Mi primo Arturo es un genio. Y no lo digo metaforicamente. Si yo entrara en su casa y de pronto lo viera salir de una lámpara entre una espiral de humo azul, me quedaría tan tranquilo. Porque, repito: Arturo Pareja-Obregón de los Reyes es un Genio.
El más pequeño de los hijos de mi tio Manolo tuvo al nacer el regalo de los dioses del Arte y la Magia. Heredero de la sangre mágica de Los Reyes de su madre Carmen y de El Arte de su padre Manuel. Mamó lo que tenía que mamar para ser hoy lo que es: músico de cámara de los músicos, artista de los artistas, compositor de melodías transgresoras e irrepetibles, voz de voces en amalgama de soniquetes flamencos, de llantos de gospel, de fraseo de jazz, de tristeza de blues, de románticas baladas, de delicados valses, de lo que a Arturo le de la real gana pues como os digo: Arturo es un Genio.
Nacido el 9 de julio de 1964 en una Sevilla que se desempolvaba de muchos años de silencios, mi primo creció escuchando un piano soberbio por ritmos flamencos y cantes de ida y vuelta mientras los mejores artistas flamencos de entonces arrancaban jirones de piel de sus gargantas cantado las sevillanas y fandangos que componía mi tio Manolo.
A los cinco o seis años nos sorprendió a todos arrancandose por fandangos con una voz melodiosa y una entonación sinigual. No era que cantaba bien, sucedía que cantaba como los mismísimos ángeles. Y podía cantar el mismo fandango tres o cuatro veces seguidas, cada vez diferente y cada vez mejor.
Aunque yo soy mayor que Arturo justo nueve años, he tenido la suerte de criarme junto a el. Mi tio Manolo y mi padre fueron inseparables toda su vida. Como eran los pequeños de los hermanos (Joaquin, Juan de Dios, Pilar, Celso y Manolo) siempre anduvieron juntos tanto en Sevilla como en la playa. Desde que se casaron fueron a veranear primero a Cartaya y al poco tiempo a El Rompido. Arturo casi nace allí (por días). En ese mundo idílico crecimos juntos entre fangos, mosquitos, cangrejos y música.
Desde que muy joven me dí cuenta de que mi primo Arturo era un Genio he procurado no separarme de el. Y como un hermano mayor siempre he estado a su lado. He sido testigo de los acontecimientos mas importantes de su vida tanto de los tristes como de los alegres. He sido su confidente y a veces su consejero. Nos hemos corrido juergas, hemos reído y hemos llorado juntos. He de reconocer que los más emotivos y mágicos momentos musicales que he vivido (y he estado con muchos músicos excepcionales) la mayoría han sido junto a mi primo Arturo.
Inolvidables caminos rocieros en familia, acampando junto a una candela con una guitarra como única compañera contra el frío relente y la voz de mi primo cantandole bajito a la Virgen del Rocío hasta darnos cuenta que al poco tiempo estábamos rodeado por decenas de personas que mudas asistían a esa oración continua por sevillanas.
Muchas tardes y noches en Las Carmen de El Rompido, -esa casa donde el piano sonaba gracias a mi tio Manolo de la más flamenca manera que un flamenco soñara- disfrutando tantas horas junto a Arturo escuchando sus ensayos y sus improvisaciones, sus geniales locuras instrumentales, donde a veces lo he visto transfigurarse en pianista de antiguo Cabaret Parisién o en el negro que tocaba en el Café de Rick de Casablanca, o en el mismísimo Arturo Pabón mezclado con Chick Corea, en Rubinstein, Chopin...
Y que decir de la joyas que grabó con Sony siendo solo un chaval, dos discos inmejorables llenos de poesía y de música buena. El doble disco de sevillanas que compuso su padre. El disco de "Sevilla"... En internet y You Tube tiene ustedes toda la información de su extensa discografía.
Hoy Arturo es un músico excepcional, original, libre, a la vez sencillo pero al mismo tiempo lleno de matices indescifrables para los profanos. Un compositor respetado y deseado por los mejores artista y un concertista que si en vez de vivir en El Rompido viviera en Nueva York... pero esa es otra historia...
Porque Arturo es único e irrepetible. Necesita oler la brisa marina rompiera cada mañana y que le de el viento de poniente en las velas de su alma para navegar a gusto. Sigue siendo el marinero de su padre en el viejo cascarón de madera donde tantos días salimos a pescar la corvina. Lleva el olor a estopa y brea, a gasoil y salitre impregnado en sus recuerdos. Sol y Sal. Viento y Mar. Música y Poesía. Piano y Voz.
Hay artistas que están tocados por una varita mágica y que son reconocidos por eso.
La diferencia está en que Arturo es el que toca la varita mágica como y cuando a él le da la real gana.
Y así será.

