo de Psiquiatras y de Psicólogos me mira como si yo estuviese
completamente loco y de nuevo me ilustra con dos mil teorías médicas sacadas de
Internet. No logro romper una invisible barrera que nos separa.
Estoy a punto de tirar la toalla
y rendirme… pero no. De pronto tengo una idea y le pregunto:
“¿En realidad usted que vienes buscando a mi consulta?”
“Yo quiero que me pida usted tal y tal prueba” me contesta.
“Eso no lo voy a hacer, porque no es necesario…” le contesto, “…pero dime la verdad, ¿Qué buscas yendo
de médico en médico? ¿Qué quieres que te digamos, que te vas a morir? ¿Así se
terminan tus problemas?”
Se queda pensativo y me dice que
cree que “si le pido unas pruebas se
quedará mas tranquilo”.
“Eso es falso, tu no buscas que las pruebas estén normales, tu
necesitas que te encontremos un problema muy grave, algo que te haga
convertirte de una vez en una víctima y poder dejar ya de una vez de sentirte
culpable por tener tantos y tantos síntomas tan desagradables desde hace tanto tiempo y sin que
encontremos nunca nada en los análisis ni en las imágenes…” “Creo que solo
tienes una salida para sentirte bien…” le digo.
“¿Cuál es?” Me pregunta en voz baja.
“La Confianza. Si confías en mi te sentirás bien en pocas semanas. Ni
una sola prueba médica más. Solo Confianza. Absoluta confianza sin pedir nada a
cambio…”
La verdad es que se levantó y se
fue sin decirme nada. No se si volverá.

